Jorge de Cascante: “Gloria era única pero no había una única Gloria Fuertes, había muchas”

La editorial Blackie Books publica “El libro de Gloria Fuertes”, un volumen que recoge poemas, anécdotas y fotografías que ayudan a conocerr a todas las “Glorias”. Jorge de Cascante, el editor de esta publicación, nos cuenta cómo ha sido el proceso de esta antología y todo lo que ha descubierto en su investigación. Por Ana Flecha. 


24 marzo 2017

Con motivo del centenario de Gloria Fuertes, que nació en Madrid a los dos días de edad, numerosas editoriales han desempolvado sus poemas, los han vestido de gala y los ha sacado a pasear por las librerías de toda España. El también madrileño Jorge de Cascante, acaba de publicar el que tal vez sea el más ambicioso de todos, que lleva por título El libro de Gloria Fuertes: Antología de poemas y vida (Blackie Books, 2017). Hoy hablamos con él.

 

Antes que nada, enhorabuena y gracias, Jorge. Enhorabuena por este precioso trabajo de edición, y gracias por esta antología que nos regalas (a un módico precio) a quienes conocen y quieren a Gloria y a quienes la quieren pero todavía no lo saben. ¿Podrías contarnos el origen de todo esto? ¿Cómo surgió este proyecto?

 
En 2011, Jan Martí (editor de Blackie Books) me propuso que escribiera un libro para ellos, una novela. Tras tirarme años sin mandar material nuevo porque soy una persona que funciona a medias, Jan empezó a consultar distintos temas de Blackie conmigo para conocer mi opinión, y un día me habló de la posibilidad de hacer algo relacionado con Gloria Fuertes, me preguntó qué me parecía su poesía y yo me arranqué a decir cosas bonitas sobre ello y sobre la propia Gloria. A los dos meses me propuso que me encargase de editar el libro, y le dije que sí, aunque no tenía ni idea de cómo se hacía. Ahora ya me he enterado.

 

Ilustración: Ana Flecha.


 

Como dices en el texto que abre la edición, “El libro de Gloria Fuertes: Antología de poemas y vida” es un libro “cero académico y cien por cien Gloria”. En él recoges poemas y textos en desorden cronológico, pero también trocitos de vida, objetos que Gloria guardaba, dibujos y fotografías. ¿Dónde y a quién acudiste para seleccionar todo ese material?

 
El primer paso fue ir a la Fundación Gloria Fuertes, que lleva Paloma Porpetta. Entre ella y su hermana Marta Porpetta, encargada de la editorial Torremozas, me pusieron sobre la pista de las primeras personas con las que hablé sobre Gloria Fuertes: amigas suyas, conocidas, gente experta en su obra… además de facilitarme el acceso al archivo fotográfico de Gloria y a sus cuadernos, diarios, cartas, biblioteca personal, etc. A partir de ahí fue cosa de seguir tirando del hilo, cada nueva persona a la que entrevistaba me señalaba nuevas direcciones que a su vez ramificaban en otras. Hablé con gente muy cercana a Gloria Fuertes como Ginés Liébana, Mari Pepa de Chamberí, Belén Reyes, Lolo Rico, Massiel o el dramaturgo Francisco Nieva (que se murió al poco tiempo), además de con otras figuras importantes en su vida como Charo (su asistenta) o Curro (el camarero de la taberna Antonio Sánchez, en la que Gloria echaba buena parte de sus días). También acudí en peregrinación a la hemeroteca y al archivo de RTVE para repasar las entrevistas que se le hicieron a Gloria en prensa y tele durante toda su vida, las reseñas de sus libros y cualquier referencia a su vida o a su obra. Un viaje.

 

Sé que es una pregunta muy general, pero me gustaría que nos contaras qué te esperabas cuando te embarcaste en este trabajo de investigación y con qué te quedas ahora que ha visto la luz.

 

Esperaba saber más sobre Gloria Fuertes como escritora y como persona guay, porque antes de este libro no había apenas un par de reseñas biográficas copiadas y pegadas hasta el mareo, y sacadas de sus poemas confesionales, en los que ella colaba ficciones y pistas falsas sin parar. Una cosa muy poco fiable. La obra de Gloria ya la conocía bastante, así que lo que más me sorprendió fue todo lo relacionado con su vida. Y por encima de todo, su etapa en Pennsylvania como profesora universitaria (1961-1963), allí entró en contacto con el movimiento hippie, se dedicó a concienciar a sus alumnos contra la guerra de Vietnam, defendió los derechos de la mujer en el campus y llegó a hacer de telonera de Joan Baez, leyendo sus poemas traducidos al inglés sin que ninguna de las dos supiera quién era la otra.

 

 

Algo que me gusta especialmente es que hablas de la ortografía particular de Gloria, de sus laísmos, leísmos y localismos que, y te cito: “pueden parecer errores, pero son aciertos”. Lo comparto y celebro que se hayan mantenido (hay antologías de diversos poetas en las que estas cosas, incomprensiblemente, se “corrigen”). Gloria era también muy defensora de los tacos. ¿Tuvo alguna vez problemas con la censura?
 

Para ella era muy importante reclamar un lenguaje propio, al igual que reclamaba un dios propio, más parecido a un amigo imaginario con el que echarse unas risas que a otra cosa, y una sexualidad suya y de nadie más con las menores clasificaciones posibles (ligaba con hombres y con mujeres y se enamoraba todo el rato, su gran amor fue una hispanista norteamericana con la que tuvo una relación de 20 años). “Si me encasillan, me escapo”, decía siempre. Estaba muy atenta a cómo hablaba la gente y procuraba plasmarlo en sus poemas. Se apuntaba chistes y tacos nuevos en sus libretas y buscaba formas de colarlos en su poesía. Además, sus poemas primero los escribía llenos de palabrotas, y luego las iba quitando porque tenía claro que aunque borrase todos esos “hijo de puta”, “cojones” y “gilipollas”, algún poso terminaba quedando.

