Generación 2017: una cita obligada

La Casa Encendida vuelve con una nueva edición de “Generaciones”, la convocatoria para artistas menores de 35 años, que repasa el panorama del arte contemporáneo emergente en España de la mano de diez jóvenes artistas. Un recorrido por la exposición nos descubre los proyectos seleccionados. Por Nerea Ubieto. 


23 marzo 2017

La presente edición de Generación 2017 en La Casa Encendida realmente merece la pena por la destacable calidad de los artistas, la originalidad de las piezas y un diseño expositivo armónico en el que cada obra tiene su lugar. La convocatoria se ha consolidado tras 17 años de andadura, como una de las grandes oportunidades para artistas jóvenes de afianzar su carrera, sobre todo a nivel nacional.

 

Diez son los afortunados que participan en la muestra con una obra inédita hasta el momento. La selección reúne piezas de distintos formatos y muy heterogéneas a nivel conceptual, sin embargo, se perciben también claros intereses comunes que trazan vínculos entre los discursos. El comisario, Ignacio Cabrero, se refiere al universo de lo lúdico para conectar los trabajos, a esa necesidad que tiene el arte de relacionarse con otros campos del saber, como puede ser el de la alquimia. Subyace en ellos – dice – la idea de “fugarse” de lo real para encontrar otros mundos, instantes donde la razón deja de existir y se accede a ese lugar que nos invita a observar distraídos y embelesados, como mirando a las musarañas.

 

Precisamente con una mirada detenida, se presentaban los performers de la obra de Rosana Antolí, “F=P.e/1”, el día de la inauguración. Al ritmo de la música electrónica, un hombre y una mujer ejecutaban movimientos espasmódicos en interacción con las esculturas pendulares que conforman la instalación. La acción producía cierta respuesta hipnótica en los espectadores, que apenas nos atrevimos a parpadear. La tensión permanece en la obra a pesar de no contar con los performers. Los objetos tienen un movimiento autónomo que se repite y se integra en una coreografía grupal, invitando al visitante a formar parte de ella: haciéndole ser consciente de una realidad que le rodea en su vida cotidiana pasando normalmente desapercibida.

 

Rosana Antolí, “F=P.e/1”. Fotografía: Sara Navarro.


 

Compartiendo espacio, la instalación de David Crespo “El Juego de la Hiena” toma como base un juego milenario de África, del que se apropia para desarrollar una serie de acciones e instalaciones que hablan del paso del estrecho de los emigrantes en su intento por llegar a la Unión Europea. Las diferentes piezas hacen referencia a este fenómeno desde perspectivas más o menos conciliadoras y manteniendo el tono lúdico y desenfadado que caracteriza al artista. Una barra de madera actúa a modo de puente en el que se contraponen metafóricamente dos territorios, Europa y África, los mismos que se sentarán a dialogar a través de un tablero híbrido que fusiona el Juego de la Oca y el de la Hiena. Entre las esculturas, un vídeo sobrio y directo yuxtapone la imagen de dos ocas con el audio de unas hienas ladrando y riéndose: aludiendo al peligro que se intuye, pero que no está.

 

David Crespo, “El juego de la hiena”.


 

La pieza de Lorenzo Sandoval “Shadowwriting (Talbot/Babbage)” parte de la noción de esquiagrafía que tomaba Henri Fox Talbot para hablar de la fotografía o “escritura con sombras”. La obra se plantea las relaciones entre los inicios de la computación, la fotografía y la industrialización y establece una relación con la actualidad donde estas técnicas también regulan muchos de nuestros afectos. En la pieza juega con la tensión de elementos de carácter más duro y más blando, mostrando procesos orgánicos que también se refieren a patrones repetitivos o matemáticos. Hay una serie de circulaciones que van retroalimentando las piezas, al igual que en el vídeo se percibe un montaje dialectico que rearticula el resto de elementos en la sala.

 

Entre la tecnología, la magia y el futuro, Marian Garrido plantea un proyecto basado en un personaje ficticio – John Titor – que apareció en los 2000 en foros de internet presentándose como un crononauta y haciendo predicciones venideras. Aunque se enfrentó a cierto escepticismo, fueron muchos los entusiastas que le siguieron e hicieron preguntas sobre tiempos inexistentes, una reacción que difícilmente podría darse hoy en día. La instalación “Souvenirs of Future Nostalgia” es una cámara de las maravillas en la que cada elemento nos habla de una historia encapsulada que bien podría estar dándose en el futuro o en un mundo paralelo.

