En Casa Josephine

En esta ocasión entramos en la casa madrileña de Íñigo y Pablo, fundadores de Casa Josephine. Fotos y texto por Ana Himes


10 diciembre 2013

 

 

Qué gusto da encontrarse con gente interesante, gente culta, gente que lucha incansablemente por lo que ama; y oye, ¡qué gusto da también encontrarse con personas con tan buen gusto!
Hace poco tuve la ocasión de conocer la casa madrileña en la que Íñigo y Pablo (fundadores de Casa Josephine) han logrado dibujar un escenario mágico de luces, colores, texturas y estilo para dar y regalar; así que, me puse manos a la obra y les hice unas cuantas preguntas y fotografié todo lo que mis ojos presenciaron. Miento. Primero estuvimos desayunando los tres tran·qui·la·men·te, que los majos de ellos habían dejado la mesa preparada, con un té y unos croissants estupendos.

En los días previos a la publicación de esta entrevista, estuvieron en Francia (uno de sus destinos preferidos), haciendo acopio de objetos, muebles y piezas de todo tipo, para ampliar esa dilatada colección y ponerlo a la venta los próximos 13, 14 y 15 de diciembre. Durante estos días llevarán a cabo un pop-up show en su propia casa, y allí estarán, esperándoos con los brazos y las puertas abiertas, en la Plaza del Alamillo 11, bajo (Madrid). Así que si quieres hacer un regalo a alguien, hacértelo a ti mism@ o simplemente pasar un rato agradable repleto de deleites visuales, ya sabes: ¡agenda las fechas!.

 

 

 

Primero, please, presentaos cada uno.
(Íñigo) Soy Ínigo, la mitad del proyecto Casa Josephine. Soy el decorador y el director artístico, y soy historiador del arte y diseñador por formación. Bueno, y fotógrafo también.
(Pablo) Yo soy el otro 50% de Casa Josephine. Tengo treinta y nueve años. Combino el trabajo en Casa Josephine con mi otra profesión en el campo del turismo, y con colaboraciones como crítico literario que firmo como Pablo Chul, y profesor de escritura creativa.

 

 

¿Dónde se cruzaron las vidas de ambos?
Nos conocimos en la universidad, en Valladolid, estudiando Historia del Arte. Al terminar la carrera, Iñigo vino a Madrid a estudiar Diseño de Moda al IED. Al curso siguiente empezamos a vivir juntos. Somos novios desde hace diecisiete años.

 

¿Cómo y cuándo empezó el proyecto Casa Josephine como tal?
El proyecto Casa Josephine empezó a finales del año 2005. Estábamos en un momento vital extraño porque se nos había frustrado un negocio en el que habíamos puesto mucha ilusión, y no parábamos de pensar en nuestro futuro con esa prisa que entra cuando cumples treinta años. Y en un viaje a Marruecos, en un riad donde nos sentimos particularmente cómodos, empezamos a hablar de lo bonito que sería montar un alojamiento, un hotelito, un bed and breakfast o algo parecido. ¡Y nos lanzamos! Por eso el primer paso del proyecto Casa Josephine fue una casa rural en la Rioja. El nombre de Casa Josephine empezó, como muchas otras cosas en nuestras vidas, medio en broma. La última persona que vivió en la casa se llamaba Josefina, que se convirtió en Josephine después de una buena capa de barniz francés. Sospechamos que en el pueblo ya aseguran recordar que en esa casa vivió una francesa llamada Josephine…
Hemos ido creciendo poco a poco. Un par de años después de abrir la casa rural, algunos clientes empezaron a pedirnos ayuda en proyectos de decoración, y decidimos montar el estudio, que dirige Íñigo (con sede en Madrid) en esta casa/estudio en la que estamos ahora mismo. Y después montamos la tienda online para vender muebles vintage, algo de arte folk y otros objetos que nos gustan… Bufff, y después se nos ocurrió organizar las “pop-up shops”, que consisten básicamente en que dos veces al año nos volvemos locos, transformamos nuestra casa/estudio en una tienda y la abrimos al público durante unos días. Y pronto habrá más: un proyecto textil que estamos ultimando.

