“En Madrid es muy difícil hacer algo de provecho”

Ainhoa Rebolledo publica nuevo libro, “Gornú”, una historia sobre el desempleo, pero “en plan ‘Juegos del Hambre'”. Hablamos con ella para que nos cuente por qué decidió escribir sobre el paro y cómo le va viviendo en Madrid. Por Javier Yohn Planells


18 enero 2016

ainhoa-rebolledo

 

Cada pregunta que hago es un pasillo con mil puertas abiertas y Ainhoa Rebolledo entra en todas. En la conversación se mezclan el nacionalismo catalán, la ética del poliamor (“¡es lo mejor que nos ha pasado!”), su experiencia al ser finalista del Herralde o Franscisco Casavella. Y “Gornú“, claro, que es su nuevo libro y la excusa para quedar con ella.

 

Ya antes de vernos, hemos cruzado algunos mails que son un aviso de lo que va a pasar luego: Ainhoa Rebolledo habla de su nueva novela, pero también de Umbral, manda una captura del Street View de su balcón, lamenta la muerte de los geranios… Quedamos para la entrevista en el restaurante El DeCano, en Chamberí, que ahora es su barrio y al que le dedica un hueco en su blog.

 

Ainhoa Rebolledo (1987) estudió en Madrid y luego se fue a Barcelona a hacer un máster de Edición. Allí vivió durante cinco años y publicó las novelas “Mari Klinski”, “Tricot” y “Wolframio”. Las cosas iban bien, “no perfectas”, pero iban bien en Barcelona. Hasta que la echaron de la editorial en la que llevaba unos años. “Entonces pensé: ¿qué es lo que más me gusta hacer en mi vida? Escribir. Me fui a la biblioteca y empecé a escribir todos los días con el despido como punto de partida, fue terapéutico. Ahora estoy bien, pero fue un shock, fue muy desagradable. Esa es la base de ‘Gornú’. Pensé: voy a hacer una historia sobre el desempleo pero en plan ‘Juegos del Hambre’, por aventurillas”.

 

Ahora, Ainhoa Rebolledo está de vuelta en Madrid y aún le queda un deje catalán, a pesar de los meses que lleva aquí. En “Gornú”, las protagonistas son tres chicas que, ayudadas por un chico barbudo, combaten a la Gornú. Hay mucha carga autobiográfica en la novela y acabamos hablando de Let’s pretend we were drunk, su blog personal.

 

¿Por qué escribes en el blog?

 

Para desahogarme. Todo lo que escribo es como mandarme un email a mí misma. Hoy me ha pasado esto, hoy he hecho esto, mi exnovio ha hecho esto.  

 

Hay gente que escribe un diario y no lo publica online.

 

¿Tú crees?

 

Igual la pregunta no es por qué escribes, sino por qué lo publicas online.

 

Los blogs no se leen hoy en día. Puede que haya visitas, pero no se leen. Es imposible seguir el melodrama.

 

¿Entonces por qué lo sigues publicando?

 

Porque lo escribo para mí.

 

Pero lo publicas online.

 

Ya, pero hay gran parte de narcisismo también, supongo. Yo lo dejo ahí y ya lo leerá alguien, pero no lo lee nadie. Y no lo difundo en plan “léeme”, no suelo ponerlo en Twitter o en Facebook. El blog es más terapéutico.

 

¿Como la nueva novela?

 

¡No! Bueno, un poquito, pero luego fue muy divertido. Por ejemplo, con “Wolframio” lo pasé muy mal. Yo quería salir a beber, quería hacer cosas, y no pude, me quitó mucho tiempo.

 

En una entrevista dijiste: “Yo quería estar en el bando de las IT-Girls y no en el de los escritores”.

 

Claro. Todo es más rápido, tienes que hacer el photo shoot, pero es más rápido.

 

Y te invitan a fiestas.

