Eugenio Merino en ARCO: una crítica al mercado del arte

Charlamos con Eugenio Merino sobre su obra, cómo ve el mercado del arte contemporáneo así como del papel del artista y la posición de éste en el momento de la creación. Todo esto en el contexto de ARCO. Por Sergi Álvarez Riosalido.

 


24 febrero 2017

Es recurrente un discurso que sostiene que no es posible escandalizar después de las vanguardias. En efecto, algo de razón lleva. Sin embargo, si esto fuera cierto del todo, probablemente no nos encontraríamos respuestas que van desde una simple columna nostálgica, de vez en cuando en los medios, hasta denuncias de fundaciones que se encargan de mantener viva y de forma totalmente legal la memoria de un dictador o atentados a medios de comunicación satíricos.

 

Eugenio Merino. Fotografía Juan Barte.

 

La obra de Eugenio Merino permite acercarse a esta cuestión que, evidentemente, no es sencilla y que, más allá de la libertad de expresión, implica en cierto modo pensar en cuál es la función del arte y la producción de imágenes hoy en día. No obstante, antes de esto cabe separar lo polémico de una obra de arte por un lado y lo incómodo de ésta por otro. Más allá del escándalo que puede generar una obra, Eugenio Merino plantea la práctica artística como la posibilidad de incomodar cuando se hace uso de su libertad. No hacerlo lleva a un arte, como poco, anestesiado y autocomplaciente.

 

Izquierda: “Victory or Death”. Eugenio Merino, 2015. Derecha: “Damaged Goods”. Eugenio Merino, 2016.

 

Eugenio Merino hace referencia a George Carlin, mientras hablamos sobre la situación política en los Estados Unidos. “Carlin decía que el sueño americano sólo te lo puedes creer cuando estás dormido”. Pero esto, que hace referencia a lo que esconde un ideal de vida determinado, también es lo que nos encontramos en ARCO. Eugenio Merino se plantea el arte como un medio de expresión y comunicación, más allá de crear objetos de lujo para coleccionistas. “Muchas veces se maneja un concepto de belleza que no me interesa”, asegura, que al mismo tiempo no genera ni posibilita ningún tipo de comunicación. En este sentido, las obras de Merino no dejan indiferente y, aunque la respuesta ante ellas pueda ser muy variada, de un modo u otro consiguen interpelar al espectador.

 

Izquierda: “Ideology”. Eugenio Merino, 2009. Derecha: “Always Franco”. Eugenio Merino, 2012.

 

Ni dictadores, ni emblemas del neoliberalismo como Reagan y Thatcher o los símbolos de los Estados Unidos, se han librado de ser objeto de crítica de Merino. Introduciendo elementos de la cultura popular, y con un sentido del humor muy ácido, Eugenio Merino sintetiza en sus piezas paradojas y pensamientos sin caer en una suerte de arte panfletario a favor o en contra de nada. Lo interesante, muchas veces, se da en la contradicción y quizá plantear cuestiones de este tipo puede serlo en una feria donde lo que está principalmente en juego es una cuestión de mercado pero pronto nos damos cuenta que, con Eugenio Merino, más allá de la conciencia de esto, se trata de intentar llevar a cabo una crítica desde dentro.

 

Desde Marx hasta la Escuela de Frankfurt queda claro que la sociedad capitalista se basa en la mercancía y su movimiento, pero de ahí a lo que vivimos hoy en día este sistema se ha sofisticado muchísimo. Hace aproximadamente 70 años que se publicaba Dialéctica de la Ilustración, libro en el que el ensayo sobre las industrias culturales ponía de manifiesto la capacidad de la economía capitalista para producir masivamente bienes culturales. El capitalismo de hoy en relación al momento de Adorno y Horkheimer ha evolucionado mucho (como en relación al momento de éstos con el de Marx y Engels) y ha perfeccionado sus recursos para aumentar su capacidad de influencia. Este capitalismo, que es experto en producir falsas experiencias, se ha instalado y se ha apoderado de las industrias culturales y se ha servido de ellas como brazo ideológico. El arte desde luego no es una excepción, así que, como afirma Eugenio Merino “si no lo instrumentalizas tú te lo instrumentalizan otros”.

 

Izquierda: “. In God We Trust, Everyone Else Pays Cash – Star”. Eugenio Merino, 2015. Derecha: “Truth Guard”. Eugenio Merino, 2016.

