Joachim Koester. Maybe this act, this work, this thing.

La galería Elba Benítez acoge la individual del danés  Joachim Koester “Maybe this act, this work, this thing” hasta el próximo enero, en la que el artista explora la importancia del gesto, la adaptabilidad y los estados hipnagógicos en contextos expositivos. Por Nerea Ubieto.


24 noviembre 2017

El espacio de Elba Benitez se transforma con elegancia una vez más para albergar la individual del artista danés Joachim Koester: una muestra experiencial y envolvente que permite al espectador trasladarse más allá de los muros de la galería, en un viaje tan profundo como su concentración le consienta.

 

La exposición se divide en tres propuestas aparentemente distantes, pero vinculadas de una manera íntima y sutil. El cuerpo, eje vertebrador de la producción del artista, se expresa mediante diversas aproximaciones con diferentes grados de intensidad e involucración. La videoinstalación que da título a la muestra “Maybe this act, this work, this thing”, proyectada en la sala principal, presenta a dos actrices de vaudeville gesticulando dramáticamente en un intento por permanecer vigentes frente a los nuevos medios. En la década de 1930, el vodevil desapareció como género porque no podía competir con la atrayente fuerza de la experiencia cinematográfica. Las tecnologías ofrecen grandes promesas de futuro, uniones e interrelaciones más accesibles, esperanzas utópicas, pero también son una potencia abrumadora que puede volver innecesarias las cualidades de las personas, hasta que pierdan sus trabajos. Los personajes del vídeo, frente a esta crisis, en lugar de enfrentarse o luchar en su contra, intentan adentrarse en ella, internalizarla a través de unos movimientos mecánicos y aparatosos con el objetivo de convertirse en la cámara misma.

 

 

En la interpretación de las actrices se pone de manifiesto la importancia del gesto como herramienta liberadora de los poderes que estimulan las nuevas tecnologías y como lenguaje clave para acceder a ciertos significados. “Lo que me interesa es cómo los gestos pueden desbloquear historias. Y no creo que los hayamos perdido en absoluto. Al revés, opino que los gestos y el movimiento aún hacen de puerta de entrada a un vasto espacio de historias, imágenes y emociones que figuran en el límite de las palabras” (Bestué, David y Valdés, Andrea: “Joachim Koester: Espectros narrativos”, en El Estado Mental, 30 enero 2016).

 

Según la teoría del director polaco Jerzy Grotowski, persona influyente en Koester, el actor de teatro era capaz de aprovechar el subconsciente colectivo para conectarse de una manera íntima con su público: lejos de los artificios y filtros del cine. Si bien es cierto que con el cine no se produce un encuentro real entre actor y espectador, en la obra fílmica de Koester la relación se lleva al límite a través de la performatividad, las dimensiones y el propio espacio unificador. Al situarnos frente al vídeo se produce una misteriosa interacción entre nuestro cuerpo y la energizante actividad de los personajes de la pantalla. Su presencia se hace física, las distancias se acortan. De hecho, en ocasiones la pantalla parece disolverse en un solo espacio ingrávido del que todos formamos parte.

 

 

La segunda propuesta está protagonizada por mantis religiosas cuya presencia se esconde en las imágenes fotográficas y en el vídeo. Este peculiar insecto, conocido por su extraordinaria capacidad de camuflaje, comparte con las actrices de la obra anterior cierta estrategia: la de la adaptabilidad, esa cualidad de integrarse dentro del contexto para poder hacer frente a las fuerzas acechantes. La observación calmada de la obra “Ghost mantis” conduce al espectador a una experiencia silenciosa, casi meditativa, que conecta con la última propuesta: una pieza sonora y participativa en la que se nos invita a tumbarnos en una cama durante los 20 minutos que dura la grabación. El audio comienza con una práctica de meditación al uso, ciertamente efectiva, centrada en la respiración y en focalizar la atención en diversas partes del cuerpo. A continuación, se lleva a cabo un recorrido imaginario tomando como referencia dos proyectos específicos de los artistas Robert Smithson y Marcel Broothaers. Estas instalaciones, realizadas en colaboración con el artista y compositor Stefan A. Pedersen, tienen como principal objetivo sumergir al visitante en un estado hipnagógico, a medio camino entre el sueño y la vigilia, que le permita experimentar el resto de la exposición desde una percepción alterada.

 

 

Como apuntaba el crítico David G. Torres con motivo de su exposición “Hacer cuerpo con la máquina” en Barcelona en el 2015 –parafraseo sus palabras–, más allá del mecanicismo y la lógica cartesiana, la obra de Koester consiste en pensar desde el cuerpo, con el cuerpo y a través suyo. Pero no como un tópico, sino atravesando capas y capas en las que despojarse de vestimentas conceptuales e intelectuales hasta dejar entrar al cuerpo en estados que lo sobrepasen (G. TORRES, David. El cuerpo sigue siendo actual. El Cultural de El Mundo, 2015).

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