 

Eso me da igual, yo me lo pago. Pero dame tiempo. Además, yo, si bebo, no puedo escribir. Hoy me tomo una caña, pero ya está, no puedo hacer nada. Me acostaré pronto. Los fines de semana no salgo, los viernes y sábados no salgo. Salgo entre semana.

 

¿Cómo es la vida de escritora? O de no-escritora…

 

Yo soy escritora, ¿eh? Además, ¿qué es una vida de escritor? Te comento, la vida de escritor es… [duda un instante] Me voy a meter en un berenjenal… La vida de escritor no es lo que yo quiero. Cuando vives de escribir tienes que escribir en periódicos, en revistas, ser amigo de todo el mundo, estar siempre atento, tener que escribir novela histórica, thrillers…  Buah, eso es un infierno. Tengo un colega que es escritor, le va muy bien, hace un montón de cosas, está todo el día trabajando y no gana un duro, le da para pagar las facturas. Y yo, el otro día, le comenté esto y le dije: “mis libros son como mis niños”. Y él me dijo “no, no es verdad”. Para él no tienen ese vínculo emocional.

 

¿Estás muy orgullosa de tus cuatro novelas?

 

Sí, claro.

 

¿Y crees que lo estarás dentro de 30 años?

 

Cuando publiqué “Tricot” se lo llevé a Lardín (Rubén, creador del desaparecido El Butano Popular) con todo mi amor y le dije: “¡Mira lo que he hecho!”. Lo miró y dijo: “Dentro de dos años te habrás arrepentido de esto” [se ríe]. Pero sí que estoy orgullosa, es lo único guay que he hecho en mi vida. Haber hecho algo con tus manos, que lo has hecho tú, es motivo de orgullo.

 

¿Cómo escribes, cuándo escribes?

 

Pues desde que cerró El Butano lo pasé muy mal, porque me obligaban a escribir cada semana o cada dos semanas, ahora escribo cuando puedo. Y eso es un problema. Por ejemplo, ahora estoy escribiendo un libro y lo empecé en junio o julio de 2015, y aproveché que hacía 40 grados en Madrid y me pasé el mes de julio y agosto encerrada, me centré, me encerré mucho. En septiembre-octubre lo vi y era un desastre, no tenía ningún sentido. Lo dejé dos meses y lo retomé en diciembre. Ahora lo que hago es escribir los findes, los sábados, pero, por ejemplo, mañana he quedado para tomar un vermut. A mí escribir me gusta, escribir libros no. Yo en mi blog escribo tres veces por semana y no me cuesta nada. Escribir “Wolframio” no me gustó.

 

Se interrumpe para pedir otra caña. “La última, va”.

 

¿Entonces por qué escribiste “Wolframio”?  

 

Fue un reto personal. Ningún escritor que escribe novela lo pasa bien. Es como un heroinómano, salvando las distancias: me pincho, me sienta mal, pero el cuerpo te lo pide y a la vez te haces daño.

 

Gornu

 

Me da la sensación de que “Gornú” se parece más a “Tricot” y que “Wolframio” es otra cosa.

 

Es otra cosa, sí, es algo íntimo, es algo que quise hacer por Galicia, por morriña, pero yo el “Wolframio” no lo vuelvo a hacer. Quizás dentro de veinte años sí, no lo sé, pero en Madrid es más difícil, Madrid es muy distinto de Barcelona, siempre hay cosas que hacer, todo el rato. En Barcelona hay dos cosas que hacer a la semana.

 

Te tienes que ir de Madrid para escribir novela.

 

Sí, pero eso ya lo dijo Cela. “En días felices en Argüelles”, Umbral cuenta que Cela se tuvo que ir de Madrid a Mallorca para escribir porque aquí no escribía nada. Es muy difícil escribir en Madrid. Dice mi amigo Enrique que es muy difícil escribir una novela y tener un trabajo, hacer algo de provecho, no puedes hacer una carrera. Es muy complicado.

