En las inauguraciones las piezas nos miran, nos incomodan

Una crónica sobre el flirteo inaugural en el mundo del arte. Por Ignacio Tejedor.


05 marzo 2019

 

 

El teletransporte existe, vaya que si existe. Si no me creen pregunten a Jimena y a Juandi que a pesar de haberles esperado en la puerta de la fundación donde se estrenaba el vídeo ganador de su reconocido premio, y haber tenido que correr para coger el autobús que nos llevase al centro donde se inauguraba una de las exposiciones más deseadas del año, cuando entramos en el ellas ya estaban dentro. Sorpresa y risas, creo que fue el momento más distendido y sincero de toda la noche. Pero hoy no voy a escribir de ciencia ficción, tal vez un poco de soft (science) fiction pero no será mi intención. Que un mismo día, a la misma hora y en la misma ciudad se inauguren cuatro exposiciones de artistas españoles actuales es una putada. Es una putada lo primero para ellas porque no podrán presumir de inauguraciones multitudinarias; es una putada también para sus amigos porque tendrán que desdoblarse o utilizar el teletransporte dado que la mayoría son colegas generacionales; y cómo no, también es una putada para los directores de los centros porque tendrán que dar constantes explicaciones de por qué no se han comunicado entre ellos para evitar tales coincidencias. Aunque lo parezca, esto tampoco es soft fiction o ficción especulativa, esto es lo que pasó el jueves 31 de enero. (Des)Afortunadamente esto no es Londres o Nueva York, donde cada día inauguran tantas exposiciones que es obligatorio hacer una criba. Es cierto que en estas ciudades las distancias son inabordables y tres de las inauguraciones a las que me refiero estaban en el eje Recoletos-Prado, pero si las tres (doy por perdida la exposición de Fuenlabrada) abrían al público a las 20 hrs. y cerraban a las 21.30/22 ¿en dos horas se pueden ver un vídeo que dura 20 minutos, dos exposiciones que ocupan casi dos plantas del palacio de Cibeles y otras dos exposiciones colectivas en una misma Casa que suman más de 20 artistas?

 

El lector avispado se preguntará qué necesidad hay siquiera de ir a una sola de esas inauguraciones. Alguno podría responder que para acompañar a amigas artistas que exponen el trabajo de los últimos meses, otras dirían que por hacer un plan cultureta la noche del juernes, y los más arribistas o sinceros reconocerían que van para ver y dejarse ver. Estas tres posibilidades pueden convivir perfectamente pero lo que está claro es que cualquier tipo de intento por observar activamente los trabajos expuestos es un mero simulacro. Es más, ante tanta aglomeración de gente, especialmente en una de estas expos, los trabajos de los artistas resultan hasta molestos. ¿Por qué no montar la expo otro día para no tropezar con esculturas o tirar cuadros al suelo? De esta manera la gente que va a las inauguraciones podría hablar tranquilamente sin necesidad de hacer el ridículo deteriorando las piezas de los artistas. Con que se instalase un televisor grande, de unas 65 o 70 pulgadas para que se vea bien grande, donde apareciesen en loop los trabajos que se expondrán en esa sala al día siguiente sería suficiente. Es una forma de liberar el espacio, al fin y al cabo estamos acostumbrados a consumir arte a través de pantallas.

 

Dejo el sarcasmo de lado para traer a colación el imaginario museístico que ha construido Woody Allen en su filmografía. A pesar de que las inauguraciones de arte son frecuentes en muchas películas cuando quieren describir la psicología de un personaje que se dedica al arte, Woody lo hace con especial elegancia; me viene a la cabeza el flirteo que tiene frente a una obra de Pollock en Sueños de un seductor (Herbert Ross, 1972); gran cliché el de la chica, presumiblemente artista, contrastado con el costumbrismo desenmascarado por Allan (W. Allen). Aunque esa verdad horroriza a quienes de alguna manera están vinculados al terreno del arte, tener una first date (también puede ser una segunda o incluso una quinta) en un lugar destinado a la exposición de bienes culturales da un cierta aura de distinción, no solo hacia la persona que se pretende seducir, sino hacia el resto de visitantes para quienes la imagen de esa pareja está contagiada por tanta iconografía cinematográfica. Me llamaréis romántico pero si el arte sirve para ligar, por qué pedirle más. El arte desencadena un espacio de seducción y las culpables, intuyo, son las piezas. Pensemos en ellas como lo que son, agentes actantes, o dicho de otra manera agentes que detonan otras acciones o situaciones: pensamientos, sensaciones, inversiones económicas, distinción sociocultural, o lo que venía a decir, romances. Los romances pueden darse entre usuarios de redes sociales o entre artistas, artista-galerista, galerista-crítica de arte… Hay infinitas combinaciones, os dejo la tabla que realizó cuidadosamente Pablo Helguera hace ya más de una década.

