En el estudio de Cinta Arribas

La ilustradora Cinta Arribas desarrolla su actividad artística en su propia casa, aunque a menudo combina este entorno íntimo con temporadas en estudios compartidos con otros artistas, una fórmula que le permite tener lo mejor de los dos ambientes. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa.


21 diciembre 2017

El sol de diciembre baña las paredes de los edificios del barrio de San Diego, en el distrito del Puente de Vallecas. El trasiego de los alrededores de la boca de metro contrasta con la quietud de las calles que se adentran en el vecindario. Bares, iglesias, bloques de pisos nuevos y edificios bajos, con castiza solera, se van alternando aleatoriamente hasta que llegamos al estudio de la ilustradora Cinta Arribas.

 

Cinta trabaja en el salón de su casa, un tranquilo y soleado piso en Puente de Vallecas. Licenciada en Bellas Artes, el primer estudio de Cinta también fue la casa donde entonces vivía: “Trabajaba en Galicia, en un estudio de diseño gráfico y editorial, pero cada vez recibía más encargos de ilustración, así que, después de cinco años, decidí dejar el trabajo y establecerme por mi cuenta para ilustrar. Ahí me di cuenta de que necesitaba un espacio. Mi primer estudio era la casa donde estaba viviendo, en Santiago de Compostela. Después, me uní a un grupo de gente que hacía pintura y escultura para compartir un estudio allí”.

 

 

Arribas trabaja sola, pero le gusta compartir estudios con más gente por temporadas: “Siempre he estado combinando trabajar en casa y compartir estudio, porque echo de menos ese ambiente de la facultad de Bellas Artes de estar en contacto con gente, hablar de lo que estás haciendo, poder enseñar a amigos y compañeros tus proyectos y obtener un feedback… De vez en cuando necesito esto”. Su estancia en Kassel, Alemania, durante la carrera marcó esa forma de relacionarse con el espacio de trabajo y los compañeros: “Mi estudio estaba en la facultad de Bellas Artes de Kassel. Era un estudio compartido con otros artistas y nosotros teníamos la llave de nuestra clase, con acceso libre los siete días de la semana, cocina, baños… en un espacio enorme. Pasábamos una serie de entrevistas con distintos profesores cercanos a tu proyecto y ellos te proponían un grupo de personas con las que compartir el espacio, con las que podías tener afinidades; yo estuve con artistas feministas. Además, teníamos a nuestra disposición técnicos de taller, por ejemplo, si queríamos hacer algo con madera o metal, nos ayudaban”.

 

En Madrid, Cinta ha pasado por dos espacios distintos: “Después de estar en el estudio de Santiago, vine a Madrid junto con María Ramos porque queríamos hacer algo juntas, estuvimos en un espacio en Chueca, un piso con muchas habitaciones, en el que estábamos nosotras, unos fotógrafos de una revista, Pakoto, Jose Ja Ja Ja y la gente de Nuevo Sitio. Tras estar allí un tiempo, volví a casa. Cuando tuve de nuevo la necesidad de estar en un estudio, me fui a Sierpe. Allí llegó un momento en el que me di cuenta de que no aprovechaba todo lo que quería el estudio, no sé bien por qué, quizás por tener que desplazarme… Noté que no iba tanto como para mantener mi puesto en el estudio, así que lo dejé y seguí en casa”.

 

 

Y es que el hogar proporciona a Cinta una serie de comodidades que un estudio compartido no suele ofrecer: “En casa me concentro mucho mejor. Disfruto de la soledad. Hay veces que necesito estar en silencio total y cualquier otro ruido o música me molestan. Tampoco soy muy metódica, ni tengo unos horarios definidos, por lo que en casa me es más fácil organizarme”, explica Cinta, aunque trabajar en casa tiene sus contras: “Lo malo es que a veces te puedes entretener con una mosca [risas] y las tareas domésticas te quitan tiempo sin que te des cuenta. Por otra parte, me obligo a mí misma a salir. Es un tema con el que tenemos que lidiar los que trabajamos en nuestro propio hogar. Ha habido temporadas que he estado muy agobiada, con mucho volumen de trabajo, y me he obligado a salir de casa una vez al día”.