 

Has escrito: “Madrid es divertido, pero en Barcelona hay más cultura.”

 

Ahora no, antes sí. Para mí marcó un antes y un después la apertura de Tipos Infames, lo digo totalmente en serio. Antes en Madrid, lo digo en mi opinión, no había un movimiento cultural, estaba el Bukowski, estaba el Bandido Doblemente Armado, había miseria.

 

¿Donde compras libros?

 

Yo uso biblioteca. Y cuando compro, compro en Tipos Infames o en La Central. Pero no compro mucho, voy comprando a medida que voy leyendo. Comparado con lo que leo, compro poco. Voy a la biblioteca, lo leo y lo devuelvo. Lo que sí que hago, y lo hago demasiado, es que me voy a Malasaña a beber y acabo en Tipos Infames y me compro dos o tres libros que me gustan sin pensar. Ahora me he comprado por impulso “Los diarios de Emilio Renzi” de Piglia, y lo tengo desde hace dos semanas y no lo he abierto.

 

¿Vivir en Chamberí no es un poco hacerse mayor?

 

Sí, eso dicen, que Chamberí es donde va la gente de Malasaña cuando se hace mayor. Pasé por esta calle camino del Picsa y pensé: “me gusta esta calle”. Yo no había pisado la calle Ponzano, no sabía que existía, y me fijé y dije: voy a buscar un piso aquí.

 

¿Por qué te llaman “enfant terrible” en la nota de prensa?

 

Yo soy un poco enfant terrible porque no me tomo la literatura en serio, ni las novelas. Hay gente de mi alrededor, escritores, que piensan que no me lo tomo en serio, porque no escribo frases complicadas, no porque vaya por ahí insultando. Me lo dijo Kiko Amat en una presentación en el CCCCCCCB. “Hasta los 30 años no se pueden publicar libros, hay que pensarlo un poco”. Pero no estoy de acuerdo. A mí en este momento me apetece escribir esto e igual dentro de diez años me he arrepentido, pero yo he hecho esto, para qué voy a esperar, luego si no, nunca llega el momento. Si quieres escribir algo en ese momento, lo haces… Si tienes la mala suerte de que alguien te lo publica… [risas]

 

La conversación transcurre hablando de la bronca que Juan Soto Ivars le echó por no haber leído a Umbral, de su vida en el colegio mayor Santa Mónica, de sus ganas de que Jorge Herralde publicara su novela. Pasa el tiempo y casi no hemos hablado de “Gornú”, y Ainhoa Rebolledo ha venido a hablar de su libro. “Venga, va, centrémonos en mi libro”, dice.

 

Venga, habláme de “Gornú”.

 

Gornú es un libro que se publica ahora… [duda]

 

No, pero no vale mirar la nota de prensa que he traído yo.

 

[Risas] Vale, “Gornú” es un libro que publica la editorial de Sevilla La Isla de Siltolá. “Gornú” es como una metáfora, porque claro, contar el paro es muy aburrido, así que en vez de decir “nos quedamos en paro”, los personajes dicen “nos llegó la Gornú”. Es un título que, contra todo pronóstico, me costó mucho elegir, no sabía cómo se iba a llamar. Yo quería llamarle de otra forma, a un libro le quieres poner un título bonito. Lo que estoy escribiendo ahora tiene un nombre larguísimo, por fin he conseguido un título larguísimo.

 

 

* “Gornú” se presenta esta tarde en la librería Atticus Finch (c/ La Palma, 78) a las 20h.

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Comentarios:

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Bernarda says:

La verdad, por muchos intentos que ha hecho el entrevistador par sacar algo aceptable de esta entrevista, no lo ha conseguido. No entiendo qué hay de interesante en esta atuora, no sé por qué se le ha hecho una entrevista. De la autora no espero nada, las primeras páginas de su novela no merecen ni ese nombre. Pero de Madriz sí.

David says:

Durísimas declaraciones…

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