Ignacio Evangelista: lo humano y lo artificial

El fotógrafo Ignacio Evangelista explora la relación entre lo artificial y lo humano, lo que separa lo animado de lo desanimado. En esta entrevista habla de sus inicios como fotógrafo hasta sus más recientes proyectos. Por Cati Bestard


14 mayo 2015

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European Borders. “Rattersdorf – Köszegcs A-H”

 

Las series fotográficas de Ignacio Evangelista exploran la intersección entre lo humano y lo artificial. Además de numerosas exposiciones individuales, Evangelista ha sido seleccionado como uno de los fotógrafos contemporáneos más prometedores por la plataforma cultural Spain Fresh y recientemente ha realizado una residencia artística en Hermosillo (México), comisariada por el Centro de Arte Alcobendas. Para Madriz realizó la serie fotográfica que ilustraba mensualmente los Relatos de Extrarradio. 

 

¿Cuándo y dónde disparaste tu primera foto y cuándo te diste cuenta de que querías ser fotógrafo?
La primera foto que recuerdo realizar con cierta intención artística fue un autorretrato de mis piernas con unos zapatos horrorosos que entonces me parecían lo más. Fue en blanco y negro y con mucho efecto de luces y sombras alargadas y todas esas cosas que nos fascinan cuando empezamos a hacer fotos. También recuerdo la primera foto que mostré en una asociación fotográfica de Valencia, y que el tipo que manejaba el cotarro la mostró como ejemplo… de lo que nunca había que hacer (eran todo altas luces y eso le pareció un sacrilegio). En ese momento creí morir de la vergüenza. La verdad, me sorprende que con esos comienzos continuara intentándolo.

 

La mayoría de tus trabajos personales están estructurados como series. ¿Qué hace que una serie fotográfica se convierta en tal? Es decir, ¿cuál es el punto en el que decides que esa idea tiene fuerza y por qué razones?
Yo tardo un tiempo en darme cuenta. Hay gente que lo ve enseguida pero yo no tengo ese don. Tengo muchas ideas, algunas incluso las empiezo pero sólo unas pocas las llevo a cabo finalmente. No soy capaz de racionalizar qué me hace tomar la decisión de seguir adelante, supongo que algo me hace creer que puede ser un proyecto sólido. Cuando estoy empezando algo, lo muestro a algunos (pocos) amigos-as de cuyo criterio me fío mucho aunque, para bien o para mal, la última decisión es mía…

 

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Stand by: “Alto Campoo”

 

En tus propias palabras tus series fotográficas exploran la intersección entre lo humano y lo artificial. ¿Qué es lo que te atrae de esta relación?
No lo sé, es algo totalmente visceral. Desde siempre me fascina esa mezcla. Supongo que es la contradicción, o el contraste que se da. Me atraen mucho las situaciones en las que parece que hay algo que no encaja del todo, como que algo no está en el lugar correcto, ya sea un lugar físico o temporal.

 

He leído que tu proyecto de las fronteras tiene un prematuro origen en cuando eras pequeño y que recuerdas perfectamente cuando atravesaste la primera frontera y la sensación que te quedó. Viendo tu serie “Selección Natural” en incluso “Stand by”, me pregunto si estas otras series también puedes enlazarlas con algún recuerdo de cuando eras pequeño o si no provienen para nada de allí?
No estoy seguro; recuerdo visitar el zoo de Valencia cuando era pequeño, pero en ese momento era de esos con jaulas bastante siniestros, aunque quizás algo se me quedó dentro. De las pistas de esquí, recuerdo mi primera visita a Navacerrada en los 90, en verano, a hacer un picnic o algo así, y ver los telesillas allí parados a pleno sol, chirriantes y sin rastro de nieve sobre la tierra seca y quedarme fascinado. Supongo que tomé nota mentalmente para años después comenzar la serie.

 

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Selección Natural: “Seven Lionesses in Hamburg”

 

Te preguntaba lo de la infancia porque veo en tus fotos una cierta nostalgia hacia algo que fue pero ya no es…¿estarías de acuerdo?
Creo que no. Nostalgia diría que implica algún tipo de deseo porque algo o alguien que se fue vuelva, y creo que no es el caso. Bueno, quizás en la serie de “Los Pasos Perdidos” se pueda dar algo de eso.

 

Otra idea que veo en tus series es la búsqueda de ciertos paisajes emocionales que se repiten en distintas ciudades. ¿Cuál es la investigación que haces para identificar esa repetición? ¿Viajas a cada localización sin saber muy bien qué encontrarás? Cuéntame el proceso…
Bueno, eso es como el amor, que no se busca sino que se encuentra. Quiero decir que cuando decido hacer una serie sobre una temática, investigo previamente sobre lugares o situaciones que creo que pueden encajar en la serie. Y luego ocurre que algunas funcionan fotográficamente y otras no. Sobre todo planifico cuando se trata de viajar y hay un tema de costes y de tiempo, por lo que hay que ir más o menos a lo seguro (aunque a veces te llevas chascos, pero eso es parte del asunto). En ese sentido, internet facilita mucho el trabajo.

 

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto que quieras avanzarnos?
Hasta el 15 de mayo estoy haciendo una residencia en Hermosillo, Sonora (México) dentro del programa “Transvisiones” de residencias internacionales de fotografía que organiza el Centro de Arte de Alcobendas durante la cual hay que desarrollar un proyecto que tenga que ver con la zona, y estoy fotografiando algunas partes de la frontera entre México y EEUU, pero centrándome en la valla propiamente dicha, en cómo ese muro infinito interviene el territorio y lo divide en dos partes. Acabo de hacer un primer viaje y tengo previsto dos más a otras zonas. Es fascinante porque, a diferencia de mis fotos de fronteras europeas, que en la mayoría marcan el lugar donde el viajero debía parar para mostrar su documentación y después cruzar (o no) la frontera, la valla fronteriza entre México y EEUU es la frontera. Es decir, cuando miras el mapa y ves la línea fronteriza que separa los dos países, pues esa línea que como todas las fronteras de los mapas en principio es una abstracción, la puedes ver delante de ti y tocarla.

 

¿Qué fotógrafos de Madrid te gustan y crees que debemos entrevistar?
El nivel ahora mismo es muy alto y además en fotógrafos de generaciones muy diferentes y en estilos muy diferentes, pero no me veo capaz de nombrar sólo a algunos porque hay docenas de fotógrafos interesantes.

 

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Fotografia de Ignacio Evangelista para el relato “Bebes”, escrito por Jimina Sabadú

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