 

La artista reconoce que tener estudio es muy útil, tanto para salir de casa, como para adquirir rutinas: “Por eso voy alternando, lo que pasa es que no siempre te puedes permitir un estudio y una casa. Ahora me apetece compartir de nuevo, ya hace alrededor de un año que me fui de Sierpe (aunque sigo colaborando con ellos). Me gustaría encontrar un espacio con otros artistas por esta zona”. Antes de pasar por el estudio Sierpe, Cinta estuvo buscando estudios para compartir en Vallecas, aunque las opciones eran escasas: “No encontré nada, salvo a la gente de Taller Omnívoros, pero sus proyectos no tienen nada que ver conmigo y con lo que hago. Me gustaría que viniera más gente a Vallecas. Un Sierpe aquí sería genial porque, además, podríamos permitirnos un sitio más grande y más barato. Es lo que está pasando en Oporto, por eso la gente se está yendo para allá, y creo que podría pasar aquí”. Arribas reivindica las zonas como Vallecas u Oporto como fuentes de inspiración: “Estoy muy a favor de barrios como Vallecas, creo que ocurren cosas muy interesantes, como la mezcla de culturas que se da aquí, la gente mayor con fuerte conciencia social o el punto de encuentro intercultural que es el mercadillo del Pozo del Tío Raimundo… Cosas así me atraen mucho más que lo que puedo encontrar en un barrio como Malasaña”. Vallecas ha resultado ser una inspiración en sí misma para Cinta: “Tengo ganas de realizar una serie sobre personajes del barrio que voy descubriendo en mi día a día, desde las cafeterías míticas y sus camareros, a los vecinos o la gente que te cruzas por la calle”. Sobre la controversia de los artistas como agentes gentrificadores, Cinta tiene una clara opinión al respecto: “Que se instalen artistas es algo bueno para el barrio y no creo que sea un elemento gentrificador”.

 

 

A pesar de trabajar en casa, Cinta no pierde el contacto con otros artistas: “En Madrid hay una buena comunidad de ilustradores y solemos coincidir en expos y eventos, ahí te pones al día de lo que hace cada uno y si estás dándole vueltas a algún trabajo, surge de manera natural comentarlo con ellos”. Pero no siempre ha de esperar a uno de estos encuentros sociales, internet facilita la comunicación y el debate con otros compañeros: “Cuando realmente necesito que alguien me dé opinión, o estoy muy bloqueada con algo, suelo enviárselo a amigos ilustradores para que me den consejos que pueden ir desde algo muy básico como un color de fondo, hasta planteamientos de personajes para un cuento. Aunque luego vaya a visitar a mis amigos a sus estudios o sus casas, no me llevo trabajo, voy a verlos y a charlar con ellos, los temas de trabajo los dejo en casa”. Pero estas mismas redes que sirven como comunicación, pueden actuar como canales de influencias y modas: “Todos, queramos o no, estamos bombardeados por imágenes de internet. Seguimos en redes sociales ilustradores, diseñadores o pintores que nos gustan y sus trabajos nos influyen, sin embargo, hay que tener cuidado con las modas y no dejarte guiar por ellas, porque si no tu propuesta deja de tener interés y de ser original. Hay que ir más allá siempre y si te interesa un tema, investigarlo, irte a museos, bibliotecas… Hay pintores que me sigue gustando revisitar, como Matisse o Picasso. Si tengo que buscar una referencia, voy a mirar este tipo de artistas más que lo que pueda encontrar en las redes”.

 

Recientemente Cinta ha realizado su primera residencia artística en Valladolid, junto a cuatro artistas más. La experiencia ha resultado ser muy constructiva para la artista: “La conexión con los otros artistas fue fantástica y se creó un ambiente de trabajo muy productivo. Me ha influido muy positivamente porque cuando ves a alguien que está trabajando con constancia a tu lado, aunque sea un proyecto muy diferente al tuyo, te anima a trabajar a ti también y a esforzarte más, tomas ideas e inspiración”. A raíz de esta vivencia la artista se plantea continuar explorando este formato: “Es la primera residencia que hago y me gustaría hacer otras. El hecho de salir de tu casa y de tu espacio -esa ‘incomodidad’- supone un nuevo reto que te activa de otra forma”.

 

 

Cinta nos desvela algunos de los proyectos en los que trabajará el próximo año: “Estoy desarrollando un proyecto de collage e ilustración que se llama ‘La medida de las cosas’: ¿qué pasaría con objetos o cosas si les cambiásemos la escala? Por ejemplo, un tronco de brócoli si lo ampliamos se convierte en un bosque, o unos cubitos de hielo, si les cambiamos la escala pueden ser el hogar de unos animales… Son juegos visuales para niños o adultos. Acabo de comenzar y quiero trabajar más en este proyecto.

 

También estoy trabajando en las ilustraciones para la Agencia Sinc, estoy realizando una colaboración para un fanzine, un cartel para la Fonoteca, un logotipo para un grupo de debate… Y el año que viene se publica en Estados Unidos ‘I hate everyone’, un libro de Naomi Danis que he ilustrado. Siempre procuro sacar tiempo para proyectos personales como ‘La medida de las cosas’, y ahora tengo ganas de realizar un libro relacionado con la música flamenca, en general me gusta mucho trabajar en proyectos que unan música e ilustración”.

 

Tras disfrutar de la calma del estudio de Cinta volvemos a las calles de Vallecas, que ahora miramos con otros ojos, escudriñando a esos personajes que nos vamos cruzando y que pronto formarán parte de las ilustraciones de Cinta Arribas.

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