 

En cuanto a la censura, la vivió durante y después de la dictadura. A finales de los 60 estuvo al borde de la cárcel por un poema. Lo leyó en un recital de la librería Abril, por la calle Arenal, y un señor muy malo la denunció por pacifista. Gloria lo contaba así: “Me llevaron a los sótanos de la comisaría de la Puerta del Sol y me metieron en un cuartucho gris, frío, con bancos de piedra. Había otras cinco mujeres detenidas que ni me miraron. Encendí un cigarrillo y se me acercaron todas. “Dame un chupi, pásame la toba…” Y así empezamos a hablar y a preguntarnos qué hacíamos allí cada una. “Yo por mechera”. “Yo por puta”. Y una de unos sesenta años dijo “pues yo por abortar”. Al ver la cara que se nos quedó, añadió: “por hacer abortos gratis a otras”. Cuando me preguntaron a mí, les dije que por un poema. Me miraron confundidas”. Todo quedó en nada.

 
Más tarde, en el programa especial de Nochebuena de TVE de 1980 se censuró el poema de Gloria “Dios está en pelotas”. Fue un caso muy sonado y desde TVE acabaron teniendo que pedir perdón a Gloria Fuertes.

 
En una carta que incluyes, dirigida al dueño y camarero de un bar de Fuengirola, Gloria se refiere a sí misma como la “Sarita Montiel de la poesía”. Más adelante, ya en su época televisiva, cuando hordas de niños corrían a hacerse fotos con ella y a pedirle autógrafos, dice que se siente como “uno de los Beatles”. ¿Crees que, de haber intuido este repentino aumento de la popularidad (pasar en sentido figurado de cupletista patria a fenómeno pop) habría accedido a salir en televisión?
 
Creo que se arrepintió bastante en la última etapa de su vida. La fama le permitió vivir con tranquilidad de lo que a ella le gustaba hacer, que era escribir y leer a la gente sus cuentos y poemas, pero a la vez ensombreció por completo su otra poesía, la que no siempre estaba dirigida a los niños, y en la que trataba temas como la soledad, el suicidio, el desamor o lo prohibido. Este libro tiene como principal intención arrojar algo de luz sobre esa otra poesía suya tan de quedarse mirando al mar, no tan conocida, aunque siempre sin hacer de menos a su literatura infantil, llena también de hallazgos y alegrías. Gloria era única pero no había una única Gloria Fuertes, había muchas.

 
Hablas del Madrid que habitaba Gloria. Entre las calles y plazas que nombras, no puedo evitar fijarme en tres: Dos Hermanas, Tres Peces y Cuatro Caminos. Me llaman especialmente la atención estas ubicaciones que parecen sacadas de un libro para aprender a contar, o del programa infantil “Un globo, dos globos, tres globos”, para el que ella misma escribió la sintonía. ¿Son parte de la ficción con la que Gloria adornaba su vida, o de verdad vivió allí?
 
Podrían serlo, pero no, es uno de esos casos en los que la realidad parece de mentira. Las invenciones de Gloria se pueden encontrar por mil sitios. Se cambiaba la edad, redibujaba su vida una y otra vez… En su poema “Nota autobiográfica”, por ejemplo, dice que “a los nueve años me pilló un carro”, pero ese carro a quien pilló fue a su hermano Angelín, que murió bajo sus ruedas. A ella no la pilló ningún carro.

 

 
Gloria era madrileña y lo llevaba por bandera. ¿Qué ruta le recomendarías a alguien que quiera pasear por el Madrid de Gloria?
 
La gente que se quiera tomar unas cervezas y “echar la tarde” puede ir a Lavapiés, a la calle de la Espada, a ver el edificio en el que nació ella, y luego a la calle Mesón de Paredes, a la Taberna Antonio Sánchez, en la que hay una foto de Gloria puesta en la mesa en la que se sentaba todos los días y dejar que el sol les haga compañía. Y quien quiera vivir con fuerza su melancolía puede ir de noche a Alberto Alcocer, donde estaba la casa en la que vivió los últimos cuarenta años de su vida, y disfrutar de los espacios vacíos que ofrece Madrid a quien quiera retozar en su propia soledad y miseria. Yo elegiría la segunda opción a ciegas.

 
Entre todas las entrevistas que te están haciendo estos días ¿echas en falta alguna pregunta? ¿Hay algo que te gustaría contar y que nunca te preguntemos? Es tu momento.
 
Este libro es una respuesta a los años y años de silencio que han pasado desde que Jaime Gil de Biedma hizo de antólogo de Gloria Fuertes (en 1962) y dio a conocer su poesía más íntima, más oscura y más a la contra. Desde entonces a Gloria se la silenció por varios motivos, su fama televisiva fue uno más. Se recogió su obra en tres libros editados por Cátedra, pero no terminó de llegar a quien Gloria quería que llegase: la gran mayoría, la gente que había en la calle y de la que ella extraía la inspiración, gente lejos de lo académico y de los cánones (siempre ridículos). Gente que sepa valorar un atardecer igual que un helado o un poema, y que no se pierda en tonterías como pensar que el humor, lo confesional, o la rima consonante no valen nada porque son —según su prisma rancio— cosas fáciles alejadas de lo bueno: que es lo serio, lo incontestable. Este libro huye de un mundo de hombres grises construido para sustituir a la belleza por el aburrimiento. Gloria lo dejó dicho: “esto no es un libro, es una mujer”.

 

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