En el estudio San Marcelo

Las artistas Clara Sánchez Sala y Jimena Kato trabajan en el estudio San Marcelo, un espacio en la zona de Ventas que les proporciona todo lo que necesitan para desarrollar sus respectivos trabajos. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa.


30 marzo 2017

Recorremos las calles del tranquilo y tradicional barrio de Ventas hasta llegar a la calle San Marcelo, donde encontramos el estudio homónimo en el que trabajan las artistas Clara Sánchez Sala y Jimena Kato. Un amplio y luminoso espacio, donde cada una de ellas tiene un generoso puesto de trabajo.

 

Al preguntarles cómo encontraron este espacio, Jimena nos desvela que no fueron ellas quienes lo localizaron: “Este estudio es de Almudena Lobera y Mauro Vallejo, ellos fueron quienes distribuyeron los puestos. cuando Almudena se fue a una residencia artística a Gante, buscó gente para entrar al estudio y contactaron con Ana [Esteve Reig], Clara y yo. Cuando Almudena está en Madrid trabaja en su espacio, en el estudio, y cuando está fuera alquilamos su puesto. Ahora, por ejemplo, se va de nuevo unos meses, así que se va a incorporar al estudio Maya Saravia”.

 

Clara Sánchez Sala y Jimena Kato.


 

Hace dos años que trabajan en este local y para Clara ha sido su primer estudio: “Antes trabajaba en casa, de hecho, ahí es donde realicé la serie de ‘Islas utópicas’. Tener estudio me ha hecho cambiar, he podido experimentar más – dentro de mis ideas y mis líneas- y he podido probar nuevos materiales más grandes o más pesados con los que no podía trabajar en casa”. Jimena, por su parte sí ha pasado por más estudios: “Desde que vivo en Madrid he tenido estudio de manera más o menos continua, lo cual es muy beneficioso, porque no hay interrupción en el proceso de creación. Antes de estar en San Marcelo, estuve un tiempo compartiendo estudio en el barrio de Oporto con Iñaki Chavarri y antes, en Bélgica, también tuve estudio”.

 

Jimena, natural de Perú, ha estudiado en Francia y Bélgica y desde hace unos años está viviendo en Madrid. Le preguntamos sobre su experiencia en Bélgica en lo que se refiere a estudios: “Estuve en un estudio que estaba en un edificio en estado ruinoso. El dueño del inmueble sacaba rentabilidad alquilando los pisos como estudios para artistas, así que las condiciones eran un tanto punkys [risas]. Esa fue mi experiencia, pero claro que también hay estudios allí en buenas condiciones, incluso el ayuntamiento habilita edificios para dedicarlos a estudios artísticos. Aunque cualquier artista puede optar a uno de estos estudios, hay que tramitar una solicitud y luego pasar una selección”.

 

Algunas de las piezas de Jimena.


 

Ambas artistas entienden el estudio como una inversión y reconocen la importancia de poder diferenciar el lugar de trabajo del ámbito doméstico, como Clara comenta: “Para mí es como salir de casa para ir al trabajo, con la ventaja de que tú te marcas tu horario. Cuando salgo del estudio, desconecto. Tener este espacio también me ayuda mucho tener los trabajos a la vista, que es algo que me gusta mucho, mientras que si estuviera en casa tendría que estar recogiendo constantemente”. A Jimena también le gusta tener sus materiales de trabajo a la vista “para saber con qué cuento”, aunque la idea de tener el estudio en casa no es algo que le desagrade en absoluto, con ciertos requisitos, eso sí: “Me merecería la pena trabajar en casa por el tiempo que invierto en venir, pero tendría que ser una casa con jardín y varias habitaciones. Trabajo muy bien de noche, hay menos ruido y me concentro mejor, mi horario ideal es de once a tres de la mañana. Si trabajara en casa y pudiera tener ahí mi estudio, podría trabajar sin tener que estar pendiente del metro. Alguna vez me he quedado a dormir aquí y despertarse ya en el estudio es muy práctico”.