 

 

Y esa casa de la Rioja del siglo XIX… ¿cómo disteis con ella y cuánto tardasteis en reformarla o decorarla hasta su apertura al público?
Íñigo es de allí, pero elegimos la Rioja pensando en el negocio porque es una región con muchísimo tirón. Cogimos el coche y durante un verano peinamos el mapa literalmente, sin dejar ni un pueblo ni una casa ni un solar ni una ruina cochambrosa sin ver, y al final nos dimos cuenta de que la casa que más nos gustaba era una casa en ruinas que había heredado la abuela de Íñigo, en Sorzano. Se la compramos y empezamos la restauración con mucha ingenuidad, pensando que tardaríamos tres o cuatro meses y que podríamos dirigirlo todo desde Madrid, por control remoto… y, bueno, en fin, en cosa de horas nos dimos cuenta de que aquello no iba a ser exactamente como habíamos imaginado. Nos trasladamos a Logroño y estuvimos año y medio trabajando sin descansar ni un día, metidos hasta el cuello, invadiendo a la madre de Íñigo, que acababa de rehacer su vida con un novio. Y nosotros allí, molestando… Menos retejar, fontanería y electricidad, nosotros hicimos todo, desde desescombrar hasta tapizar.

 

Supongo que desde aquella primera idea todo ha evolucionado y derivado en otras muchas cosas y proyectos tangenciales… ¿Soléis dejaros guiar por vuestra intuición, por las ganas de hacer algo o sois de razonar y analizar lo que hacéis?

Nuestro proyecto ha ido creciendo poco a poco en la dirección que desde el principio intuimos, hacia una idea integral de estilo de vida y diseño que tenemos en la cabeza de manera más o menos clara y más o menos confusa. Pero damos pasos seguros, meditamos mucho las decisiones y escuchamos a nuestros amigos antes de hacer nada. Como te dije, de la casa nació el estudio de decoración, del estudio la tienda online, de la tienda online las pop-up shops y los proyectos textiles. Por supuesto, en el futuro, cuando miremos atrás, nos parecerá un plan perfectamente diseñado, pero la realidad es que nos guiamos por intuición y por suerte, por razones y por accidentes.

 

 

Casa Josephine es una casa rural, también organizáis talleres y además tenéis vino propio, ¿verdad? Contadme a qué se debe que hagáis todas estas cosas y qué os aporta cada una.
Es que nos gustan muchas cosas, y queremos hacerlo todo. La casa fue el origen, y la escuela de verano nace porque a Pablo le encanta dar clases y porque tenemos la suerte de tener amigos con talento que se apuntaron a la idea. Silja Goetz en ilustración, Suturno en estampación textil, Carla Berrocal en cómic, y por supuesto La Casita de Wendy en técnicas textiles.
El vino Casa Josephine es una idea que de momento está aparcada porque nos viene grande. Después de beber bastante, encontramos un productor de vino que nos encanta, y durante dos cosechas vendimos vino Casa Josephine, pero no es nuestro sector y no podemos complicarnos con etiquetado a gran escala, almacenaje, distribución, etcétera. Así que de momento no hay vino, jajaja.

 

 

Aparte de Francia, ¿qué otros países (o ciudades) os inspiran?
Siempre estamos planeando el siguiente viaje a Italia, y de allí nos gusta casi todo. No hay sitio como el Mediterráneo, la verdad: el mar, la piedra y el pino. Marruecos, Turquía, los países árabes, Egipto, México… A Francia vamos mucho por trabajo: a París por lo menos dos veces al año con la madre de Íñigo, y al sur siempre que podemos, tres o cuatro escapadas al año para comprar, porque nos pilla muy cerca de la Rioja. Y la India, por supuesto: tenemos amigos muy queridos allí que aman el textil tanto como nosotros y con los que nos sentimos muy a gusto.

 

¿Alquiláis o habéis pensado en la posibilidad de alquilar vuestro mobiliario para series, anuncios, etc.?
No, hasta ahora no lo hemos hecho nunca.

 

¿Si tuviese que hacerse una película en vuestra casa (madrileña o riojana), qué director os gustaría que la dirigiese?
Pablo: Según el día, nuestra vida parece dirigida por Judd Apatow, por Bergman, por Tarkovski o por los Astrud, así que el único director que podría dirigir ese batiburrillo sería Buñuel. Pero en serio, en la casa de la Rioja elegiríamos a Godard con todo el equipo de “El Desprecio”, al volver de Capri, y para la casa de Madrid a Hitchcock, sin duda.

