Hipsteria

En 1989 empecé a salir por Malasaña. Había yonkies, inmigrantes “de primera generación” y bares polvorientos de suelo de asfalto donde sonaban los Clash… Por Diana Aller


25 junio 2014

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Malasaña era un barrio sucio y descuidado con mercerías, fruterías y parejas de ancianos caminando despacio. Después llegó el crecimiento económico, la especulación, la profesionalización del ocio, decenas de ordenanzas municipales, la apertura de bares, generaciones nuevas que acumulaban desencanto y modas… Y un cuarto de siglo después, Malasaña se ha convertido en cuna de una extraña modernidad: el hipsterismo.

 

Hace unos días se estrenó on line la serie Hipsteria, causando un pequeño revuelo (pequeño, mínimo, contenido) entre la juventud más despierta. Menor impacto ha tenido entre los habitantes de Malasaña, una saludable mezcla de edades y tendencias. La web “Somos Malasaña“, una de las voces del barrio, colgó el estreno de la serie y enlazó a los capítulos en rotación de MTV. Los comentarios iban principalmente en dos direcciones: meterse con la serie (flojita de contenido, diálogos poco trabajados, pero con muy buena gráfica y algún toque de humor salvable) y por otro lado, meterse con los hipsters.

 

He aquí el gran meollo del tema: ¿qué es un hipster?

 

Dejando a un lado la etimología y los comienzos (de hace décadas) de uso del término, comenzó siendo algo puntero y novedoso, y rápidamente se asumió como una tribu urbana más. Todo esto ha ocurrido en tres años como mucho. Lo hipster ya no es moderno, es una parodia de la modernidad misma. Son chicos con camisas de palmeritas abiertas, barbas largas, pantalón arremangado. Son chicas de color de pelo artificial, con croc tops y microcalcetín blanco. Van en bici, tienen profesiones liberales y muestran ciertos intereses culturales.

 

La esencia la han captado perfectamente (creo que sin ironía ninguna, pero no me queda claro) Hipsters from Spain, un portal donde se muestran instantes, casas, aficiones y sus protagonistas, de todas las edades y con un denominador común algo etéreo y muy estético. Éstos son hipsters –por decirlo de algún modo– más “internacionales”.

 

Pero el concepto de hipster en Malasaña es bastante más cerrado y estereotipado. Más incluso que lo que Hipsteria muestra. En la serie, más que hipsters, hay chonis con algún complemento o estampado moderno. Y lo que la cultura juvenil popular entiende por hipster es algo más amplio. Los de Malasaña, uniformados, jóvenes y en apariencia rebeldes son una especie autóctona, pacífica e inocente de Madrid.

 

Sin duda, Malasaña es el centro social de los hipsters de Madrid. Algunos incluso viven en este castizo barrio. Las terrazas, los bares y las tiendas de ropa vintage que han florecido como champiñones reventones, son el hábitat perfecto para esta especie.

 

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Como madre de familia y como vecina del barrio, no puedo evitar ver el fenómeno hipster desde cierta ternura y con media sonrisa. Es agradable ver jóvenes inquietos, comprobar cómo el consumo ha incentivado cierto movimiento en el barrio. Lugares como Tipos Infames (de vino y libros) o como La Bicicleta (restauración y mundo ciclista todo en uno) no habría tenido cabida hace unos años. Incluso comercios más tradicionales como fruterías y tiendas de plantas, reciben la visita de estos jóvenes con la cintura casi en las axilas.

 

Hubo un momento (efímero, discreto, como todo en esta etapa sociocultural) en el que esta nueva juventud parecía incomprendida, original y rompedora. Sí, en un principio, los hipsters de Malasaña caían mal. Pero esa aparente insolencia no era más que una pose hedonista –cortita si me apuran– que enmascaraba a los mismos chicos de siempre, intentando desmarcarse del mundo imperante como lo hace cada generación. Y como cada cosecha de mancebos, han terminado uniformándose y mimetizándose entre sí.

 

Los hipsters, al menos los de Malasaña, siguen siendo los mismos cachorritos asustados que los mods o los punks, aunque se dan baños de cultura y cine y entienden de manualidades y cosas tan exóticas como cerámica o catas de café.

 

Se les ve mucho, pero solo representan una pequeña parte del barrio.

 

Malasaña es hipster, sí (y no hipsteria). Pero también es tercera edad, es alegría, es familiar, es inmigración, es alcohol, es moda, es pequeño establecimiento, es amor, es pizza, es vida, es ropa tendida en el balcón, es sol, y es uno de los mejores sitios del mundo para ser feliz.

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Comentarios:

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Maria says:

Brava Diana!!! Eso es Malasaña!

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