En el estudio de María Gimeno

Visitamos el estudio de la artista plástica María Gimeno, situado en una tranquila zona de La Latina, en un edificio histórico que también fue habitado por otra artista en el siglo XVII. María nos cuenta qué significa su estudio para ella y nos presenta su último trabajo, “Queridas Viejas”, en el que recupera a las artistas silenciadas durante siglos por una Historia del Arte machista. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa.


26 abril 2017

En el castizo barrio de La Latina, un tanto apartado del bullicio, encontramos el estudio de María Gimeno. En el silencio del Seminario, la Facultad de Teología y la Basílica de San Francisco el Grande, la artista encuentra el ambiente relajado que necesita para desarrollar su trabajo.

 

María tuvo estudio bastante pronto:“Mi primer estudio fue en el sótano de casa de mi madre. Hasta ese momento estaba pintando en mi habitación y era horrible porque pintaba con óleo y los olores eran muy fuertes”. Después de ese primer estudio, María ha pasado por otros dos espacios, hasta llegar a este lugar, un bajo que además forma parte de su vivienda. Para Gimeno su estudio significa mucho más que un espacio para trabajar, es un lugar donde se siente libre y fuerte, y es consciente de ello: “Es mi espacio; mío-mío. Muchas veces estoy aquí sin hacer nada. Es un lugar seguro, me siento muy a gusto. Me encanta”.

 

El espacio de trabajo de María destila, en efecto, un halo de intimidad que parece estremecerse por nuestra presencia, cosa que conecta con algunas obras de Gimeno, en las que podemos encontrar un punto introspectivo que la propia artista reconoce: “Durante muchos años he trabajado desde una perspectiva muy personal y utilizaba mi trabajo como una vía de autoconocimiento. Ahora soy mucho más activa en mi trabajo y dejé de ser el punto de partida de mis piezas, creo que tuvo mucho que ver el hecho de tener hijos y la reordenación de mis prioridades”.

 

 

Aunque María lleva trabajando en estudio desde hace mucho tiempo y forma parte de su quehacer artístico – “no me puedo imaginar no haber tenido estudio, tuve suerte de instalarme en el sótano de mi madre”, confiesa -, jamás ha compartido su espacio de trabajo con otros artistas: “Nunca he compartido estudio aunque cuando lo he hecho, en una residencia o un taller, me ha gustado bastante la experiencia. Sin embargo, no me veo trabajando en el mismo estudio con otra persona después de llevar tantos años sola, creo que me distraería bastante; seguro que me pondría a hablar y no trabajaría”.

 

Anteriormente hemos observado cómo pueden llegar a influirse mutuamente los artistas al compartir los espacios de trabajo, formando, incluso, colectivos y produciendo obra conjunta. En el caso de María, al trabajar a solas, le preguntamos si recibe influencias de otros artistas: “En 2009 tuve la suerte de asistir a un taller con Jannis Kounellis. Allí encontré unos compañeros y compañeras increíbles, con los que mantengo el contacto; de hecho, hemos realizado colaboraciones, exposiciones, talleres, residencias… Cada dos años, aproximadamente, nos reunimos y refrescamos todo lo que experimentamos entonces. Como dice Octavio Paz en ‘El laberinto de la soledad’, Quien ha visto la esperanza, no la olvida, y en aquel taller vimos la esperanza”.

 

Entre las obras de Gimeno encontramos performance y videoperformance, así que le preguntamos si utiliza el estudio para ensayar o preparar estas acciones: “Empecé a hacer performance porque quería accionar las piezas, que ocurriese algo con mi actividad física. No suelo ensayar, porque la performance contrasta mucho con el resto de mi trabajo, que es más lento, además la relación con el espectador se produce sólo durante ese instante y es muy potente”.

 

 

María no es la primera artista que acogen las paredes de su estudio, ya que hace poco descubrió que la escultora barroca Luisa Roldán, apodada La Roldana, vivió y trabajó allí también: “Me llamaron del Departamento de la Recuperación Histórica del Ayuntamiento y me dijeron que habían averiguado que este edificio formaba parte de las casas del palacio del Duque del Infantado, mecenas de la escultora, y que aquí vivió y murió la Roldana. Llamaban para preguntar si podían poner la placa conmemorativa en la fachada. ¡Me quedé lívida! Me hizo muchísima ilusión… Este espacio tiene algo especial, por lo visto, durante la Guerra Civil venían aquí a bailar para olvidarse un poco de las penurias”.