 

Pregunta obligada: Quiénes son vuestras referencias de diseño, arquitectura y demás?
La manera de trabajar del grupo Arts and Crafts, la Bauhaus. Wright, la casa tradicional japonesa, las casas decoradas sin intención, la arquitectura utópica, la casa de Monet en Giverny, las casas de artistas, etc. Pero luego están los gustos personales de cada uno de los dos, que no son necesariamente referencias decorativas. A Íñigo le gusta mucho la estampa japonesa de Hokusai e Hiroshige y el arte naïf de Rousseau, y a Pablo el rococó y los mosaicos.

 

¿Qué pieza os habéis quedado con la cosa de adquirir y que no hayáis podido hacerlo por su precio o por cualquier otra razón?
Pues hace mucho tiempo, cuando llevábamos unos años viviendo en Madrid y ni siquiera existía la idea de Casa Josephine, vimos un oso de alabastro en el escaparate de un anticuario en la calle Cervantes. Lo vimos por la noche, iluminado en el escaparate, y los dos soñamos con comprarlo como regalo para el otro. Era maravilloso, seguramente tanto como lo es en el recuerdo de aquellos años, pero era demasiado caro.
De todas maneras, sucede una cosa curiosa con la relación que cada uno tiene con el dinero, y con cómo reaccionamos a los objetos que están por encima de nuestras posibilidades. A Pablo le dejan de interesar las cosas cuando son inasequibles, e Iñigo vive con la sensación constante de que aún no ha llegado el momento de darse un capricho, sin saber nunca cuál es el estado real de las cuentas del negocio ni tener tarjeta de crédito ni acceso a banca online ni nada que se le parezca.

 

 

 

Pablo: Dado que te dedicas a la crítica cultural y literaria, ¿podrías recomendarme tres libros?
Te voy a recomendar diez que he leído con placer y asombro. “El retrato de una dama”, de Henry James; “Vida”, de Benvenuto Cellini; “Las novelas de Torquemada”, de Galdós; “Los excluidos”, de Elfriede Jelinek; “The sweet dove died”, de Barbara Pym; “La religiosa”, de Diderot; “Eva Trout”, de Elizabeth Bowen; “El revés de la trama”, de Graham Greene; “La marcha Radetzky”, de Joseph Roth; y “El asiento del conductor”, de Muriel Spark. Creo que todos son maravillosos, cada uno por sus razones.

 

Íñigo: Dado que tú también haces collages… ¿podrías decirme qué tres artistas contemporáneos admiras (de cualquier disciplina)?
Los artistas libres por encima de todo. Me interesa mucho el arte marginal (Tichy, James Castle, Darger) y el arte folk. Me gusta Luigi Ghirri como fotógrafo por su lirismo. Y amo el cine de Visconti, Rossellini,y también me inspiran mucho algunos westerns.

 

¿Qué música suena en Casa Josephine?
Ahora mismo está sonando Franco Battiato, pero normalmente suena casi cualquier cosa menos jazz o flamenco. Si llamas a la puerta en cualquier momento, estará sonando country, música italiana y francesa, música de los ochenta, Je t’aime moi non plus, If you could read my mind, de Gordon Lightfoot, You were always on my mind, Cyndi Lauper o cualquier otra cosa. Pero también hay música que cada uno de nosotros escucha en solitario porque el otro la detesta. Hemos pactado que Íñigo sólo puede poner a Serrat si no está Pablo, y Pablo hace lo mismo con Björk.

 

Sois mucho de viajar, de ver los muebles y los objetos en directo, en busca de pequeñas joyas, pero, ¿compráis también por internet?
Compramos ropa y libros por internet, pero las pequeñas joyas…¡las vendemos!

 

¿Cuál creéis que es el secreto de Casa Josephine?
No tiene secreto. La razón que explica que Casa Josephine crezca como proyecto es que hacemos las cosas con cuidado y con amor y que nos apoyamos el uno al otro. Pero si nuestra casa, nuestras cosas o nuestros proyectos de decoración gustan es por la dirección de Iñigo en lo artístico. El gusto es un asunto muy sutil, y a la hora de la verdad lo que decide si algo funciona o no es el criterio, sin más.