 

A las exposiciones una va predispuesta a dejarse seducir, inicialmente por las obras expuestas pero ya que estamos dispuestas, si se cruza cualquier agente humano potencialmente actante, por qué no participar del ritual del cortejo. En las inauguraciones las sustancias espirituosas lo intensifican todo; simpatía, afectos, gustos, intereses, etc. El cortejo, que en pocos casos suele ser sentimental (por lo menos a primeras horas de la noche), es el verdadero protagonista de la noche. Los movimientos en las aperturas de las exposiciones son completamente deliberados, por eso amigas como Laura, Bárbara o Mario evitan estos contextos. Gonzalo, que bien me conoce, me pregunta desde hace años como puedo desenvolverme en tales circunstancias y ahí es cuando respondo que los estereotipos funcionan si los reconocemos como convenciones, pero que más allá de ellos hay personas con vidas ordinarias y que en muchos casos, hasta son simpáticas. Algo que también le explico a mi amigo Gonzalo es que en los congresos de geología a los que él va, o a las presentaciones de investigaciones, las dinámicas también se rigen por flujos e influjos, sin embargo en el campo de la ciencia las convocatorias no son tan abiertas como ocurre en los museos, galerías o salas de exposiciones.

 

Volvamos a la inauguración, o a las inauguraciones como fue aquel día al que me refiero al principio. Para los neófitos en artes visuales, el vernissage es una de las citas clave. En estos eventos, a diferencia de las conferencias o talleres, acuden todos los actores del mundo del arte: artistas, comisarios, galeristas, directores de museos, periodistas culturales, coleccionistas, etc. La asistencia de mayor o menor número de ellos depende del contexto en que esté inserta la expo; los centros de arte siempre atraen a más gente que los espacios non-profit (independientes). En museos o centros de arte, por tratarse de núcleos de poder legitimador (con su varita mágica tiene la potestad de nombrar Artistas), los llamamientos son mejor recibidos que en espacios modestos cuyas convocatorias son más débiles y la respuesta a sus invitaciones depende del reconocimiento de los artistas que expongan. En el primer caso los artistas reciben el capital simbólico (valor virtual asociado a una trayectoria) y en el segundo son ellos quienes lo ceden.

 

En este artículo poca importancia estamos dando a los artistas y es que, como dice Pablo Helgera en su atemporal manual, en la inauguración, el artista expositor es el que menos importa. En las galerías, por eso del factor comercial, igual la artista importa un poco más, pero en los espacios que no están destinados a venta, la exposición es una excusa para iniciar el flirteo del que hablábamos antes. Continuo con la cita textual de Helguera:«El visitante experto en inauguraciones sabe que cada uno de los asistentes al evento tiene algo que ofrecerle en términos de su carrera. (…). Una vez con bebida en mano, se debe intentar hacer un vistazo general al espacio y determinar cuales son los personajes más importantes a quienes se debe de abordar. Se debe de operar en orden de importancia jerárquica.»
 

El flirteo con el que ironizaba un poco más arriba se refiere a estos movimientos orbitales que demuestran lo jerarquizado que está el campo del arte, por ello, conocer las normas del juego se vuelve requisito necesario para desenvolverse con elegancia en estos entorno donde siempre hay algo en circulación. Una de las primeras normas tácitas es acudir a todas las inauguraciones posibles, anunciar al resto que estás en el mercado. Una vez allí asumir que has entrado en la ceremonia de cortejo entre agentes actantes y pasas a ser un más al mismo nivel que las piezas expuestas, la bebidas servidas o el resto trabajadores del arte; la jerarquía es un sistema que creamos los agentes humanos y nos afecta solo a nosotros, el resto de agentes no humanos se limitan a actuar, por eso nos incomodan.

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