Historias en el Lara

Las butacas más sabias de Madrid están de enhorabuena. Al fin, alguien les ha hecho justicia y serán desvelados los momentos de catarsis vividos entre público y teatro en el lugar donde Cándido Lara apostó por el arte en lugar de por la especulación. El viejo teatro, testigo de escarceos amorosos de Alfonso XIII, triunfos rotundos de Jacinto Benavente o de estrenos incunables como “El amor brujo”, narra sus secretos a Antonio Castro en un recorrido vital desde 1879. Por David Arias


23 Diciembre 2015

Teatro Lara 1

 

La producción teatral en este país siempre ha sido un ejercicio de inspiración y suerte. De esa manera se explica que, en 2015, sigamos hablando de un lugar con aspecto de teatro italiano pero con alma de corrala. La presentación del libro “El teatro de Lara” nos descubrió los entresijos de un lugar con magia capaz de reinventarse en cada década de existencia.

 

La fundación del teatro Lara, tal y como narra el documentado libro de Castro, responde a una serie de circunstancias afortunadas. Un reventa con suerte llamado Ramón García le sugiere a Cándido Lara, un millonario inversionista que no conoce el mundo teatral, que instale un teatro en la Corredera Baja, visionando un éxito fácil por localización y demanda. Lara construye sus viviendas en el edificio, pero reserva la planta baja a un teatro lujoso y con el encanto de lo cotidiano. A pesar de no tener ni idea del arte teatral, sabe rodearse de gente con buen gusto, eligiendo obras innovadoras en un entorno casi underground para la época.

 

Teatro Lara 2

 

Lara le ofrece a Carlos Velasco su visión y este talentoso arquitecto madrileño crea la que será conocida como “La Bombonera de Lara”. Se inaugura en 1880 con una obra de un referente hoy del callejero madrileño, Bretón de los Herreros. Todos los géneros tienen cabida entre sus paredes y todos los artistas y actores de nivel de Madrid dejan su talento sobre las tablas del teatro. Los camerinos, frecuentados por la realeza, se encuentran aún hoy congelados en el tiempo con un gramófono exquisito presidiendo la estancia. Por el laberíntico interior de este lugar hay pasadizos secretos que llevaban a la otra punta de la ciudad para complicidad de los amantes furtivos. En las paredes hay firmas de grandes actores y dramaturgos agradeciendo la experiencia. Todo es historia del teatro y esa atmósfera de ensueño no se desprende de las paredes.

 

La purera de don Cándido aún aguarda a los directores sin fortuna que prueban suerte allí. Se dice que el tamaño del habano que sacase el propietario del teatro de su purera era proporcional al éxito de la obra. Es difícil imaginar el metraje del puro fumado durante la noche del estreno de “Los intereses creados” de Jacinto Benavente. Las crónicas hablan del entusiasmo del público tras la función llevando en hombros al pobre Jacinto hasta su hogar en La Latina en 1907. Ese fue uno de los días de mayor esplendor de un teatro que puede presumir de haber acogido a Manuel De Falla en la puesta de largo su eterno “Amor Brujo”.

 

Teatro Lara 3

 

Después, llegan tiempos oscuros. La construcción de la Gran Vía aísla a la Corredera de la nueva calle repleta de la ruidosa competencia del teatro Lara. En 1916 remodelan el lugar y desaparece el antiguo café donde gente como Vital Aza, Echegaray Benavente, o los hermanos Quintero se ponían ciegos a vinos y a conversaciones sobre la vida y el arte. Antes de la guerra civil, la hija de Lara quiere vengar su gran odio infantil. Ordena en su testamento derribar el teatro para albergar viviendas. Afortunadamente, las maderas siguen en un escenario que en 2015 pisan grandes actores, el autor del libro y cronista de Madrid y el responsable del Lara. Ellos explican en la presentación del libro que recoge vivencias únicas, estas locas historias que solo suceden en el Lara. A pesar de los malos momentos vividos por el teatro y la cultura en este país, el lugar sigue cosechando momentos teatrales únicos y apostando por gente como Marsillach o Arrabal.

 

En los últimos años, se ha abierto a un sinfín de propuestas culturales y ha acogido obras de éxito u olvido y mucha buena música como el festival SON. El palco real contempla aún ese patio sabio y sereno que degusta cada semana el noble arte del teatro. Ese palco es otra de las minas de historias que posee en exclusiva, un teatro suntusoso en donde te sientes como en casa. Un lugar donde las clases sociales son sometidas por el arte. Su aire popular siempre le ha convertido en un castizo más de la ciudad desde 1879.

 

CUBIERTA-LARA

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