Entre los océanos de la visualidad con Irene de Andrés

La artista Irene de Andrés visita el Museo Naval de Madrid y, mientras recorre sus salas, habla sobre sus proyectos, de la relación entre el turismo y el colonialismo, de la historia de nuestro país y sus ruinas. Por Sergi Álvarez Riosalido.


25 julio 2017

En su libro “Aurora”, Nietzsche describía la experiencia estética de lo absoluto como un naufragio: “Todo es mar, nada más que mar, mar y mar. ¿Dónde queremos ir? ¿Queremos atravesar el mar? ¿Adónde nos arrastra esa pasión potente que a toda otra pasión se sobrepone?”. No es de extrañar que el paisaje marino hubiera servido de inspiración para los griegos y haya llegado a nuestros días habiendo sido explorado en toda su grandeza por los poetas y escritores románticos. Precisamente el mar, la niebla y la noche, elementos fundamentales del Romanticismo, sirven a Irene de Andrés para construir un tríptico inusual, tomando imágenes de cámaras web situadas en distintos emplazamientos.

 

isquierda: “Monitoring Landscapes”. Irene de Andrés, 2010. Proyección en Espacio Líquido Gallery, Gijón. Derecha: “Alba de América” (12 de octubre de 1492). Antonio de Brugada Vila, 1856. Museo Naval de Madrid.


 

Probablemente no haya museo que tenga más sentido ir a ver con esta artista que el Museo Naval de Madrid. Su trabajo, más allá de tocar cuestiones ya citadas como los temas próximos al Romanticismo, puede tomarse como una lectura contemporánea de aquello que los propios autores románticos ya abordaban. La ventana, el viaje, el paisaje, pero también las ruinas y los residuos que genera la historia, todo esto que fascinaba a esta generación, Irene de Andrés lo toma para pensar sobre nuestro tiempo y espacio, sobre territorios que se ven amenazados por los intereses económicos y la desmemoria.

 

Esta lectura que hace Irene de Andrés tiene que ver, por tanto, con una superposición de los tiempos de la historia y queda reflejada en un proyecto como es “Navegación por estima” (2010) en el que se vinculan la navegación intuitiva que se lleva a cabo en la red con la navegación por estima, método utilizado en los navíos del siglo XIX. De este modo, paisajes obtenidos a través de webcams en internet se incorporan navíos de cuadros de Caspar David Friedrich.

 

Izquierda: Detalle de “Navegación por estima”. Irene de Andrés, 2010. Derecha: Naves de tipo europeo (s. XVI). Rafael Monleón y Torres, 1885-1887. Museo Naval de Madrid.


 

Como comentaba, es también el Romanticismo un momento en el que se plantea una nueva forma de mirada, al tomar conciencia de hasta qué punto está condicionada la forma de observar la realidad. En la obra de Irene de Andrés la ventana o el encuadre sirven para hacer visibles formas cotidianas que pasan desapercibidas situándolas en una posición distinta del encuadre, de ese límite que, como el horizonte en el mar, marca un fin. “Límite visual” (2010), “Cómo trazar una línea en el pasporte” (2011-2012) y “Room with sea views” (2011) serían claros ejemplos de ello. Este último, al explorar las imágenes que simulan vistas al mar inexistentes, mediante la sobreexposición de las ventanas, estas habitaciones podrían situarse en cualquier lugar. Así, Irene de Andrés rompe en cierto modo ese límite que concreta, que ajusta y delimita esas habitaciones a una geografía específica: el horizonte puede convertirse, pues, en límite visual y en apertura.

 

Izquierda y centro: Detalles de “Cómo trazar una línea en el pasaporte”. Irene de Andrés, 2011-2012. Derecha: “Room with sea views”. Irene de Andrés, 2011.


 

Este marco, que es un marco de discurso, un margen que delimita lo que está dentro o fuera de la imagen o del relato se hace evidente en un museo como el Museo Naval que, a través de documentos, objetos y restos crea un discurso sobre la historia, una historia que no siempre es tan satisfactoria como se desearía a pesar de que no se quiera recordar. En este contexto, es significativo cómo Irene de Andrés se interesa por un espacio así, por el archivo y el documento que permiten una resignificación para hacer más complejo esos objetos y desvelar sus capas de significación.

 

Izquierda: Proyectiles esféricos explosivos de diversos calibres (ss. XVIII-XIX) utilizados en los morteros de Marina. Centro: Mapa de Juan de la Cosa, 1500. Derecha: Medallas acuñadas en Inglaterra para conmemorar las campañas del Almirante Vernon en Portobello, Chagres y Cartagena de las Indias. 1739-1741. Museo Naval de Madrid.


 

A partir de estos residuos que dejan los acontecimientos de la historia, Irene de Andrés se detiene en aquellos lugares en los que parece no ocurrir nada. Uno de estos casos es el proyecto “Donde nada ocurre” (2012-2016), compuesto por cinco trabajos diferentes, “IDEA” (2013), “FESTIVAL CLUB” (2013), “HEAVEN” (2015), “TORO MAR” (2016), “GLORY’S” (2017). “Donde nada ocurre” recorre discotecas y salas de fiesta abandonadas y presenta cómo los edificios pueden devenir ruinas antes de ser terminados, como apuntaba Robert Smithson. Estas ya no son como la ruina romántica que tenía que pasar siglos para ser considerada como tal. Estas ruinas post-industriales necesitan apenas meses para convertirse en ruinas. De este modo, las pantallas que no funcionan, los edificios abandonados y las discotecas en desuso son lugares idóneos para pensar los usos y las posibilidades que generan espacios así.

 

“HEAVEN”. Irene de Andrés, 2015.


 

Estas ruinas de las discotecas serían como los restos de un naufragio, como los restos de lo que en otro momento fue un imperio colonial – ahora en decadencia. Precisamente hacia esa dirección ha avanzado el trabajo de Irene de Andrés, que últimamente ha trabajado alrededor del hallazgo del Galeón San José y las tensiones que se han producido entre España, Colombia y Estados Unidos, principalmente por cuestiones económicas a partir de su proyecto “En el lecho marino”.

 

En este punto se hace evidente la relación entre colonialismo y turismo o del turismo como una variante de colonización. De esto también se ha preocupado Irene de Andrés, investigando los procesos de representación del paraíso, en los que se lleva a cabo, de nuevo, un gesto de discriminación y se establece un marco de lo que se muestra o no de esos lugares paradisíacos, propicios para el turismo como es en el caso del Caribe y Puerto Rico. Estas ideas han cristalizado en el proyecto “El Segundo viaje” (2015-2017) en el que Irene de Andrés conecta la evolución del viaje, la noción moderna y preconcebida de paraíso y el turismo como colonización. Siguiendo el primer viaje de Cristóbal Colón a América como recordatorio del antiguo imperio, la nueva ruta sigue el mismo gesto apropiador en la medida que los turistas pretenden conquistar estos nuevos paraísos.

 

Izquierda: Exposición Watch your step / Mind your head en ifa-Galerie Berlin, 2017. Fotografía de Wataru Murakami. Derecha: “Cruise-r”. Irene de Andrés, 2015-2017.

 

Ese navegar hacia el oeste del que hablaba Nietzsche en “Aurora”, que espera “llegar a unas Indias desconocidas”, se corresponde en realidad a un naufragar en lo infinito, en un perderse buscando un porvenir prometido. Aquel mar que para los románticos tenía una capacidad de aglutinar un conjunto de significados y representaciones es un lugar que, como parece apuntar Irene de Andrés, está entre lo acabado y lo inacabado, entre el lamento del naufragio y la emoción de la aventura.

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