 

Y es cierto que se percibe una extraña – y calmada – energía pero, para lugar especial, la ventana que ilumina el estudio de María Gimeno, frente a la cual se suelen parar los transeúntes sin razón aparente. La artista comenzó a fotografiar a estas personas que posaban involuntariamente: “Todo vino por una exposición que estaba preparando para la que quise trabajar exclusivamente en mi espacio doméstico y presentar en la muestra el resultado de lo que se generara en mi vivienda. Y como estaba en casa todo el tiempo, comencé a realizar una serie de piezas sobre lo que pasaba fuera, así que empecé a hacer fotos a la gente que se paraba frente a mi ventana y luego los dibujaba a lápiz. Al final dibujé la ventana a tamaño natural y fui a una escuela de circo para que me enseñaran a saltar de cabeza, aterrizando con una voltereta. En la exposición hice una acción en la que atravesé, literalmente, la ventana que había dibujado con la técnica que había aprendido en el circo.

 

En este momento, aunque no se plantea dejar de utilizar el estudio, María se cuestiona si necesita todo ese espacio a raíz del proyecto “Every day an artist”: “El estudio es importante pero también es importante ser capaz de trabajar fuera de él. ‘Every day an artist’ fue un trabajo que hice durante 365 días y me invitó a trabajar en cualquier sitio, ya que cada día tenía que dibujar un autorretrato y lo tenía que hacer en cualquier sitio allá donde estuviera: un avión, un ferry, un hotel…”

 

 

De hecho, el último trabajo de María Gimeno, “Queridas Viejas” también se ha desarrollado en un espacio reducido. Será presentado el próximo 11 de mayo, a las 19:00, en La Trasera de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, y gira en torno a las artistas que han sido silenciadas por una historia del arte machista y patriarcal: “’Queridas Viejas’ es un proyecto que surgió cuando me ofrecieron dar una serie de charlas. Ocurrió precisamente después de haber leído ‘Old Mistresses‘, de Griselda Pollock y Rozsika Parker, y descubrir la cantidad de mujeres artistas que hay, de las que yo no tenía ni idea”. Para descubrir este universo femenino oculto en la Historia del Arte, Gimeno pensó en utilizar como guía el clásico manual de Ernst Gombrich, publicación de culto para los historiadores del arte: “Era el libro con el que yo había estudiado Historia del Arte, como casi todo el mundo. No incluye ni una sola mujer artista y en su día no me di cuenta de esto, pero claro, ¿cómo íbamos a pensar que había mujeres artistas, si no existía información al respecto?”.

 

De momento, Gimeno ya ha incluido más de 50 artistas en el manual de Gombrich y las ha colocado cronológicamente entre sus páginas. Lo ha hecho con un cuchillo, rajando el libro, creando una brecha real -pero también muy simbólica- en la que posiciona a artistas como Agnes Martin o Louise Bourgeois. “Comencé a incluir artistas desde el siglo X, porque antes no hay nada documentado con seguridad. Tampoco me voy a adentrar de lleno en el siglo XX (el manual abarca hasta 1950), porque no quiero que la conferencia sea excesivamente larga”. Parece que María nos va a sorprender en su conferencia del 11 de mayo, donde estará presentando a las artistas que ha estado investigando: “Me apetece mucho la conferencia, pero también la parte visual de la acción”.

 

 

La investigación para “Queridas Viejas” ha asombrado a María: “Estoy descubriendo muchas artistas increíbles, la investigación está siendo muy enriquecedora, no sabía que me iba a apasionar tanto”. Gimeno ha creado un método de investigación, al margen de los manuales académicos: “Suelo leer libros feministas y voy contrastando opiniones, para ver qué artistas se mencionan más. Por otra parte, hay una serie de blogs llevados por mujeres que están permanentemente buscando mujeres olvidadas, sean del ámbito que sean”.

 

Respecto al título del trabajo, “Queridas Viejas”, se trata de un juego de palabras entre “Old Masters”, Grandes Maestros en inglés, y el título del libro de Griselda Pollock y Rozsika Parker, “Old Mistresses”, “pero mistress significa amante, querida. Por eso cuando tecleas old mistresses en Google la traducción automática es ‘queridas viejas’ [rie]”.

 

Dejamos a María inmersa en su investigación para “Queridas Viejas”, en el recogimiento de su estudio, mientras marchamos en silencio, como contagiadas de la energía del lugar, y pensando en todas las artistas que desconocemos.

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