 

Adentrémonos en el mundo hogar. ¿Cuánto tiempo lleváis en esta casa?
Pues año y medio. Todos los objetos eran nuestros y bueno, nosotros vivíamos en Antón Martín. Estuvimos allí 13 años y bueno, pensamos en mudarnos. Un día iba por la calle y de repente vi un cartel que ponía que se alquilaba una casa, llamé y bueno, no nos gustó pero ésta fue la segunda que visitamos y fue entrar y le dijimos a la chica que nos la enseñó “Ay… que nos está gustando mucho-mucho…”. Y bueno, pues nos cambiamos de casa. Echamos de menos la vida de barrio auténtico que tiene esa zona, ya sabes, eso del panadero de toda la vida, el zapatero, los oficios de siempre, tomarnos el vermut, el sitio de la sidra con el cabrales y demás, pero esta casa nos gusta mucho más.

 

¿Todo lo que hay es “made in Casa Josephine”?
Todo todo no. El mueble grande del salón y la butaca de piel de la entrada son de Bazar, en la Plaza de la Paja; pero el resto sí, son todos de Casa Josephine Shop.

 

Hay muchas fotos colgadas y también apoyadas en la pared. ¿De quién son?
(Íñigo) Muchas de las fotos son del trabajo “Woodland”, que es el trabajo de diapositivas. Hago dos series limitada en función del tamaño. Lo que hago son fotografías en analógico (diapositivas) y luego junto las dos diapos en el carro, lo proyecto sobre una sábana y fotografío digitalmente la proyección.

 

 

¿Dónde habéis ido adquiriendo el mobiliario?
Nosotros vamos mucho a Francia a comprar, a ferias y también a patearnos las tiendas. El tema de brocantes en Francia está muy extendido y nos metemos por muchos lados en busca de cosas interesantes; además los domingos hay muchos mercadillos y las cosas mucho mejores que aquí porque ellos han tenido un pasado rico. Había mucha burguesía rica con muchos objetos y además allí además de tenerlo, lo conservaban muy bien.

 

 

Este busto me encanta. Nos llamaron una vez para ir a una casa de una señora que la habían llevado a
una residencia y para conseguir dinero para pagarlo hicieron una especie de subasta con objetos y lotes de su casa. Éste lo tenía puesto en la entrada, ahí como apartado, con un montón de papeles y lo vi y me fascinó. Además es que yo después ya incluso me imaginé la historia, como que fuese la propia señora de niña… y no sé, me gusta muchísimo.

 

 

¡Hay una brutalidad de libros!
Jajaaa, sí. Son prácticamente todos de Pablo. Ama la lectura con todas sus fuerzas y se dedica a hacer crítica literaria así que mínimo un 90% de todos los que ves en las estanterías, se los ha leído. En la última mudanza hemos empezado a pensar seriamente en pasarnos la formato digital, como hemos hecho con la música, pero todavía esto no ha sucedido.

 

Pero también hay muchos de arte y foto…
(Íñigo) Sí, los de fotografía son míos… Me encantan. De hecho, mira, esta es una foto de Ramón Masats que me regalaron unas amigas en un cumpleaños, es una de esas reproducciones limitadas que venden en La Fabrica y que me gusta mucho.

Estos dos cuadros son los abuelos de Pablo, unas siluetas. Deben de ser de los años 40 y la madre de Pablo se los dio cuando su abuela murió y vaciaron la casa, hace poco. Es la última generación de personas que dejan tras de sí una huella únicamente analógica y física, hecha de fotos y cartas. Porque… cuando muramos, ¿qué harán nuestros nietos con todo el historial de polución digital que generamos a diario? Probablemente Ctrl+Z.

 

 

¿Le dais mucha importancia al enmarcado, no?
Todo lo enmarcamos en Alcores, en Torrecilla del Leal, son muy profesionales.

 


 

Tenéis muchas piedras en las baldas, ¿por qué es?
Pues porque nos gustan mucho. Siempre que vamos a algún sitio intentamos traer una piedra, y últimamente intentamos documentar dónde las hemos cogido para acordarnos.

