La calle toma los teatros de Chamberí

Escenario Chamberí es una propuesta inusual en la que las historias de los teatros del barrio cobran vida, mientras el público se convierte en un actor de leyenda durante unas horas. Finaliza esta semana un recorrido fascinante por seis templos de la dramaturgia, que han abierto sus puertas a todos los aficionados y curiosos que han participado en sus talleres. Por David Arias


13 julio 2016

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El día 15 finaliza esta propuesta cultural insólita que ha acercado al público historias y rutas entre los bastidores y las tablas de los teatros Galileo, Abadía, Canal, Quevedo, Amaya y Luchana. El próximo viernes se baja el telón con un taller especial y totalmente gratuito. El teatro La Abadía celebrará las fiestas del barrio –las del Carmen– con un guiño especial a la gente de Chamberí. Les reserva un sinfín de sorpresas con las que conocer el encanto del teatro a través de la esencia de sus genuinas representaciones y de las curiosidades detrás de ellas. Una manera de ir al teatro sin ver teatro convencional.

 

Esta performance interactiva ha permitido a cientos de personas de todas las clases sociales y de diferentes edades pisar el santasánctorum de la dramaturgia durante unos días y vivir en primera persona sucesos que han marcado a la ciudad a través del teatro. La idea surge de La Abadía y su intención era trabajar codo con codo con el barrio y sus vecinos. La creación de estos talleres fue todo un regalo de aniversario del teatro, que repite formato tras la iniciativa Retablo Chamberí, celebrada durante el pasado septiembre y diseñada por el dramaturgo Juan Ayala y su equipo. Retablo Chamberí fue todo un éxito de público y difusión, por lo que este año el teatro de La Abadía decidió confiar en ellos para hacer algo conjunto con el resto de teatros de la zona.

 

A Galileo le entusiasmó la idea y tras él se fueron uniendo los restantes. Juan lo ve claro: “En este caso es más necesaria la unión que la competencia. Los teatros se han dado cuenta de que comparten un mismo público y que lo necesario es crear comunidad e interés”. Y vaya si lo lograron. La respuesta ha sido muy halagüeña, aunque según Juan al público joven le ha costado unirse a los talleres, pero han logrado que algún que otro adolescente pise las tablas de estos escenarios. “Ha venido gente de todo tipo. Es cierto que ha existido una mayoría femenina, pero ha habido de todo, algunos venían interesados en el mundo de la interpretación, otros arrastrados por amigos, pero en general la gente ha salido muy contenta”.

 

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Durante las tres semanas de vigencia del proyecto y tras siete visitas a cada teatro, se cierra el telón. “No se hace mucho teatro comunitario en Madrid, no es habitual que la gente entre hasta la cocina, pero estas iniciativas generan vínculos muy potentes con el lugar”. Esta forma de conocer las intimidades de los teatros es, para Juan, indispensable para que el público se convierta en la correa de transmisión del futuro teatro.

 

La disponibilidad en cuanto tiempo y espacio por parte de los teatros ha sido absoluta. Algo que para Juan “no tiene relación con que se trate de un periodo en el que la actividad cultural de la ciudad se relaja. “El anterior fue en septiembre y existió desde el principio la misma predisposición positiva”.

 

En los talleres de Juan, pensados para narrar los entresijos e historias de los seis teatros de Chamberí, existe una parte experiencial en la que se narran en primera persona pasajes de momentos únicos vividos en estos locales. Alguno de ellos fascinante y algún otro más bien terrorífico. “Todos los teatros tienen un fantasma y si no lo tienen, siempre bromeamos. Es normal, es parte de la idiosincrasia del propio teatro. Es una profesión muy supersticiosa y además estos lugares son sitios donde se han vivido intensamente todo tipo de historias de amor, desamor, envidias, celos o éxito. Nosotros tratamos de hacer llegar a la gente estas emociones encerradas entre las paredes y los pasillos de los teatros de Chamberí”.

 

La mayoría de ellos ha tenido alguna vinculación con la muerte, como es el caso del Galileo, construido sobre una antigua funeraria, o el de Canal, edificado sobre un tenebroso cementerio. “Es habitual porque esta zona, antes del ensanche burgués, eran las afueras de la ciudad y aquí se prodigaban cementerios de todo tipo, municipales y sobre todo pertenecientes a congregaciones religiosas”. Esta labor de transmisión tan fascinante que hace Juan Ayala y su equipo nos transporta a tiempos pasados pero también a esa sensación de “peligro al encontrarte a dos pasos de la oscuridad de la platea”.

 

Aunque aún no se ha documentado ninguna aparición fantasmagórica durante los talleres, sí que se han producido otro tipo de apariciones sobre las tablas. A pesar de no ser un taller de interpretación, hay espacio para sentirse actor. El taller se centra más en las experiencias y por eso no hay libreto; existe un hilo narrativo del que se desprenden interesantes ejercicios y tramas vinculadas al concepto mapa. La representación de un barrio en un papel tiene su similitud con la representación de la vida y la muerte que hacen los actores en estos lugares. Por ese motivo, el hilo conductor de la velada es el concepto de mapa.

 

Tras decir adiós recientemente a lugares emblemáticos de la ciudad como La Guindalera o Sal de York, le preguntamos a Juan por los momentos duros por los que atraviesa el teatro en plena crisis y por su supervivencia tan necesaria. “El teatro no se puede ni se debe perder. Es como la poesía o la alegría. Se ha precariezado, por desgracia, en estos tiempos duros. La gente trabaja gratis o por dos duros, pero la escena de Madrid es tan potente que permite currar durante el día de camarero y hacer una representación cada noche. Mucha gente se ha lazando a hacer cosas muy interesantes a pesar de todo, como sucedió en la llamada Primavera de los Teatros, pero creo que la manera de sobrevivir es unirnos. Juntos somos más fuertes”.

 

Juan Ayala, Miguel y Annie son tres enamorados del teatro responsables de este viaje fabuloso por las historias de seis teatros definitorios de Chamberí. Este barrio castizo ha contado con la experiencia de Juan como dramaturgo, de Miguel haciendo montajes fuera de España o de Annie, nacida en Londres pero enamorada de España. Ellos son tres freelance que realizan interesantes proyectos para instituciones como La Casa Encendida o para barrios como el propio Chamberí y, más adelante, también para Lavapiés. De sus mentes han salido viajes insólitos a las entrañas del teatro más castizo de Madrid que, ocultas durante décadas, han renacido en seis templos de la dramaturgia.

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