En el estudio de Micol Talso

La directora de arte, diseñadora y fotógrafa Micol Talso habla sobre sus lugares de trabajo y sus procesos creativos. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa.


07 agosto 2018

El sol de una calurosa mañana de verano se abre paso entre los edificios limítrofes del distrito de Chamberí con el de Moncloa. La boca de metro de la estación de Argüelles es un hervidero de gente que llega, se va o ha quedado. Nos adentramos en el barrio de Gaztambide y una sensación de tranquilidad va inundando nuestro paseo según avanzamos. Pequeños comercios, niños jugando en la calle y estudiantes apurados portando los apuntes del próximo examen comparten un mismo espacio. Una pequeña burbuja de paz muy cerca del centro y de su frenético ritmo, en la que encontramos el estudio de la directora de arte, diseñadora y fotógrafa Micol Talso.

 

 

Micol nos recibe en su vivienda y nos conduce a través de un largo pasillo hacia un luminoso salón presidido por una generosa mesa de madera. “Para trabajar solo necesito una mesa bonita y una luz linda. Y algunos objetos que hagan agradable el lugar”. El estudio para Talso debe combinar estos factores, más otro decisivo: “Que me permita concentrarme por más de cinco minutos seguidos, que es algo difícil para mí, porque tengo falta de concentración”. Micol trabaja en casa, aunque a menudo acude al coworking teta&teta o a alguna cafetería cercana: “Puede que me concentre más en un bar con cincuenta personas que en un estudio minimal y silencioso. No tengo un lugar de trabajo fijo y creo que tiene mucho que ver con mis fases vitales, a veces me apetece mucho trabajar en casa, pero otras quiero escapar y es cuando salgo al coworking, a un bar, o donde sea…”. Esta forma de trabajar, combinando diferentes espacios y ambientes, responde a la flexibilidad que la artista necesita según sus propios ritmos: “Trabajar en casa significa estar cómoda en todos los sentidos: puedes ir en pijama, te haces tu café, no tienes que arreglarte… Pero, al mismo tiempo, implica todo un mundo que normalmente se queda fuera del trabajo: tengo que comprar esto, tengo que ordenar aquello… Y cuando tienes una cabeza fluctuante, ahí está el peligro de distraerte. Cuando pasa esto, es el momento de decir: ‘no’, e irse a trabajar fuera de casa”.

 

 

Hace tres años que la italiana se mudó a Madrid y, aunque le costó un poco adaptarse, ahora está encantada: “Es una ciudad mucho más fácil de vivir que otras, en muchos sentidos, desde la burocracia (que en Italia es mucho peor), la gente relajada y sin prejuicios, el clima, el aire… Lo único que no me termina de convencer es que está un poco más lejos de otras ciudades europeas a las que viajo mucho”. Algo que la artista también echa en falta en la ciudad es más movimiento -interno y externo- en el arte contemporáneo y el diseño: “Poca gente sale de aquí y poca gente viene, pero creo que eso va a cambiar pronto; el arte y el diseño español tienen todas las bases para exportarse”.

 

A pesar de la privilegiada ubicación del estudio de Micol, ella mantiene que la localización del lugar de trabajo es tan importante como lo que se esté produciendo: “Si quieres estar en todos los eventos y conocer a mucha gente, ayuda vivir en el centro, pero soy de la idea de que tu trabajo habla por ti. Yo, por tener hijos y por haber vivido y trabajado en otros continentes, me he perdido muchas cosas, sin embargo, hoy soy lo que soy y hago lo que quiero hacer. Hay momentos en la vida en los que está bien estar cerca de oportunidades, sobre todo cuando estás empezando, pero cuando ya tienes una carrera un poquito encaminada se trata de afinar tu trabajo y hacerlo bien y, bueno, también de tener suerte”. El barrio de Gaztambide conquistó a Micol, no solo por su posición geográfica sino por su gente y su tempo: “Crecí en el centro de Milán y tengo pasión por la vida de barrio; podría estar horas mirando por la ventana, viendo a los vecinos, imaginando la vida de la gente… La centralidad de mi casa es una casualidad; me gusta Argüelles por el contraste tan interesante entre la gente mayor y los estudiantes. Todavía hay muchos pequeños comercios y me encanta recorrerlos, ¡están desapareciendo en el mundo!”.

 

 

En el statement de Talso, en su página web, afirma creer “en el poder de Skype” como herramienta de trabajo: “Me paso el día hablando por Skype, trabajo muchísimo con Italia, Francia… Aunque trabajo sola, nunca siento que lo esté, porque estoy todo el rato hablando con gente”. Micol trabaja actualmente como directora de arte de la publicación y el equipo creativo Toilet Paper, junto a Maurizio Cattelan y Pierpaolo Ferrari: “Maurizio es como mi maestro y a veces nos tiramos horas hablando por Skype sobre un trabajo, igual con Pierpaolo”. De hecho, el proyecto de cartelería de Veranos de la Villa lo comentó con ellos y al verlo, Pierpaolo Ferrari quiso realizar las fotografías. Este proyecto ha sido el primer encargo que Micol ha desarrollado para España: “Me gustó que fueran carteles para colocarse en la calle, porque iban a llegar a todo el mundo. Fue un desafío porque me lo llevé a mi terreno: imágenes sintéticas, evocativas, con muchos colores, mucha saturación… ¡Y ha gustado!”. Para elaborar los carteles, primero Micol realizó un brainstorming sobre unas palabras clave: “Busqué referencias de imágenes que me evocasen esas palabras, pero que tampoco fueran muy evidentes; por ejemplo, para ‘calor’, en lugar de pensar en una playa, pensé en un estor para protegerse del sol. Me gusta partir de objetos y situaciones cotidianas y representarlos como símbolos para ponerlos en valor”.

 

 

Además de Toilet Paper, Micol forma parte, como directora creativa y co-fundadora, del colectivo de freelances de publicidad y diseño Apart-Collective, ubicado en Milán, un proyecto que surgió del rechazo al mundo de las agencias de publicidad: “Odio las oficinas y trabajar en agencias porque son espacios muy deprimentes: silla de oficina, mesa de oficina…” manifiesta Talso quien, a pesar de que ya no está tan involucrada en los trabajos de Apart-Collective como hace un tiempo, sigue estando ligada al proyecto. Por otra parte, también es directora creativa en Freeda, una publicación feminista que ocupa gran parte del tiempo de trabajo de Micol y que le aporta nuevas experiencias: “Al contrario que en Toilet Paper, que es un trabajo para un público muy concreto, en Freeda prima el contenido ante la forma, así que es otro tipo de ejercicio para mí. Sin embargo, yo creo que se puede combinar contenido y forma sin que uno reste importancia a otro y es lo que trato de hacer en este proyecto poco a poco”.

 

 

Micol confiesa que tiene “ganas de hacer mis proyectos fuera de Toilet Paper”, dice mientras nos enseña un fotolibro que realizó al poco tiempo de llegar a Madrid: “Descubrí a este señor que va siempre por la ciudad con una bicicleta con muchas luces. Le seguí durante 24 horas y le hice un reportaje”, explica, “me gustaría retomar mis proyectos de fotografía. Uno de mis sueños era hacer reportajes”, dice mientras sus ojos se iluminan. A continuación, nos cuenta que está trabajando con el equipo de Toilet Paper para la campaña de primavera de MAC Cosmetics de Nueva York, entre otros proyectos, y mientras habla encontramos, de nuevo, ese brillo en su mirada que refleja la pasión por todo lo que hace.

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