En el estudio de Ana Esteve Reig

¿Cómo trabaja un artista? ¿Con qué medios? ¿En qué lugar? Nos hemos propuesto descubrir los estudios  de los artistas madrileños. La artista visual Ana Esteve Reig nos ha abierto las puertas de su estudio, que también es su casa. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa.


28 Diciembre 2016

Ana Esteve Reig se dedica al videoarte y actualmente vive en Lavapiés. Su estudio es su propia habitación: “Somos la generación que ha empezado a trabajar en el contexto de la crisis. Yo nunca he tenido un estudio grande, así que me parece normal trabajar en casa. Son las circunstancias que tenemos muchos artistas y hay que adaptarse y no tener ninguna vergüenza”. Hace tres años que Ana volvió a Madrid, donde estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense, tras un largo periodo viviendo y estudiando en Kassel, Alemania.

 

 

La primera vez que Ana tuvo un estudio fue en Kassel: “En la Kunsthochschule de Kassel, teníamos un estudio dentro de la Universidad y estuve trabajando allí. Cuando dejé de estudiar, en mi piso tenía un cuarto dedicado a ser estudio y trabajaba en casa”. En realidad, al dedicarse al videoarte, necesita un espacio muy básico, tal y como ella explica: “Todo cabe en discos duros; no tengo problemas para enviar mi obra o presentarla a convocatorias, la mando a través de plataformas como Wetransfer o un dvd”.

 

De hecho, Ana tiene una pieza dedicada al estudio en casa, One meter: “Cuando decidí volver de Alemania regresé con dos maletas habiendo vivido allí seis años. Vine con lo mínimo y me fui a casa de mis padres. Entonces no me podía permitir ni alquiler ni estudio, así que me quedé en mi habitación de cuando era adolescente y me tuve que adaptar, ahí surgieron piezas como One meter o Lessons: how to fall down properly?”. Este proceso de adaptación no sólo fue a causa de la vuelta a nuestro país, sino de una escena del arte desconocida hasta ese momento para Esteve: “En Alemania la gente se acercaba a mi obra y tenía buenos feedbacks, a pesar de que yo era muy joven, no tenía galería y acababa de empezar. Al volver a España empecé a conocer gente que quería conocer mi obra y visitar mi estudio, pero al decir que estaba en casa de mis padres noté que perdían interés o tomaban cierta distancia. Tengo la sensación de que en España se le da mucha importancia al hecho de tener galería o estudio, cuando un estudio no es garantía de que el trabajo de un artista sea mejor”.

 

 

Ya en Madrid, y durante un tiempo, Ana compartió estudio por la zona de Ventas con Clara Sánchez Sala y Jimena Kato: “Estuve en el estudio de San Marcelo con Clara y Jimena porque Almudena Lobera se iba fuera por una beca y nos preguntó si nos interesaba su estudio. En ese momento necesitaba un espacio para realizar escenografías. A veces encuentro localizaciones que son ideales, pero otras tengo que construir elementos”. Ana estuvo un pequeño pero fructífero periodo en el estudio de San Marcelo: “Fue una experiencia muy buena, es un espacio enorme para trabajar, pude hacer pruebas con la cámara… Pero por prioridades económicas tuve que dejarlo para poder rodar. Hay algunos rodajes que hago sola, pero hay otros que no y suponen una gran inversión”.

 

De nuevo en casa, Ana ha conseguido encontrar el equilibrio perfecto entre lo doméstico y lo laboral: “Comparto piso con dos artistas más, Arantxa Boyero y Benito Alcón López Y no hay problemas porque trabajo con material digital, me paso las horas en el ordenador”. ¿Qué es lo que más echa de menos de tener estudio?: “Cuando estaba en el estudio San Marcelo, iba, trabajaba el tiempo que tenía que trabajar, llegaba a casa y desconectaba y es cierto que aquí he tenido que aprender a desconectar, me he prohibido trabajar por la noche”.

 

 

Una de las principales influencias en la obra de Ana es la cultura popular, desde la televisión a las tribus urbanas, pasando por las redes sociales. Al vivir con artistas le preguntamos si nota que la obra de sus compañeros de piso influye en su obra: “Al volver a España no he encontrado muchos artistas que trabajen el video como yo lo hago y eso me ha dado pena y a la vez mucha independencia. He terminado encontrado apoyo e influencia, en gente del cine, en mis compañeros de piso o en amigas artistas como Cristina Garrido e Irene de Andrés, a pesar de la diferencia de estilos”.

 

Sobre si volvería a tener estudio, parece que la artista se lo toma con calma: “Si pudiera, quizás buscaría un espacio en Lavapiés, pero también reconozco que estoy muy a gusto trabajando en casa. Una persona que trabaje con pintura, o que necesite un plató u otras necesidades técnicas, podría entender que necesitara un estudio, pero en mi caso, a la hora de rodar busco localizaciones y decido invertir en los rodajes, la escenografía o el alquiler de equipo en lugar de en un estudio”.

 

 

En un ambiente relajado que mezcla la intimidad de su habitación y lo público de su estudio, Ana nos habla de su último trabajo, “El Oráculo” que podremos ver en la XXVII edición de Circuitos de las Artes Plásticas de la Comunidad de Madrid, el próximo 24 de enero: “Tras leer mucho sobre cómo los griegos y los romanos consultaban con el oráculo en los tiempos de crisis, quise cuestionar en esta obra si tenemos el poder de predecir y decidir nuestra propia historia. Me planteé hacer un oráculo y ver qué influencia podía tener sobre nosotros. Los principales referentes para desarrollar este trabajo han sido el trabajo de Bifo Berardi y Federico Campagna y sus teorías sobre el trabajo y el futuro del trabajo en la humanidad”. Ana creó una plataforma web a través de la cual recibir preguntas. Después seleccionó las cuestiones más interesantes y se las planteó a su propio oráculo: “Federico Campagna, Fina Reig, mi madre, y Angélica Gil Anquela, una joven ex compañera de trabajo. Personalidades distintas, diferentes edades y pensamientos”. De esas preguntas y respuestas, Ana extrajo un guion para rodar: “El oráculo está encarnado por tres monos, interpretados por tres actores: Elena Mora Sanroma, Claudia de Santiago y Pablo Durango. Los monos me parecieron la forma más ridícula y absurda de representarnos, además de que van disfrazados y dejo deliberadamente que se noten los disfraces, mientras simulan cómo podríamos haber sido. La referencia para esto fue la ficción, 2001: Una odisea en el espacio.

 

Dejamos a Ana en su habitación y estudio, con la buena noticia de que comenzará a impartir clases de videocreación en la Universidad Antonio de Nebrija. También nos adelanta que ya está empezando a desarrollar una nueva obra, mientras que trabaja en algunos encargos y confiesa: “Algo que me gusta de trabajar en casa es que el poco tiempo que tengo lo puedo aprovechar mejor que si tuviera que ir a un estudio”.

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