En el estudio La Puerta Cuatro

Volvemos a la estación de Oporto, en el barrio de Carabanchel, para visitar el estudio La Puerta Cuatro, donde encontramos a seis artistas muy diferentes entre sí. Ellos son Carlos Fernández PelloSandra Paula FernándezSusana Nevado, Esther Zingale, Esteban Barba y Manoj Sawlani Ramos. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa.


24 mayo 2017

La Puerta Cuatro forma parte de la red de estudios de artistas que se extiende por el barrio de Carabanchel. La primera persona en llegar al espacio fue Sandra Paula Fernández, hace dos años: “Había estado en otros estudios, pero eran muy caros. Me enteré de que en este barrio había espacios amplios y muy baratos, porque era una antigua zona industrial”. Tras varios cambios de compañeros, ahora parece que el grupo se empieza a consolidar. Carlos llegó por “un anuncio de Facebook que algún contacto en común compartió, en un momento en el que estaba buscando estudio”, pero en el caso de Manoj el boca a boca no tuvo nada que ver: “Necesitaba un espacio de trabajo cerrado, así que busqué por internet y encontré un anuncio para compartir este estudio”. Sobre el reparto de los sitios, Esteban explica: “Los puestos se han distribuido lo más equitativamente posible, procurando que todos tengan los mismos metros, y por orden de llegada”.

 

Sandra Paula Fernández.


 

Al entrar se respira un ambiente de trabajo y concentración relajado y amigable. Para Carlos este punto es algo clave a la hora de compartir estudio: “Parece que trabajo más cuando estoy con gente, porque veo que los demás también están trabajando y se produce una dinámica muy productiva”; de hecho, Fernández Pello no se plantea volver a trabajar a solas, al igual que Esteban o Esther que incluso tienen la posibilidad de trabajar en casa, pero prefieren acudir al estudio; Susana también lo tiene claro: “No he trabajado sola nunca y no creo que lo haga, soy tan sociable que no podría”. Sandra prefiere compartir, aunque manteniendo una parcela de intimidad: “Me gusta compartir pero me gustaría tener puestos más privados”.

 

Todos los componentes de La Puerta Cuatro afirman necesitar un espacio para trabajar, siendo el estudio un elemento decisivo en su producción. En este contexto de necesidad de un lugar para trabajar, surgen los problemas, normalmente económicos. Esteban recuerda: “Estuve en un estudio muy grande que tuve que dejar porque me quisieron renovar el alquiler con una subida de precio muy alta”; una situación que todos los demás también han vivido, incluidos Manoj en Reino Unido y Susana en Finlandia, tal y como cuenta: “En Finlandia he tenido problemas similares, renovaciones con subidas de precio, o que te quieran echar para alquilar el estudio como vivienda”. Al pronunciar Susana estas palabras, se hace un silencio y alguien plantea la pregunta: “Y aquí… ¿pasará eso?”. Rápidamente se crea un debate entre los artistas sobre la temida gentrificación; Manoj afirma: “Que la gente se mude a Carabanchel no tiene que ver sólo con los artistas que trabajamos en la zona. Los artistas no somos los únicos que no podemos pagar alquileres elevados” y Carlos concluye: “La gentrificación es un plan más o menos organizado para, entre otras cosas, subir las rentas y alquileres de un barrio y expulsar a determinados colectivos de este. En ese sentido el artista no es ni más ni menos responsable que cualquier trabajador o migrante que busca un lugar para trabajar o vivir dignamente. Aquí nadie expulsa a nadie ni busca aumentar el alquiler; lo que se ocupan son lugares vacíos cuyo desuso ha hecho asequibles. Lo contrario sería estigmatizar al artista fuese al barrio que fuese”.

 

Carlos Fernández Pello.


 

Inevitablemente, se nombra la iniciativa ArtBanchel, en la que La Puerta Cuatro participó, y a la que se ha tachado de promover la gentrificación en Carabanchel. Sin embargo, los artistas piensan que el proyecto ha tenido una organización horizontal entre los artistas que trabajan y viven en el barrio, y están muy contentos con los resultados. Susana comenta: “El contacto directo con el artista, el hecho de que te explique la obra el propio creador, los invitados, las actividades… todo esto atrajo a la gente, e incluso a nosotros mismos, a conocer a otros compañeros” y Sandra apunta: “Se ha barajado la posibilidad de montar una asociación entre los artistas de Carabanchel”. Esteban también nos informa de otra iniciativa que podría surgir a raíz de ArtBanchel: “Se sugirió la idea de montar una cooperativa para abrir una tienda de bellas artes en el barrio, que no estaría nada mal”.

 

A pesar de tener líneas de trabajo tan diferentes entre sí, los integrantes de La Puerta Cuatro se encuentran muy a gusto compartiendo espacio y tiempo aunque, de momento, descartan la posibilidad de realizar colaboraciones entre ellos: “De las diferencias surgen ciertas cuestiones que te planteas. Además, observándonos, cada uno estamos en un momento muy diferente, así que los lugares comunes se irán viendo con el tiempo”, revela Esther Zingale, que ahora mismo se encuentra buscando su propio lenguaje, después de haber colaborado en proyectos muy diferentes: música, escenografía, diseño… Está enfrascada “en un proceso introspectivo, después de haber trabajado en proyectos colectivos, para elaborar un trabajo y un lenguaje propios basados en tres elementos muy importantes para mí: el espacio, el tiempo y el ritmo”.

