Hacia donde Olmedo miraba

La galería Ponce+Robles acoge hasta el 19 de mayo la muestra “Hacia donde Olmedo miraba”, una exposición dedicada al arte contemporáneo ecuatoriano que nos permite conocer las últimas tendencias que se están desarrollando en este país. Por Nerea Ubieto.


25 abril 2017

La exposición “Hacia donde Olmedo miraba”, que podemos visitar en la galería Ponce+Robles, nos proporciona una muy buena idea del arte contemporáneo de calidad que se está llevando a cabo en Ecuador. El motor de tan magnífica y cuidada selección tiene nombre propio: Pilar Estrada, comisaria, actual directora del Centro Cultural Metropolitano de Guayaquil y, por encima de todo, promotora incansable del arte ecuatoriano. Aunque estudió Gestión Internacional en Ciencias Políticas, a los 19 años ya estaba involucrada profesionalmente en el arte. Su especialización ha sido amplia, desde el análisis de los fondos del Museo Antropológico de Ecuador o el manejo del primer archivo de arte contemporáneo del país, hasta la dirección del Museo Municipal de Guayaquil o la creación de su propia galería, NoMínimo. Esta última, dice, ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de su vida, sobre todo por haberle implicado en el establecimiento de un público que valora el arte contemporáneo conceptual y arriesgado en un país donde la aceptación de este tipo de prácticas no es fácil. El mejor ejemplo es el Club de Coleccionistas de NoMínimo, un grupo de personas –en su mayoría jóvenes– que se están formando de la mano de Estrada para ser coleccionistas a través del contacto directo con los artistas. Además de las actividades programadas y los descuentos, el pago mensual les permite participar en un sorteo con cada nueva exposición en el que pueden ganar una obra original.

 

 

Raquel Ponce y José Robles conocen el trabajo de Pilar Estrada desde hace años y han apostado con los ojos cerrados por una escena, la ecuatoriana, que a pesar de estar todavía en construcción, merece la pena seguir de cerca. La invitación a realizar un proyecto independiente, incluyendo a artistas externos, responde a una filosofía aperturista de la galería, que desde el principio ha contado con comisarios para ofrecer una visión enriquecida de la escena internacional.

 

La exposición, “Hacia donde Olmedo miraba” tiene que ver con un monumento situado en Guayaquil cargado de historias y controversias. Su protagonista, José Joaquín de Olmedo, fue el primer presidente de la ciudad y uno de los iniciadores de independencia guayaquileña como provincia en 1820: todo un ejemplo de gesta heroica y libertaria para el resto del país que permaneció bajo el dominio español durante dos años más. La escultura conmemorativa de este líder político y poeta ecuatoriano se encargó en 1878 al artista francés Jean Alexandre Falguière, sin embargo, desde su inauguración en 1892 el monumento es motivo de dudas y polémica debido a su gran parecido con la figura de Lord Byron ubicada en Hyde Park.

 

Años después, con el proyecto de regeneración urbana en los 2000, se cambia la cara de Guayaquil al mundo y se decide mover la estatua de Olmedo al malecón que da al famoso río Guayas. Aquí es donde comienza el segundo debate: ¿hacia donde debía mirar Olmedo, hacia el rio que posibilitó el crecimiento de la urbe o hacia la ciudad que él mismo construyó? “Finalmente mira al río o da espaldas a la ciudad, como lo quieran ver”, apunta Estrada. Esta historia patria, no exenta de humor, es el punto de partida para articular un discurso que habla del país y desde el país. Hay muchos hilos conductores, uno de ellos es el paisaje, ligado a esa idea de nación y representado en el escudo y la bandera de Ecuador. El conjunto de obras presentes en la exposición desmitifican de diversas maneras la historia buscando una forma alternativa de contarla.

 

Óscar Santillán. “Manifiesto of Godness”.


 

Oscar Santillán en su proyección de diapositivas “Manifiesto of Godness” sube al Parque Nacional El Cajas, toma leche de una vaca y la lleva durante 36 km en su boca hasta llegar a la ciudad de Cuenca y dársela de beber a un gato. En la línea del resto de su producción, este impecable artista, realiza una acción heroica para tratar de hacer un bien a una sociedad de la manera más absurda.

 

Un viaje algo más largo – del Valle del Chota a Guayaquil- es el que emprende la artista estadounidense Karina Skvirsky en busca de sus orígenes ecuatorianos, de la misma manera que huyó su abuela de la ciudad en 1900 en busca de una vida mejor: en burro y andando. Vistiéndose y peinándose como su antecesora, Skvirsky va tomando fotografías por el camino que contrasta con imágenes antiguas de la zona a modo de collages. La obra titulada “El peligroso viaje de Rosa María Palacios” se completa con un vídeo en el que se revelan descubrimientos personales cargados de simbolismo y afecciones.

 

Karina Skvirsky. Fotograma de “El peligroso viaje de Rosa María Palacios”.


 

Fabiano Kueva es descrito por la comisaria como un artista poco común y un investigador único que va siguiendo desde el 2011 los pasos del explorador Alexander Freiherr von Humboldt (1769 -1859) por América. En su obra “El oído imperial”, Kueva representa uno de los dibujos de Humboldt sobre el complejo arqueológico de Ingapirca situado en la provincia del Cañar, Ecuador, utilizando tierra proveniente del lugar. En los audífonos escuchamos un texto de Humboldt sobre las ruinas, en español y en alemán.

 

La acción de Adrián Balseca es quizá, comenta Estrada, uno de los desfalcos conscientes más divertidos de la historia reciente del arte ecuatoriano. El artista consiguió fondos del Ministerio de Cultura para hacer un monumento artístico que se emplazase en el primer pozo de extracción petrolera del ecuador. Con todo el dinero que consiguió de las diversas instituciones del Estado crea “2 °11’07″5 80 ° 51’47” W”, el primer monumento de Ecuador ubicado en el mar: una boya amarilla de hierro que representa el símbolo del comercio y concebida en honor al petróleo, causa de riqueza y miseria del país.

 

Adrián Balseca. “2 °11’07″5 80 ° 51’47” W”.

 

El trabajo de Ricardo Coello Gilbert se caracteriza por el uso del texto y cierta tendencia obsesiva. En la obra expuesta, “Linderos de un espejismo”, el foco está en Dios y la religión, una práctica muy ligada a la conquista y a la absorción de lo ajeno como propio. El artista utiliza un ejemplar de Don Quijote de la Mancha para recortarle todas las veces que aparece la palabra Dios, alrededor de 600, y compilarlas en una torre de poder. “Quitarle Dios al Quijote es como quitarle ese valor a la conquista”.

 

Rosa Jijón estuvo en una residencia artística en la Antártida donde realizó su obra “La Tri-Antártica”, fotografía en la que aparece un grupo de científicos –asentados en esta base– con la vestimenta del equipo de futbol de Ecuador. La artista engrandece a un grupo de cerebros anónimos a través de un atuendo que implica el “endiosamiento” inmediato por gran parte de la sociedad.

 

Por último, José Hidalgo-Anastacio en su obra “Transmutation” trabaja con medidas en desuso para hacer un ejercicio absurdo per se y crear nuevas cartografías, teniendo en cuenta que cada espectador hará sus propias lecturas debido a la carga política implícita.

 

Rosa Jijón. “La Tri-Antártica”

 

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