 

La cultura que antes del capitalismo había sido autónoma se industrializa. Es así como los artistas pierden la autonomía que hasta el siglo XIX habían disfrutado y empiezan a trabajar en condiciones de mercado. Aquel arte que había sido suficientemente autónomo va siendo, a lo largo del siglo XX, engullido por las industrias culturales y aquellos bienes que tenían una dignidad per se no condicionada por el valor mercantil pasan a ser mercancía, objetos en los cuales no prima el valor de uso sino el valor de cambio, al igual que cualquier otro objeto de consumo. Pues bien, a grandísimos rasgos este es el marco de ARCO y el mercado del arte. ¿Se puede exigir a un artista que no participe de él? ¿Se puede exigir a un artista que no se gane la vida con su trabajo? ¿Es el mismo dinero el de una persona que compra arte y el dinero con el que un artista paga sus facturas a final de mes? Eugenio Merino tiene en cuenta todas estas preguntas y no es indiferente a ellas. En estas condiciones es improbable que se asuma el riesgo de un arte crítico y político, pero Eugenio Merino trabaja en ello considerando el arte como un terreno de experimentación y de libertad. Esa libertad que da crear algo desde cero pero que es también sinónimo de inseguridad e incertidumbre.

 

Durante el paseo por ARCO, Eugenio Merino se para ante Two Bathers de Ben Sledsens. Se trata de una pintura cuyos personajes no están representados con demasiado detalle, más bien son trazos descuidados y es quizá por eso que la pieza escapa de un cierto esteticismo, presente en buena parte de obras de la feria. Esta pieza, como la obra de Merino, no tiene en absoluto una vocación decorativa u ornamental.

 

“Two Bathers”. Ben Sledsens, 2016.

 

Quizá una forma de escapar de esta tendencia del arte decorativo es, en opinión de Eugenio, hacer algo desde donde el propio artista está, lo que implica un cierto “mirar hacia afuera” del artista, ver cuál es la situación (económica, política, social…) que le rodea. En la obra de Merino es más que evidente la preocupación por una serie de acontecimientos actuales, como es la situación de los refugiados. Este año, una de las piezas que presenta en ARCO está precisamente ligada a esto. La pieza consiste en 60 sábanas térmicas enmarcadas; en cada una de las cuales está inscrito el pasaporte de los países de los que proceden. Esto muestra que la obra de Eugenio Merino no es para nada complaciente ni pretende dar un mensaje tranquilizador al espectador, lo cual está estrechamente relacionado con Yesterday, de Nuno Nunes-Ferreira y ante la que también nos paramos durante el paseo. La obra de Nunes-Ferreira presenta ni más ni menos que portadas de periódicos en los que se da noticia de los acontecimientos más trágicos a nivel mundial del siglo XX.

 

Izquierda: “Rescue Passaport”. Eugenio Merino, 2016. Derecha: “Yesterday (ayer)”. Nuno Nunes-Ferreira, 2016-2017.

 

Otra de las piezas de ARCO que llama la atención a Eugenio es Bicicleta azul, de Víctor Jaenada. De ella destaca cómo a partir de materiales sencillos se puede hacer una buena obra cuando la idea es potente. “Esa expresión de ‘menos es más’ tiene aquí todo el sentido del mundo”. No por utilizar materiales menos “nobles” se crea una obra de menor categoría, como lo demuestra El muro, del propio Eugenio Merino, que en 28 ladrillos imprime las constituciones de los países miembros de la Unión Europea.

 

Izquierda: “El muro”. Eugenio Merino, 2016. Derecha: “Bicicleta azul”. Víctor Jaenada, 2011.

 

Entre todas la obras de ARCO nos encontramos con sorpresa una serie de poemas visuales de Joan Brossa, en los cuales se condensa de una forma aparentemente simple una idea. Tanto en los poemas visuales de Brossa como en las obras de Eugenio Merino se produce una síntesis de distintos elementos o ideas en una obra autónoma a través de una operación de montaje. En esta forma de trabajar de Joan Brossa y Eugenio Merino es fundamental el elemento irónico, porque a través de una broma se puede decir una verdad. Esto es posible, en parte, por la convivencia de las contradicciones, como se hacía referencia más arriba: si existe la posibilidad de resignificar el dólar, un dictador, o en definitiva cualquier imagen, es porque éstas no son unívocas y Eugenio explota estas paradojas que están presentes en todas partes y de las que tampoco se salva el mundo del arte.

 

Izquierda: “Kill the poor”. Eugenio Merino, 2014. Derecha: “Poema visual 32”. Joan Brossa, 1989.

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