 

A pesar de llevar dos años compartiendo el estudio San Marcelo, la obra de Clara y Jimena es muy diferente entre sí, tanto que es imposible percibir influencias de la una en la otra. Clara explica: “A nivel formal hemos sido muy testarudas en nuestro estilo. Sin embargo, hablamos mucho sobre nuestro trabajo, nuestras cosas. Somos muy diferentes pero me gusta tener a Jimena de compañera y preguntarle cosas”. A lo que Jimena añade: “Nuestros trabajos son muy distintos como para poder influenciarnos. Cuando compartía estudio con Iñaki Chavarri observé que teníamos muchos puntos de convergencia y ahí sí noté que nos complementábamos”.

 

Algunas de las piezas de Clara.


 

Tras constatar que Clara y Jimena tienen muy claro hacia dónde van sus piezas – y que son caminos muy diferentes-, descartamos la idea de formar un colectivo, como hemos visto en otros estudios, o trabajar en alguna pieza juntas. No obstante Clara sí que ha considerado alguna vez colaborar de alguna forma con Jimena: “Creo que podríamos hacer un diálogo, sería curioso y me lo he planteado. Admiro a Jimena y he aprendido mucho de ella y sus piezas. Me gusta poder sentirme atraída por una obra que yo no podría realizar”. Esta idea del diálogo también gusta a Jimena: “Podríamos probar ese diálogo entre nuestras piezas”, y ve como algo natural el que tengan dos tipos de obra muy diferentes: “Pienso que es interesante que cada artista tenga su propio proceso particular, que solamente tú puedas hacer tus obras, es algo que viene determinado por tu historia personal, tu educación… Todos los factores que influyen a la hora de crear”.

 

Hace poco el estudio San Marcelo se unió a una iniciativa puntual llamada “Backstage”, un circuito de estudios durante la semana del arte en Madrid que funcionó muy bien, como cuenta Jimena: “Era la primera vez que nos uníamos a otros estudios para montar una jornada de puertas abiertas, hasta ahora siempre lo habíamos hecho con Open Studio. Vino gente que no conocíamos y eso siempre está bien” y Clara puntualiza: “Al estar alejados del centro, es un poco lioso organizar a la gente para que pueda venir, sobre todo en esos días con tantos eventos”. Curiosamente una de las desventajas del estudio se convierte también en una de las ventajas, como indica Clara: “Es un barrio bien abastecido y muy tranquilo para bien y para mal: estamos alejadas de todo el barullo de inauguraciones y eventos”.

 

 

Existen otros estudios por la zona, como el de Basurama o el de Rubén Riera… ¿Será Ventas el nuevo Oporto? Jimena se aventura a vaticinar: “Puede que sí, hay algunos espacios muy buenos. Quizás si Oporto se empieza a saturar la gente comience a venir hacía aquí o hacia Ciudad Lineal”.

 

Ahora Clara se encuentra trabajando en una serie nueva que ella misma nos explica: “Estoy haciendo unos collages basados en dos libros que tratan sobre cómo el escritor se enfrenta al acto de escribir, uno es de Marguerite Duras y el otro de Enrique Vila-Matas y creo que es un buen símil con cómo el artista se enfrenta al arte de la creación”. Además, Clara tiene más planes inmediatos: “El viernes inauguro en Alicante una exposición junto a Ding Musa, comisariados por Bernardo Sopelana. Y a finales de abril estaré en Art Lima con mi galería”.

 

Por su parte, Jimena sigue investigando y produciendo obra: “Mis esculturas son nómadas, se han tenido que adaptar a mi modo de vida y están concebidas para ser armadas y desarmadas, también por una cuestión de economía de medios y conciencia ecológica. Me interesan los temas relacionados con el equilibrio y la tensión y la escultura como performance, como un objeto performántico en sí”. Sobre dónde y cuándo podemos ver su obra, nos anuncia: “Este viernes a las 19:30 inauguro una exposición junto a Tommy Coleman en The Windor y se llama ‘No News is Good News’. Y en mayo estaré en Poznan (Polonia) en una colectiva en la Rodriguez Gallery”.

 

 

Por último, les planteamos la hipótesis de tener que cambiar a un espacio más reducido y abandonar el estudio San Marcelo. Clara se muestra flexible: “Sí que podría, mientras me sienta cómoda en el sitio” y Jimena recurre a una antigua solución: “Lo que hacía antes, cuando no tenía estudio, era hacer la obra in situ, aunque esa forma de trabajar modificaba toda mi producción”.

 

Cerramos la puerta del estudio San Marcelo y volvemos a las apacibles calles del barrio de Ventas, alejadas, para bien y para mal, del bullicio del centro.

 

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