En Mala Fama Estudios

Carlos Aires, Hugo Alonso, Marta Corsini, Gustavo Blanco-Uribe, Alejandro Botubol, Rafael Díaz, Jorge García y Ruth Quirce trabajan en Mala Fama Estudios, un espacio adaptado a las necesidades de los artistas que busca abrirse al público para ser un punto de encuentro. Por Irene Calvo. Fotografías por Ángela Losa.


23 noviembre 2018

Volvemos a pisar las calles limítrofes entre los barrios de Opañel y San Isidro, en el distrito de Carabanchel. Las aceras nos reciben hoy húmedas y sembradas de hojas de color pardo adheridas a las baldosas, gracias al agua del último chaparrón. Es primera hora de la tarde y la Calle General Ricardos bulle aprovechando las últimas horas de sol. Realizamos un pequeño trayecto, que ya nos resulta familiar, hasta llegar a un edificio con una amplia y ajetreada zona de carga y descarga; ya hemos estado aquí antes. Una vez dentro, nos dirigimos a Mala Fama Estudios. El sonido del timbre parece activar cierto revuelo en el interior, hasta que nos abre la puerta Carlos Aires. Tras él, nos encontramos con Alejandro Botubol, Jorge García, Ruth Quirce, Gustavo Blanco-Uribe y Rafael Díaz. Faltan Marta Corsini y Hugo Alonso. Rápidamente nos sentamos alrededor de una gran mesa comunal que invita al diálogo.

 

Carlos Aires.


 

“Mala Fama Estudios nace de la necesidad de encontrar un espacio en una ciudad como Madrid, donde el precio de los alquileres es mucho más alto en comparación a lo que realmente ingresamos”, comienza Carlos Aires, impulsor de Mala Fama Estudios, quien, después de haber vivido en países como Holanda o Bélgica, está instalado desde hace unos años en Madrid. “Al llegar a Madrid trabajé en un espacio compartido por cuatro artistas. Había sido una cochera, por lo que no tenía luz natural, había goteras… Ahí estuve seis años, hasta que me di cuenta de que me había ido de Bélgica buscando la luz de España y me había metido en un local así”, explica Carlos, “así que, haciendo números, me di cuenta de que, por una cantidad similar, se podía trabajar en condiciones menos precarias”, concluye.

 

 

Aires acondicionó el espacio actual para que estuviera adaptado a sus expectativas y, por supuesto, a las necesidades de los artistas: “Desde el principio tuve muy claro que quería estudios individuales porque siempre me ha rondado la idea de organizar exposiciones, comidas, presentaciones, encuentros… Eventos internos y externos. Por eso hay cinco talleres individuales, todos con luz natural, con dimensiones que permitieran meter y sacar obra de grandes dimensiones, con pilas para lavar pinceles…”.

 

Alejandro Botubol y Rafael García fueron los primeros artistas en llegar a Mala Fama. “Después, Jorge y Hugo se interesaron por la propuesta. Quisimos abrirnos a personas nuevas, que no conociésemos previamente, y así vinieron Ruth y Marta. El último en llegar ha sido Gustavo”, dice Carlos, “todos somos muy diferentes unos de otros en cuanto a nuestra práctica y, además, puntualmente tenemos en el estudio un artista invitado. Por ejemplo, este año gracias a la beca de la Fundación Santander estará con nosotros Mario Santamaría”.

 

Ruth Quirce en el espacio que comparte con Marta Corsini.


 

Respecto a la zona en la que se ubica Mala Fama, Ruth justifica su elección: “Ha sido una cuestión de dinero y de practicidad. En esta zona podemos disfrutar de locales que tienen zonas de carga y descarga, están bastante bien comunicados con el centro y no tienen los precios del centro”. Carlos descubrió este local cuando vino a ver una exposición a la galería Benveniste: “Es imposible tener un espacio como este dentro de la M30, por eso cada vez más artistas vienen aquí. Cuando la gente dice que los artistas somos gentrificadores, me pregunto dónde querrían que nos fuésemos. No somos nosotros quienes gentrificamos, son las empresas”. Jorge se muestra más crítico y afirma: “Y, en cualquier caso, la gentrificación es un movimiento al que contribuimos todos, como sociedad. ¿Qué vecino va a quejarse de que el piso que alquila se revalorice?”.