 


 

Vayamos a la habitación e id contándome cosillas por favor.
(Íñigo) El conejo blanco era de mi madre y la colcha es de la abuela de Pablo. Y, como una especie de herencia en vida de Pablo, tenemos algunos grabados: un chillida, un Pérez Villalta, dos Saura, y un Gordillo y alguno más que no están en esta casa. Los padres de Pablos en los 80’s se juntaron un grupo de promoción de obra gráfica de artistas españoles, y cada cierto tiempo ingresaban dinero en un fondo, a cambio del cual les daban obra artística. Era una especie de mecenazgo por suscripción. Ahora sería crowdfunding. O poner bote, vamos.

 

 

 

¿Y todas esas revistas de encima del armario?
Pues muchos son Vogues antiguos de los 80 de mi madre y hay otros muchos que son míos y los hemos ido colocando juntos.
También hay por ahí un retrato que tiene una historia anecdótica… Estábamos una vez en un café y había un señor en la mesa de enfrente, con su cerveza al lado, como pintando. Al rato vino ahí como súper loco y emocionado y me dio esta lámina porque había hecho un retrato de mí.

 


 

¿El cuadro que hay a la entrada de la cocina?
Pues una especie de pintura-mapa de Chamonix, y es muy bonito, porque tiene las pruebas de color en uno de los bordes. También viene de Francia.
El mueble de la alacena lo cogimos de la basura. Tenía cuatro puertas pero como era un poco ataúd, se las quitamos con ellas hicimos las propias baldas. Y la bajilla que hay dentro pues es en gran parte de Marruecos (hemos ido bastantes veces allí), y hemos ido comprando poco a poco las piezas. También hay platos que son de aquí, o incluso alguno de Ikea.

 

 

¿Y qué hay de las telas? ¡Porque tenéis unas cuantas!
(Pablo) Las telas son de todos los sitios, Iñigo lleva bastante tiempo haciendo piezas de patchwork geométrico, sin patrón y sin dirección, inspiradas en la técnica tradicional de “almazuelas”, que es nombre que recibe el patchwork en la Rioja. En Sorzano vive la mayor experta en esta técnica en España, nuestra amiga Lola Barasoain, pero el interés de Íñigo por lo textil viene de antes de montar Casa Josephine, y la técnica no es exactamente la misma. Lo que hace no son colchas ni mantas, o al menos no lo son todavía: son piezas que empiezan por composiciones de texturas y colores, y que crecen orgánicamente. Pero amamos el textil, así que en algún momento haremos algo muy alucinante con todo este trabajo, seguro.

 

 

Objeto fetiche de Iñigo:
¡Mi cámara! Si tuviera que rescatar algo de un incendio, sería mi colección de fotos y mi trabajo textil, pero he elegido esta cámara porque soy fotógrafo de corazón. Durante mucho tiempo, antes de que llegara la foto digital, usé una cámara Konica de mi madre, con la que ella había hecho fotografía de rallies de coches en los años setenta. Cuando esa cámara se perdió, empecé a usar esta Pentax, que llegó a manos de mi padre en los ochenta como pago de una deuda. Creo que veo el mundo como fotógrafo.

 

 

Objeto fetiche de Pablo:
He elegido dos objetos, cada uno proveniente de una de las casas de mi vida hasta ahora, cada uno de una de mis dos familias. El caballo de porcelana estaba en la casa de mis padres, en Valladolid, encima de la cómoda de su habitación, a la altura de mis ojos cuando era pequeño, y después un poco más abajo. El cuadro es un retrato de Íñigo que pintó un hombre en un bar hace más de diez años, en una época en la que éramos muy felices y lo sabíamos. En una casa (y una vida) llena de objetos, la elección de estos dos se debe a razones sentimentales.

 

 

Pues esto es todo, que no es poco, chicos. ¡Muchísimas gracias!

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Comentarios:

Añadir comentario
Pilar de Andrés says:

Como siempre, Ana Himes superándose una vez más. Por favor, sigue abriendonos puertas de casas de gente tan interesante. Abrazos.

montse llamas says:

Conocía la casa rural de Casa Josephine, pero no este piso. Las imágenes y la entrevista me han dejado encandilada.

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