 

Marian Garrido, “Souvenirs of Future Nostalgia”.


 

El vídeo de Fito Conesa “Non Unísono”, nos muestra a un peculiar coro de chicos en pleno proceso de transformación de voz. Se trata de un momento crítico en la carrera de estos adolescentes que son apartados de su dedicación como consecuencia de un cambio que no depende de ellos. El artista pone en valor a este “grupo de rechazados” y genera una composición, a partir del calentamiento de voces, en la que la expresividad es el elemento central. Una acción muy básica que, sin embargo, dirige nuestra atención a problemáticas identitarias y de construcción social.

 

June Crespo en su obra “S/H Fuerzas Felices” distribuye magistralmente las piezas escultóricas en el suelo de la sala mediante un ejercicio que combina la intuición con una disposición meditada. Se trata de objetos e imágenes que la artista extrae de diferentes sistemas de producción y consumo para trasladar las sensaciones matéricas que producen en relación con otros cuerpos. El resultado es una instalación equilibrada– en la que cada elemento se relaciona en su justa medida con el resto – y que nos provoca reacciones de atracción y rechazo.

 

June Crespo, “S/H Fuerzas Felices”.


 

En su interés por la memoria subjetiva y la transmisión del conocimiento, Diego Delas en su obra “20.000 toneladas de tierra” toma como punto de partida la película de “Ciudadano Kane” y el personaje en el que está inspirado su protagonista: Randolph Hearst. El magnate construyó un castillo – Xanadú en el filme – con 20.000 toneladas de materiales procedentes de distintos palacios del mundo y en paralelo, de la misma manera, se erigió el Rancho Piedra Blanca a través de los reportes de su agente en España. El artista realiza una instalación en la que recupera el pasado y sus ornamentos alineando fragmentos que pudieron haberse extraviado antes de realizar la catalogación del patrimonio.

 

Carlos Fernández-Pello nos propone básicamente un banco de sala que no pasa desapercibido, pero que sigue cumpliendo su función principal: disfrutar de las otras obras. Por otro lado, los cojines representan las grandes tendencias del mundo del arte, el “Marco de referencia” en el que se mueven las prácticas contemporáneas a pesar de su intento por evitar la moda. Postcolonialismo, género y tecnología son los tres grandes tótems en torno a los cuales se articulan los discursos y a los que el artista va a poner en crisis. Es cierto que los grandes temas pierden potencia al repetirse, pero también llegan a más gente, por eso la “suspensión” no es necesariamente una crítica.

 

En el primer cortometraje realizado por Blanca Gracia traslada con éxito a la pantalla su imaginario repleto de personajes exóticos y mundos pseudo-ficticios tan presentes en sus pinturas y dibujos. “Acme en dos variaciones” cuenta una sencilla historia inspirada en los relatos que contaban los juglares para aleccionar a una sociedad no educada. Arrancando con un mismo comienzo, la narración tiene dos posibles finales: el niño que acaba convirtiéndose en tirano, o bien, en rey espejo. El simbolismo, los mitos y los guiños a tradiciones populares están muy presentes en la película a través del vestuario y la interpretación de unos actores amateurs. La trama tiene como referencia la pintura medieval de “Alegoría del buen y mal gobierno” de los hermanos Lorenzetti donde el rey Midas encarna las dos personalidades contrapuestas.

 

Blanca Gracia, “Acme en dos variaciones”.


 

Para terminar, la obra de Rubén Grilo es probablemente la más desconcertante, sorprendente y polémica de toda la exposición. No esperen verla porque es invisible: se trata de una serie de huellas dactilares – distribuidas por las salas y el resto de piezas – que el artista ha ido depositando con unas yemas de dedos de silicona. En concordancia con el afinado discurso que caracteriza su producción, Grilo reflexiona sobre los procesos para materializar la individuación hoy en día, casi siempre mediados por la industria y la tecnología. El elemento identitario por antonomasia, la huella, también puede ser producido en masa.

 

Rubén Grilo, “Noone, Allness”.

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