 

Ocho artistas y una manera de entender el estudio, Alejandro la sintetiza: “El estudio es un lugar de encuentro con otros artistas y un lugar donde adquirir una perspectiva de tu obra a través de los demás. Es muy enriquecedor llegar y tomarte un café con un compañero y no hablar de lo que vas a trabajar, o sí. Yo creo que eso es más provechoso que venir y trabajar sin más, y eso que soy muy trabajador [risas]”. Jorge, en este sentido, se sincera: “Es la primera vez que comparto con gente y sinceramente, no lo cambio por nada. Vivimos en un siglo marcado por el individualismo y esta forma de compartir tiempo, tomando café, hablando, como dice Alejandro, ocurre muy poco. Aquí podemos compartir inquietudes, inseguridades…” y apunta rápidamente Alejandro: “¡Y soluciones! Soluciones que te aportan los compañeros con su experiencia”.

 

Jorge García.

 

La organización del estudio, tanto del día a día, como en eventos especiales es algo orgánico: “Nos repartimos las tareas de forma natural. Siempre hay algo que a alguien se le da mejor, así que nos vamos organizando de manera consensuada”, comenta Ruth y añade Jorge: “Para grandes eventos contamos con la ayuda de María Tolmo, como el Carajillo visit que compartimos con nuestros vecinos Nave Oporto”. De hecho, la relación de los componentes de Nave Oporto con los de Mala Fama es clave, tal y como reconoce Jorge: “Tenemos muy buena relación, no solo laboral sino de amistad, solemos comer juntos muchos días”. Sin embargo, los artistas de Mala Fama no creen que terminen realizando obras como colectivo, como ocurre en el caso de sus compañeros: “Creo que está bien así. Incluso el propio espacio marca ese rumbo, Nave Oporto es un espacio diáfano y aquí cada uno tenemos el nuestro. Los proyectos los hacemos como Mala Fama, no como colectivo artístico. Me gusta ese equilibrio entre nuestra individualidad y los proyectos conjuntos”.

 

Sin embargo, es innegable la influencia que se ejercen entre sí los artistas que trabajan en Mala Fama, tal y como manifiesta Alejandro: “Estar aquí cambia nuestras obras para mejor, porque donde tú no llegas, llega otra persona. El intercambio no es solo profesional, es personal también” y señala Carlos: “Cuando tienes un estudio individual, lo que haces es producto de ti mismo. Cuando compartes, tu trabajo tiene interferencias de otros, y eso es muy positivo”.

 

Alejandro Botubol.


 

“Es increíble que seamos tan distintos en formas de trabajar y personalidades y que nos llevemos tan bien. Si no existiese un vínculo sería imposible poder compartir estudio” afirma rotunda Ruth Quirce. Ella comparte espacio con Marta Corsini. Ruth está trabajando en una nueva serie: “Estoy realizando dibujos que parten del negro, nunca había hecho algo parecido, siempre partía del blanco. La serie se llama ‘8’20’’’, que es el tiempo que tarda la luz de sol en llegar a la tierra. Suelo trabajar con temas que tienen que ver con la astrofísica y las leyes matemáticas y cómo inciden en el universo y en nosotros”. Ahora mismo Ruth está preparando una exposición en L_A Projects, un espacio dentro del estudio de Mateo Maté, coordinado por el comisario Jaime Lavagne.

 

En el estudio que comparten Jorge García y Hugo Alonso también están de preparativos. Hugo acaba de exponer en una colectiva en su galería de Montreal y ahora se encuentra trabajando en las pinturas que expondrá Art Miami y en MACO, además de preparar su próxima exposición en la galería Miquel Alzueta. Por su parte, Jorge está embalando la obra para el solo project de la galería Gema Llamazares en la feria Marte, un trabajo en el que, a través de la apropiación de imágenes, reflexiona sobre la pérdida de fe en la sociedad actual. También en la gijonense Gema Llamazares se podrá ver la próxima individual de Jorge, donde coincidirá con otra individual, la de su compañero de estudio, Hugo. Actualmente Jorge está trabajando en una serie sobre el dinero, en concreto, las monedas y bromea: “Claro que hay influencias entre nosotros, Carlos trabaja con billetes y yo con monedas”. Este proyecto, que deja entrever la formación escultórica del artista, lo podremos ver durante ARCO en Mala Fama.