 

Esther Zingale.


 

Susana Nevado, por su parte, acaba de llegar a España después de desarrollar gran parte de su carrera artística y docente en Finlandia, y nos cuenta algunos detalles sobre la vida de los artistas en el país nórdico: “El gobierno da becas a artistas para que produzcan, es decir, te proporcionan un sueldo mientras realizas obra y de esta manera no tienes que buscar otro trabajo que te ayude económicamente”. Ahora Nevado está de vuelta en España y está trabajando en su próxima exposición, en el Colegio de Aparejadores de Madrid, en la que mostrará una pieza sobre el amor: la artista está dibujando imágenes que signifiquen el amor y necesita colaboraciones, gente que le envíe fotos que representen el amor, en cualquier de sus variantes. La artista también está preparando otra pieza, también referente al tema del amor, que podremos ver más adelante, y que será una potente performance.

 

Susana Nevado.


 

Encontramos a Carlos Fernández Pello trabajando en su puesto. Está preparando su próxima exposición comisariada en García Galería, que se inaugurará el 27 de este mes, que incluye producción de obra: “Es una exposición de un artista americano, Joseph Grigely, y para esta pieza él me envió el molde de una de las patas de la mesa de su estudio y las medidas, y yo la estoy reproduciendo. La propuesta tiene que ver con esta idea de traducción, producción, edición, cómo el trabajo nunca es estable, cómo cambia una obra, y cómo cualquier producto, tanto libro como obra, parecen siempre terminados pero no lo están. Es algo con lo que me siento muy identificado y yo mismo he trabajado en mis obras”.

 

Manoj Sawlani Ramos.


 

Manoj Sawlani Ramos, uno de los últimos en incorporarse a La Puerta Cuatro, está en su puesto, que resulta ser cerrado, un requisito que Manoj buscaba específicamente en un estudio: “Trabajo con materiales reciclados y mi producción roza los dos campos, el arte y el diseño, se trata del diseño de mobiliario desde un punto de vista artístico y cómo confluyen las dos cosas”. En su espacio es habitual encontrar polvo, serrín o astillas, por eso el puesto cerrado es ideal para su tipo de producción. “Ahora estoy investigándo sobre la tendencia del kitsch del ‘shabby chic’. Es decir, las malas reproducciones de masas de una estética ya desgastada; y cómo este valor ‘sensorial’, dentro del campo mobiliario, eleva el precio de las mismas”.

 

Sandra Paula Fernández es el alma de La Puerta Cuatro. Ella encontró el espacio y poco a poco ha ido conformando este grupo de artistas: “Existe la presión de tener gente cada mes, es bastante agotador. Espero que este grupo que hemos formado ahora se mantenga y logremos una estabilidad”. Después de pasar por diversos espacios en otros puntos de Madrid más céntricos, Sandra admite que como este estudio no ha encontrado ninguno: “En el centro, además de caros, son muy pequeños y no están en muy buenas condiciones”. Sandra, que trabaja con la galería Gema Llamazares, con la que pronto estará en la feria Context Art Miami, está inmersa en varios proyectos en los que usa el punto de cruz. En uno de ellos traslada los anuncios de sexo de los periódicos a un gran formato, los descontextualiza, a varios niveles, para otorgarles una nueva mirada. Algo parecido ocurre con los dictadores que Sandra ha bordado, donde la delicadeza del punto de cruz, contrasta con la imagen de los genocidas y el número de muertes que han causado.

 

Esteban Barba.


 

Por último, al fondo del estudio encontramos a Esteban Barba, que acaba de llegar de Uruguay, donde ha estado tres meses. De su viaje ha traído algunas serigrafías que nos muestra, y que ha realizado junto a Luis Scotti, un pintor montevideano. Barba fundó el grupo artístico “La Parada de Usera”, pero el grupo desapareció y ahora parece difícil encontrar colectivos de este tipo. El artista es claro al respecto: “Se ha fomentado el individualismo, hay unos egos terribles”. En este sentido, Esteban está muy contento de estar en La Puerta Cuatro: “Cada uno es un mundo distinto pero hay muchos puntos en común”. El pintor, que junto a Sandra ha sido uno de los motores de La Puerta Cuatro, ha vivido épocas como la Movida siendo ya artista, y mantiene un punto crítico sobre el sistema del arte: “La gente ahora va pidiendo el favor del comisario, del galerista, cuando somos los artistas los que debemos establecer los criterios del arte”.

 

Casi todos están ya de vuelta en su puesto de trabajo, así que decidimos cerrar La Puerta Cuatro. Tras ella, dejamos a seis artistas, pero también a seis compañeros.

 

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