Filmadrid, el festival de cine de autor de la capital

Comienza la segunda edición del festival de cine de autor de Madrid y hablamos con las personas que hacen posible que se lleve a cabo. Por María Aller


31 mayo 2016

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En 2015 comenzaron una carrera de fondo: Fernando Vílchez, Nuria Cubas y Javier H. Estrada son las cabezas pensantes de Filmadrid, el primer festival de cine en la ciudad con temática de carácter más autoral. Con este proyecto, llenaban un hueco que hasta ahora nadie había reparado en hilvanar y ahora, en su segundo año, esa costura vuelve muy surtida y más viva si cabe.

 

Llevar un festival no es fácil. Quince días después de que finalizara la primera edición, los tres se pusieron a organizar la de 2016. Tras once meses de trabajo y de visionar cerca de mil trescientas películas, llega a Madrid esta propuesta cinéfila. Qué menos que escucharles hablar sobre lo que han preparado para la nueva cita.

 

¿Tenéis más nervios ahora con la segunda edición?

 

Nuria: Yo personalmente sí. No sé si es porque tengo más conciencia sobre lo que va pasar. Era la primera vez que participaba en un festival, no como ellos dos, que ya estaban más experimentados, e igual lo vivían de otra manera.

 

Fernando: Pero a mí me pasó lo mismo. Porque la primera tiene ese punto de ingenuidad, sin que llegue a ser algo amateur. Era la visión de un primer proyecto donde sabíamos que podía haber errores y la gente lo podía entender. La segunda vez ya es más en serio, tiene que salir todo bien, no se nos puede escapar nada.

 

Javier: También tiene que ver con los invitados que vamos a traer, que realmente este año más que el anterior es una acumulación de gente, de cineastas, críticos… gente que admiramos desde hace muchos años. Pero a mí, más que nervios, me da ilusión. Creo que el momento de encontrarnos con directores que admiramos va a ser algo emocionante, y es la primera vez que presentan sus películas.

 

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¿Qué veis que tiene de bueno Madrid para hacer un festival como éste?

 

Nuria: Lo que veo es que realmente sí que aquí hay público para este tipo de películas; hay gente aquí que tiene que irse fuera para ver este cine, y en la medida que faltaba más oferta, creo que es lo que lo hace interesante. Figuras como Jonathan Rosenbaum, en otras circunstancias, no habría venido. Y cineastas nuevos. Es algo que interesa en la ciudad: hay muchos cinéfilos que siguen a estas personalidades.

 

Fernando: Nosotros (Javier y yo) hemos trabajado en un festival en Lima. Creo que por comparación, la ilusión es mayor. El primer año ya había salas llenas, eso hacía evidente que hacía falta algo como esto. Hay mucha cinefilia, pero quizás también la necesidad de un festival que pudiera abarcar más géneros. Ese tipo de pequeños detalles son los que hacen que funcionen iniciativas como esta.

 

Javier: Es que era hasta injusto que una ciudad como Madrid no tuviera una oferta así. Era algo en realidad muy obvio, pero que por distintas circunstancias no se estaba dando. Es cierto el viejo debate de que, excepto Berlín, las grandes ciudades no tienen un festival grande, pero en Londres por ejemplo hay, en París está el ‘Cinéma du reél’, aparte de que su oferta es bestial y hay menos necesidad. Sí que tienen festivales que no son de categoría A, pero muestras sí se pueden encontrar, y este es el camino al que nos dirigimos.

 

Nuria: Una de las cosas que a mí me resultan graciosas respecto a por qué la ciudad es buena para una actividad así, es que cuando hablas con los cineastas de fuera, a muchos les apetece visitar Madrid. Es un lugar bastante amigable y además en primavera, un momento genial para venir. Es muy guay que a la gente le apetezca no sólo venir al festival, si no también visitar la ciudad.

 

Javier: Y cuando hemos ofrecido a cineastas la posibilidad de venir al festival, nos comentaban: “Anda claro, que hasta ahora no había un festival de cine así en Madrid”. Nos dimos más cuenta por la gente de fuera de que estábamos haciendo algo muy coherente con ese vacío tan grande que había en la ciudad.

 

Fernando: Y es que aquí es muy fácil ser acogido, es algo que ha motivado esta recepción.

 

En esta edición os habéis abierto a más públicos. ¿En qué sentido ha crecido la programación este año?

 

Javier: A nivel de programación, sí que noto que ha habido una apertura. Por ejemplo, tenemos una película de ciencia-ficción, “Sayonara”. Era un vacío que hemos llenado. En cuanto a géneros, hay tanto comedias como melodramas. Eso en Sección Oficial; en Vanguardias, al ser una sección más experimental, tiene un público determinado, aunque dentro de ese concepto está bastante cubierto. El cine de Pietro Marcello son en general películas emocionales, muy poco intelectuales por decirlo de alguna manera, y por ejemplo el cine de Júlio Bressane es un cine muy excéntrico, pura energía latinoamericana de los años 60, que con el paso de los años no se ha domesticado. Los públicos son variados pero también la oferta, como Vanguardias Live. En este tipo de eventos, donde hay un encuentro especial con un determinado director, pensamos que cualquier persona que vaya se va a sentir muy cercana en esa interacción. Insistimos en actos que no son eventos exclusivos ni para nada académicos. Son elementos vivos, con mucho desenfado.

