Hasta siempre, Mercado de Fuencarral

El próximo verano el Mercado de Fuencarral cerrará sus puertas. Aquí va un pequeño homenaje. Por Filósofa Frívola


10 noviembre 2014

mercado

 

Me vais a permitir que me ponga cursi. Allá va:

 

Fuiste la sede física de mi despertar a la vida. A la vida de verdad, a la que había más allá del chándal del colegio y el no ser nadie. En navidades y en los cumpleaños te visitaba con frecuencia con el dinero que me daban los papás y los tíos. Y me lo pulía con una felicidad… Cuando cumplí quince fue una camiseta rosa de lycra de cuello alto, y unos pantalones negros de cintura alta de pata de elefante. Seguro que si me lee alguno o alguna de aquella época se acuerda de ese conjunto, porque fue mítico.

 

En mi colegio concertado había gente que en lugar de preguntarte por qué música te gustaba, o qué leías pasaban directamente al “¿Y tú dónde compras?”, porque además de la cuestión del estatus económico estaba aquello de que con el uniforme no había quién distinguiera muy bien quien era qué, salvo quizás por los abrigos. Creo que el mío era una chaqueta del ejército alemán, que se llevaban de teñidas de todos los colores. Yo le decía a esta gente que me gustaba el Mercado de Fuencarral. Me consideraba “alternativa”. “¿Alternativa a qué?” nos preguntaba nuestro tutor a mí y a Paula, la otra alternativa, (que después de tantos años sigue siendo mi mejor amiga). Pues alternativa a secas, joder. Alternativo era una tribu en sí misma. Alternativa a toda esta panda de pequeñosburgueses de mi clase que llevaban mochilas Roxy y lucían moreno de esquí.

 

En el Mercado de Fuencarral me compré muñequeras de pinchos de goma fluorescentes, y gargantillas, un montón de gargantillas con bolas enormes de colores. En el Mercado de Fuencarral vi los primeros piercings, las primeras gafas de pasta, los primeros pelos de colores, y olí por primera vez el poliéster pocho de la segunda mano que nos vendían a precio de oro, pero que comprábamos tan felices porque teníamos catorce años y éramos delicados copos de nieve únicos y especiales que merecíamos el mundo entero. Creímos que lo tendríamos. Nos iba a ir guay. Porque éramos brillantes y especiales, y no había quien nos ganara expresando nuestro apasionante mundo interior mediante de la indumentaria. Qué espantajas a veces, pero qué divertido.

 

Gracias al Mercado de Fuencarral un día aparecí en casa con todo el melenón teñido de rosa fucsia. Mi madre estuvo días sin hablarme. En el colegio fui ya por siempre la del pelo rosa. El Mercado de Fuencarral fue el templo, un refugio, una casa, una inspiración. Las primeras veces entrabas medio temblando, sin saber muy bien que puerta abatible escoger, porque no estabas segura de si una simple mortal cabía en ese universo tan mágico. Luego empezabas a conocer a la gente de las tiendas, pasabas a saludar, a estar un rato, a dejarte ver. Eso era ocio de calidad.

 

Gracias al Mercado descubrí cómo se vestía y comportaba una persona a la que le gustaba cómo sonaban Joy Division y la banda sonora de Trainspotting. Flequillos en pico, chapas en las solapas, pincitas de colores en cortes de pelo a lo Winona, escapadas nocturnas al Tupper, colarse, llevarse y liarse con gente muy mayor, con los djs, con veinteañeros, con chicos que se maquillaban y se parecían a Brian Molko.

 

Hace ya muchos años que no entro al Mercado. Por lo que cuentan creo que ambos hemos cambiado mucho. Pero siempre tendré en la cabeza el sonido metálico de las escaleras, recordaré las horquillas de fieltro, el musicote, y sobre todo que fue EL lugar de Madriz donde ser diferente.

 

Ay, qué penica y qué mayores nos hacemos. Cómo molaron esos primeros 2000. Mi época. Qué gran época.

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Comentarios:

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nomeacuerdodeminick says:

Hace unos años (y no hace tantos!) lo habría lamentado de veras. Ahora solo entraba para ir al baño.

David says:

Yo iba al instituto al lado cuando lo abrieron, pensé que su campaña publicitaria de apertura, la de “odio los centros comerciales, centro comercial fuencarral”, esa con la que ilustras el artículo, era una engañifa tan evidente que la gente no sería tan estúpida como para caer en un oxímoron tan grande. Pues parece ser que no, que caisteis y encima le dáis homenajes y todo.

Ole! Viva el centro comercial de los guays! Comprar guay es guay!

No te preocupes, los dueños han vendido el centro comercial guay a una cadena no tan guay, alguna de las de Amancio o similar. Y con la pasta obtenida todos estos años a base de vender a los guays tintes de guays, ya han cogido el pasadizo que comunica corredera con fuencarral que esta a escasos 50 metros de ahí. Dentro de poco podrás lucir un pelo perfectamente teñido a la moda guay.

¿Que es la gentrificacion? Me preguntas mientras tiñes el mechón de tu pelito de azul. ¿Que es gentrificacion? ¿Y lu me lo preguntas? Gentrificación eres tú.

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