En el estudio de Tamara Arroyo

Tamara Arroyo desarrolla sus proyectos en un luminoso estudio en el barrio de San Isidro, Carabanchel, un lugar de investigación y creación, pero también de memoria y sentimientos. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa. 


08 febrero 2019

Es una tarde soleada, seca y fría en el barrio de San Isidro, distrito de Carabanchel. Los últimos rayos de sol nos acompañan en el breve recorrido desde la boca de metro Oporto hasta el estudio de Tamara Arroyo. Entramos en un ancho edificio de gruesas paredes y techos altos que destaca en la pequeña y solitaria calle donde se encuentra. Llegamos al estudio de Tamara Arroyo, donde una luz de tonalidad cálida, típica de las tardes de invierno, baña las paredes del espacio y hace vibrar los colores.

 

Tamara se limpia las manos antes de encender un pequeño calefactor, en torno al cual nos colocamos. Unas piezas de cerámica reposan al fondo del estudio, aún húmedas.

 

 

“Estuve trabajando en una casa-estudio durante doce años y, aunque después de ese pasé por otros, fueron sus ventanales los que se pudieron ver en la exposición Casa- Estudio-Calle-Barrio, que comisarió Virginia Torrente en CentroCentro en 2016”, comienza a explicar Tamara, “era una manera de hacer física la idea de habitar los lugares, incluidos los de trabajo y estudio”. Esta obra se inserta directamente en las líneas de trabajo de Arroyo, que trabaja con su propia biografía. “El estudio es casi el hogar del artista”, afirma Tamara, “para mí, es un lugar de memoria y sentimientos”.

 

Hace más de un año que la artista llegó a este estudio en el barrio de San Isidro: “Miguel Ángel Tornero me dijo que había visto este sitio en alquiler y que parecía que tenía potencial para ser un estudio”, recuerda Tamara. Pero pasaron varios meses hasta que Arroyo se animó a alquilarlo: “Me decidí por este lugar, sobre todo, por las posibilidades de almacenaje que me ofrecía, ya que necesitaba almacenar mi anterior casa-estudio», cuenta Tamara. “Cuando llegué a este estudio mucha gente me propuso compartirlo, pero decidí estar yo sola, primero para tener almacén y, segundo, porque aquí puedo montar los displays y ver cómo quedan las piezas montadas”.

 

 

Arroyo no se cierra a compartir con otros artistas, siempre que se mantenga un espacio propio: “Me gusta estar a solas para trabajar, pero lo que de verdad me gusta es un término medio, como en la residencia de BilbaoArte, donde cada uno tenía su lugar de trabajo pero estábamos juntos”. Y es que, a pesar de estar en uno de los barrios con más estudios de artistas de Madrid, Tamara se siente algo sola: “Pueden pasar semanas y no ves a nadie, ni quedas con nadie por aquí. Si fuera como una oficina, con un horario fijo, quizás sería más fácil, pero al tener cada uno su rutina, es complicado. No coincido mucho con los demás y me da un poco de pena”. Parece que la ubicación del estudio es algo anecdótico para Tamara y así lo confirma: “Me daría igual tener el estudio en otro sitio, de hecho, he solicitado junto a Marco Godoy uno de los estudios para artistas que ofrecía la Comunidad de Madrid, pero todavía no sabemos cómo será el sitio, si necesitará reforma, dónde estará ubicado… Tendremos que valorar todos estos factores antes de aceptarlo”.

 

 

 

La artista también reconoce que siempre ha buscado ciertos requisitos en un espacio de trabajo: “Nunca he trabajado en un sótano, siempre he buscado sitios que tuvieran luz natural. Cuando me di cuenta de esto, lo materialicé en las series de Ventanales, donde las ventanas funcionan como esculturas”. Arroyo está convencida de que el estudio y sus posibilidades físicas influyen en las obras: “Según las paredes que te rodeen, la arquitectura que habites, hay un cuerpo de trabajo diferente. Te condiciona a ti y, por tanto, el trabajo que vas a desarrollar”.

 

 

Tras pasar doce años en una casa-estudio, preguntamos a Tamara si es algo que echa de menos o que le apetezca volver a tener: “Estuve muy a gusto ese tiempo. Si ahora mismo pudiera, volvería a repetir con ese formato de casa-estudio. Tener el estudio fuera de casa es una experiencia nueva para mí. Por eso, siempre intento tener algo para dibujar en casa”. La artista procura seguir una rutina que ayude a aprovechar al máximo el estudio: “Intento venir todos los días, hacerlo todo aquí… Pero no siempre lo cumplo. A veces me quedo en casa haciendo trabajo de ordenador, a veces voy a la biblioteca, otras vengo un rato por la tarde…”. También está el inconveniente de tener que desplazarse para producir piezas o comprar materiales: “En ocasiones necesito ir a otros sitios a trabajar y termino dando mil vueltas yendo a por materiales, al horno, luego vuelta al estudio… Si hubiera un centro de producción en Madrid donde estuvieran todo este tipo de servicios centralizados, sería mucho más fácil”.

 


Aunque no tiene relación a diario con otros artistas, pero Arroyo reconoce que “vivimos todos en la misma ciudad y nos encontramos en los eventos artísticos “. Otra vía mediante la cual la artista comparte sus obras y procesos son las redes sociales: “Para un artista las redes sociales son el sitio perfecto para decir ‘hola, aquí estoy’. Para mí es tan estimulante ir al Museo Reina Sofía a ojear catálogos como ver lo que hacen otras personas en Instagram”.

 

Tamara se encuentra desarrollando una serie que sigue el trabajo que expuso en la recién clausurada Querer parecer noche en el CA2M: “Quería seguir trabajando sobre dispositivos de ordenación y separación en la ciudad pero añadiendo otros materiales como vidrio y cerámica. En esa línea, que comenzó gracias a la beca de producción de la Comunidad de Madrid, estoy realizando estas piezas que son calcetines de cerámica. También estoy trabajando con restos de tela y bolsas, como elementos de consumo”. La artista se encuentra en pleno proceso creativo: “Voy dándole vueltas a estas ideas y mientras voy probando cosas, van surgiendo piezas. Pensar en la formalización es parte del proceso, hago pruebas en el estudio para ver cómo puede exponerse y cómo puede funcionar”.

 

 

En primavera inaugurará en la Galería Nordés de Santiago de Compostela pero antes podremos ver algunas de sus piezas en el Open Studio, donde invitará a Marco Godoy: “Aún estamos pensando cómo plantear la propuesta pero creo que puede resultar un diálogo interesante”.

 

El sol se ha ocultado por completo tras los edificios y deja una oscuridad tibia que amenaza con tornarse gélida en pocos minutos. Tamara mira las obras que se están secando al fondo de la estancia, esperando que llegue el momento de poder retomarlas. La dejamos cavilando sobre instalaciones, dibujos y cerámicas en su estudio, su hogar de artista.

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