Envejecer con dignidad

El patriarcado y el capitalismo se alían una vez más en la misión de hacernos sentir miserables. Necesitan vendernos productos que nos harán felices y completas, hasta en esa época de relax y placidez que debería ser la jubilación. Pronto veremos especiales en revistas de moda sobre cómo ser un recién nacido sexy, o cómo lograr un look post-mortem súper edgy. Por: Filósofa Frívola.


28 febrero 2014

 

Me he encontrado un Smoda en la bolsa de papel para reciclar que hay en mi casa. Me ha llamado la atención la portada, porque la tía buena que la ocupaba no era joven. Era una tía buena de unos setentaymuchos, con el pelo plateado recogido en una espectacular cola de caballo, la cara de facciones perfectas llena de manchitas, y arrugas alrededor de unos ojos azules de cagarse. El especial se llamaba “La nueva tercera edad”, que es una cosa que me interesa mucho porque me fascinan las figuras femeninas mayores de 40 (en general me fascina cualquier cosa que se salga del clásico rabo blanco heterosexual, la medida de todas las [aburridísimas] cosas). Pues resulta, para alegría de esa parte de mi cerebro que celebra que me haga un ovillo y llore en la cama durante horas, que la nueva tercera edad consiste en estar buena y seguir pendiente de modas y estándares dictados desde arriba, en seguir siendo piezas de ese capitalismo voraz que nos dice que compremos cosas para estar jóvenes y bellas. Salvo que ahora el sistema se ha dado cuenta de que celebrar la senectud también puede vender, y vaya filón, prima. ¿Por qué insistir en teñir las canas con tintes baratos, cuando te puedo vender un champú azul especial para pelo blanco de a 20€ el tarro?

 

Yo siempre había pensado en la vejez como en ese momento de la vida en el que por fin puedes descansar y hacer lo que te salga de ahí mismo, porque, al fin y al cabo te lo has ganado, aunque sólo sea por haber aguantado tantos años viviendo en un mundo tan jodido. No esperaba seguir viviendo pendiente del estándar de belleza de las revistas femeninas. Me parecía esa época en la que ya no necesitas ser deseable, ya no tienes que vivir pendiente de tu aspecto, de tu “feminidad” y esas chorradas, librándote del yugo opresor de las apariencias para ir por la vida en rulos y zapatillas de estar por casa sin importar un cagarrio el qué dirán. Pero claro, por otro lado piensas que es bonito reivindicar la visibilidad, la belleza de la senectud, el derecho a ponerte lo que te dé la gana, a ir guapa, a pintarte, a preocuparte por la moda. El problema viene cuando es el sistema el que se aprovecha de estas ganas de visibilización, y las domestica y explota según sus necesidades.

 

A la mujer que no se deja, a la mujer que se sigue preocupando por su aspecto se la alaba “¡Qué (edad X) tan bien llevados!”. Pero no se alaba cualquier aspecto cuidado, la mujer que sabe envejecer con dignidad tiene unos límites claros, y esos límites son Ana Obregón. Envejecer con dignidad quiere decir “sin estridencias”, sin creerse joven, sin enseñar; eso, por favor, es rídiculo y de muy mal gusto. La mujer que envejece con dignidad tiene claro que ha de ser discreta y atractiva, nunca cañón, porque al fin y al cabo, el mostrador de carnes de minifaldas y escotes ha de seguir reservado a aquellas de la especie que pueden procrear y han de dedicarse al cortejo y el apareamiento.

 

La señora española abotijada, con falda de cuadros y rebeca ha dado paso a una mujer mayor preocupada por su aspecto, pero ojo. No se estilan las viejas de Forges, pero tampoco las zorras quinceañeras de cincuentaymuchos embutidas en denim. Ni mucho, ni poco. El clásico término medio que no es sino más fiscalización del cuerpo femenino, más control del mismo de siempre sobre qué hacemos o dejamos de hacer, en lugar de una celebración de la vejez “digna”.

 

Envejecer con “dignidad” en este contexto es sinónimo de saber echarte a un lado con elegancia, de no llamar mucho la atención, de no hacer locuras impropias de la edad como echarte un novio joven o enseñar pierna, pero con el suficiente buen gusto como para ahorrar a aquellos que comparten mundo contigo la nauseabunda visión de una señora mayor fea, arrugada, con zapatos de Camper, canosa y con la cara lavada. En definitiva, dejada. La dignidad de una mujer, tenga 8 años u 80, siempre se mide por el uso que hace de su cuerpo, por su aspecto y su sexualidad. Se dice mucho eso de “enseña ahora que puedes”, pero a la que enseña con 15 se la avergüenza igual que a la que enseña con 55, a la una se le dice que vaya putón y que vas provocando, y a la otra que qué falta de dignidad más grande, a su edad. El caso es fiscalizarnos, ridiculizarnos, y controlarnos de la cuna a la sepultura.

 

Envejecer con dignidad debería ser sinónimo de meterse a yayaflauta, de seguir aprendiendo, de seguir luchando y de disfrutar, y no de perseguir sin descanso unas piernas sin varices como las de Catherine Deneuve.