 

Espacio de trabajo y obras de Hugo Alonso.


 

Al salir del espacio de Jorge y Hugo encontramos el de Carlos Aires. Acaba de salir de una baja que le ha mantenido inactivo durante unos meses: “Estoy empezando a preparar la exposición individual que tendré con la galería ADN en mayo de 2019, un proyecto de vídeo que está resultando ser todo un reto”. Carlos reconoce que Mala Fama ha sido un proyecto más complejo de lo que pensó: “Organizar todo esto ha sido un desgaste muy grande. Quería demostrar que se puede, que lo podía haber hecho cualquiera, y es cierto que ha merecido la pena y estoy contento, pero ha sido muy complicado. En España se castiga mucho la iniciativa”. Tras dos años de andadura, el artista siente que es el momento de avanzar: “El siguiente paso, más allá, del trabajo de cada uno, es empezar a trabajar como Mala Fama Estudios, que podamos hacer otras cosas aparte de nuestros propios proyectos”.

 

Gustavo Blanco-Uribe.

 

En otra estancia Alejandro Botubol y Gustavo Blanco-Uribe comparten estudio. Ambos se encuentran preparando obras para la semana del arte de Miami. Gustavo ahora está trabajando en una nueva serie que se titula “Folding spaces”. Además de trabajar en algunos encargos, está adelantando la obra que expondrá el año que viene en Pekín y en Santo Domingo: “Trato de que mi trabajo no sea estático. El artista español es de un nivel muy alto y debería explotarse más en el exterior. Yo siempre intento globalizar, por eso expongo en Madrid, en Nueva York… Las puertas se abren si tú también estás dispuesto a hacer ese esfuerzo”, explica el artista.

 

Alejandro se encuentra inmerso en pleno proceso creativo combinado con una ajustada agenda: “Expongo en el stand de Ponce+Robles en Pinta Miami y también participo en el proyecto comisariado en la sección de arte español, junto a Aggtelek. A la vez expongo en una colectiva también en Miami. Luego tengo una exposición en el Centro de Arte de Alcobendas en enero y después ARCO”. Este apretado cronograma no le quita la sonrisa ni el buen humor: “Para inspirarme pongo alrededor de los lienzos objetos que encuentro, o que me gustan, una especie de arqueología personal. No pinto estos objetos, pero contagian a la pintura y se contagian de la pintura. Provoco lo objetual. Es casi un ritual”. Alejandro deambula nervioso pero decidido alrededor de un gran lienzo que ha empezado a pintar por los cantos: “Quiero seguir investigando con la luz y el color pero con formas físicas, me interesan ahora los bodegones, igual que en el anterior trabajo lo hicieron los paisajes”.

 

Rafael Díaz.


 

Rafael Díaz excusa su ausencia durante la entrevista a sus compañeros: “Perdonad, eran urgencias y tenía que atenderlas”, dice señalando el teléfono. Rafael es médico, especializado en medicina preventiva y salud pública, además de artista. En su práctica artística Rafael fusiona sus dos pasiones: “Trato de utilizar el conocimiento científico y mi experiencia como médico para hacer arte, pero no con el objetivo de crear algo bello, sino como instrumento para contar situaciones que producen sufrimiento humano”. Rafael se posiciona como un agente activo en estas situaciones que cuenta a través de sus fotografías. Sus planes de futuro incluyen una publicación y una exposición: “Acabo de terminar un libro en el que reinterpreto fotográficamente 30 obras maestras del arte español. Por otra parte, a finales del año que viene tendré una individual en La Casa Encendida comisariada por Rafa Doctor”, explica con brillo en los ojos.

 

Cerramos la puerta de Mala Fama Estudios contagiadas de la energía de sus integrantes. Ocho artistas muy diferentes entre sí han logrado generar un equilibrio que incita a crear, compartir y trabajar en un ambiente de respeto, admiración y sinceridad.

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