 

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¿Y hay algún director que nunca traeríais aquí? ¿O qué tipo de película no traeríais aunque os la ofrecieran?

 

Fernando: Yo tengo varios nombres (risas). A ver, si la peli es buena, es buena más allá de géneros. El año pasado ganó una comedia. Por algún motivo, no sé si es una percepción mía, el concepto de cine de autor se suele ligar a un cine más serio, más difícil. Y no es así. Teníamos cintas maravillosas, que podían ser disfrutables por cualquier persona, como la jordana “Theeb”, que después estuvo nominada a los Oscar, y hay muchas como ella. Obviamente defendemos otro tipo de cine más arriesgado, con las variantes que existen dentro del cine contemporáneo. Uno va a Cannes y encuentra el trabajo de Woody Allen y también el de Albert Serra, es lo que hay. Ese fue el mantra que se repetía sobre Filmadrid el primer año. Es mucho más abierto que eso.

 

Javier: La peli de clausura este año, “11 minutes”, es un thriller con elementos de cine comercial, pero dirigida por un maestro como es Skolimowski. Es una película fulgurante de acción pura.

 

En la Competición Oficial hay mezcla de cortos y largometrajes. ¿No es demasiado ecléctico?

 

Javier: Bueno, está organizado de manera coherente en el sentido de que el corto y el largo dialogan de alguna forma, con lo cual se enriquece la experiencia para el espectador. Era ya una premisa que nos marcamos el año pasado, pero no encontramos películas más cortas, porque la verdad que da igual la duración, el cine se rige por otras cosas. Hay películas como “Casa de Quina” que dura ocho minutos y que nos parece maravillosa. Esta idea de que compitiera justo con otra de mayor duración nos parecía coherente. No estamos nada de acuerdo con mover las películas de menor duración a un gueto, porque eso es contraproducente para las películas.

 

Nuria: Sí, porque hay películas que llegan al mismo valor artístico durando ocho minutos que durando ciento ochenta. El valor, la esencia de eso no reside en la duración. Eso es algo que se definió por cuestiones comerciales, sin hacer popurrís de cortos ni de sesiones eternas.

 

¿Qué sensación os dejó la anterior edición?

 

Nuria: Yo todavía sigo sorprendida con la cantidad de gente que vino y con que se llenaran películas que a mí me habrían parecido impensables. En otras circunstancias, una peli de esas características hubiera tenido sólo siete personas en la sala. En las sesiones del festival, a veces faltaban sillas.

 

Fernando: Hubo mucha gente que se molestó en descubrir películas y luego no lo entendían. En los coloquios con los directores se lo comentaban abiertamente. Ese es el encuentro que tiene que hacer un festival de cine: tiene que haber un diálogo. Se trata de abrirse y explorar otros caminos. Aunque haya un público fijo, por ejemplo en Vanguardias, que sabe a lo que va.

 

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¿Cuáles han sido vuestros referentes de festivales?

 

Javier: Si tuviera que elegir un referente, en cuanto a la idea, yo diría que es como el festival de Rotterdam, pero cuando empezó. Salió de la nada, siendo pequeño e intentando dar a la ciudad un cine que no tenía y llevar a realizadores veteranos y nuevos. Pero también nos fijamos en otros, como el D’A en Barcelona.

 

¿Cuál es el ingrediente para conseguir el festival de cine perfecto?

 

Fernando: Presupuesto, básicamente (risas). Cualquier apoyo, bienvenido sea. Pero lo hemos hablado aparte y hemos comentado que, en unos años, sería genial tener un proyección en una plaza pública. Algo grande en la ciudad, algo como lo que se ve en Locarno. ¿Por qué no en Madrid? Esto ya no es cuestión de presupuesto, sino de una coordinación política y cultural de la ciudad. Estamos empezando, igual llega el año en el que podemos hacer cosas a gran escala.

 

¿Es difícil de llevar esta gestión?

 

Nuria: Es bastante estresante, es mucho trabajo. Y somos pocos, unas siete u ocho personas todo el año. A los pocos meses están los voluntarios, la gente de la web, prensa, etc.

 

El cartel también es muy de la vida madrileña, con esas terrazas y ese aire de verbena.

 

Nuria: La diseñadora es la misma del año pasado, Ana Cubas, ha hecho el cartel y toda la gráfica. El año pasado era una panorámica de una ciudad con una mano que había encendido una cerilla, y la idea que tuvo Ana era darle la vuelta a ese cartel y que fuera el lugar donde estaba la persona que había encendido la llama. Pensó en las azoteas de Malasaña, también algo muy madrileño. Además, este año haremos cosas en terrazas, y nos gusta ese espíritu como festivo y aprovechar que, al ser junio, empieza el buen tiempo. Cuando nos has preguntado sobre qué es lo necesario en un festival, otra de las cosas es que tenga vida, que se note que la gente está ilusionada, que luego quedas con conocidos y se abren relaciones entre personas que asisten. Así que la idea de fiesta va muchísimo con el espíritu del festival.

 

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