11 diciembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (II)


Las criaturas urbanas tenemos un grave problema con respecto a la vida en la campiña, y es que nuestras mentes son tarros rebosantes de clichés cinematográficos.


10 noviembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (I)


La huida de Madrid, para que sea efectiva, debe hacerse al campo. Esta es la única posibilidad de desanudar temporalmente el vínculo con la capital.


21 octubre 2015 by REDACCIÓN

El futuro ya está aquí


Hoy, 21 de octubre de 2015, Marty McFly habría llegado al futuro. ¿Cómo se celebrará en Madrid este día de homenaje a “Regreso al futuro”?



Comentarios:

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thunderthighs says:

Una tía bisabuela mía suele llevar un moño sujeto con alfileres y un día le clavó uno en el paquete a uno que la tocó sin permiso en el tren. Así quiero ser de mayor.
Muy bien artículo, yo creo que la siguiente generación de yayas va a ser todavía más excelente si cabe!

Roberto says:

Los hombres también estamos agobiados por tener que ser sexys y metrosexuales, así que me parece que la cosa no tiene nada que ver con el patriarcado.

Zeltia says:

Roberto, me vas a comparar la presión que sufre una mujer por estar guapa y sexy con la que sufre un hombre?
Repasemos:
-Productos que debe usar una mujer: limpiador, tónico, crema de día, crema de noche, bodymilk, crema de manos, cacao (ya no entro en el basto mundo del maquillaje)
-Productos que debe usar un hombre: aftershave y crema hidratante.
Te parece comparable? Porque yo no veo la misma presión.

Roberto says:

No se trata del número de potingues que usen unos y otras, sino de la presión, entendida de manera general; nosotros siempre nos hemos tenido que parecer al discóbolo de Mirón: cachas, viriles, protectores y todas esas chorradas. ¿La culpa es de una soterrada dictadura de las féminas, que nos mandaban a la guerra a morir mientras que ellas se quedaban en casa?

Espero que este comentario no se malinterprete, pero creo que muchos problemas no se deben al patriarcado, sino al mero ideal de belleza que en ambos sexos ha existido desde siempre. Al menos vuestro modelo de belleza ha cambiado, porque las mujeres de Rubens, regordetas y de piel lechosa, hoy no son deseables en general.

Iago says:

@Roberto, eso también es patriarcado! Los estereotipos de género afectan también a los hombres, o tú qué pensabas?

De esto también sigue la castración emocional del hombre. El hombre no puede mostrar sus sentimientos, no puede llorar, no puede comportarse como no lo haría un hombre.

El Sr Rata says:

Roberto, cállate hombre, que estás haciendo un ridículo espantoso.

Anda y vete a lloriquear a una esquina, con las estadísticas en la mano de muertes por violencia doméstica, comparativas de sueldos entre géneros, violaciones y agresiones sexuales, número de mujeres en cargos relevantes/influyentes, roles de cada género en propaganda (márketing) capitalista… y trágate ese victimismo de mierda de estar cachas o el metrosexual, que das ganas de vomitar.

Roberto says:

Señor Rata, me parece que mi comentario ha sido educado y no merecía una respuesta como la suya. Le conviene leer las opiniones de Erramun Gametxo y de Sharon Calderón Gordo a propósito del patriarcado y de la violencia “de género”, que no es de género ni de sexo; porque, como dice la propia Sharon Calderón, si los hombres agrediesen a la mujeres por el mero hecho de ser mujeres, entonces agredirían a todas las mujeres, pero sólo agreden a unas en concreto, como se puede constatar. No hay, por lo tanto, violencia “machista”, sino la violencia de unos cuantos malnacidos que agreden por causa de los celos o por causa de que son unos bestias. El hombre no está abocado a agredir por el mero hecho de ser hombre; unos agreden y otros, la gran mayoría de nosotros, no agredimos. En este caso, el problema NO es el patriarcado, por mucho que ustedes insistan. Y si ha conocido usted un caso cercano de violencia de este tipo, sólo puedo decirle que lo lamento y que entiendo su rabia. No obstante, y aunque duela, una cosa es la rabia, comprensible por un acto semejante, y otra el que las explicaciones de carácter feminista sean a este respecto correctas.

El que se busquen explicaciones diferentes a ciertas realidades desagradables no quiere decir, y esto no debería aclararlo, pero lo hago para curarme en salud, que se justifique la violencia contra las mujeres -un asunto, por cierto, que no se ha tratado aquí- ni el que ellas deban emperifollarse por obligación. Queda dicho.

También aclaro que estoy, faltaría más, a favor de que los derechos de las mujeres y de los hombres sean iguales.

María says:

Pero no debería ser “envejecer con dignidad”, debería ser “vivir con dignidad”. Si miras el S Moda mejor que metan en el saco a las abuelas dentro de la máquina capitalista ¿O preferirías que el S Moda que se dedica a vender imagen y productos las desechara como público no merecedor de su atención?

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