La comida de mamá

Hay libros que te dejan la cabeza jodidísima y te fuerzan a reconfigurar mentalmente todo el tinglado del mundo. El último de Silvia Federici es uno de ellos. Por Filósofa Frívola.


15 mayo 2014

capitalism

 

El otro día estaba en Plaza de Castilla y pasé por delante de un establecimiento de comidas preparadas. “La comida de mamá para llevar”, rezaba el rótulo del garito. Automáticamente se me vinieron a la cabeza croquetas y empanadillas de la Cocinera, varitas de merluza Pescanova, macarrones con chorizo y lentejas de domingo. Después de sonreír, me di cuenta de algo en lo que nunca había reparado antes, y es que en mi casa llevábamos con cierto orgullo lo de alimentarnos a base de congelados y otros platos que no requerían especial elaboración. Mi madre trabajaba, y además de trabajar tenía una vida. Una vida y un trabajo que apenas le dejaban tiempo para cocinar. Ni ella ni nadie sentíamos esta circunstancia con pena en plan “oh, qué madre tan desnaturalizada, que no hace guisos espectaculares de los que requieren horas de dedicación, con su delantal y su sonrisa”. Siempre llevé con orgullo que mi madre fuera cero ama de casa. Me gustaba presumir delante de mis amigas del colegio, esas que no se quedaban al comedor porque venían sus madres a llevarlas a comer a casa, de que mi madre trabajara e hiciera algo provechoso para la sociedad, no como las suyas, que perpetuaban unos roles dañinos y un sistema de dominación, en el que sus madres eran relegadas a la esfera de lo privado.

 

Es muy probable que la pequeña yo no utilizara exactamente esas palabras, pero algo intuía. “Pues mi madre no sabe cocinar” les decía. Ellas me compadecían, pero yo las compadecía aún más. El desprecio que sentía por las madres amas de casa de mis amigas era puro y auténtico. Era un auténtico desprecio lo que sentía por aquellas madres tan perfectas de mis amigas, cuyas casas estaban siempre ordenadas e impolutas. Sin saberlo, desde pequeña había mamado ese feminismo que rechazaba el trabajo de cuidados, ese feminismo tan de los años de juventud mi madre, tan de la época en la que, como bien explica Silvia Federici en el prólogo de “Revolución en Punto Cero”, las feministas se negaron a ser como sus madres amantísimas, rechazando todo aquello que tuviera que ver con el impuesto rol de cuidadoras.

 

A mi madre nadie le pagaba por cocinar, planchar, ayudarnos con los deberes, buscarnos a la salida del colegio, vestirnos. A mi madre le pagaban por ir cada mañana al trabajo, fichar, estar unas horas, fichar de nuevo y volver al día siguiente. Gracias a esa rutina de fichajes y horas echadas en una oficina, tenía comida que cocinar, ropa que planchar, bonobús para ir a buscarnos al colegio, y dinero con el que comprarnos los libros. Ahí estaba la línea divisoria para mí, en el dinero. Por eso ante mis ojos una actividad tenía valor, y la otra no. La otra era como de pringadas. Y es que si no fuera cosa de pringadas, si fuera realmente necesaria, estaría remunerada, ¿no? Tenía todo el sentido.

 

Y en ese punto me quedé atrapada durante muchos años, sin darme cuenta (cosa que ocurrió mucho después, hace bastante poco) de que “sacar adelante” a dos niñas no es sino un trabajo hecho y derecho. Y ello sucedió porque llegó a mis manos un libro de Silvia Federici. Hay libros que te dejan la cabeza jodidísima, y te fuerzan a reconfigurar mentalmente todo el tinglado del mundo. Resulta que mi madre estaba, sin saberlo, reproduciendo la fuerza de trabajo ¡nada más y nada menos que gratis! Exactamente igual que las madres de mis amigas, unas dedicándole más rato, otras menos, ahorrándoles al Estado y a las empresas millones de euros. ¿Cómo te quedas? Pues así me quedé yo.

 

Pues bien, este viernes Silvia Federici presenta su fantástico libro, “Revolución en punto cero. Reproducción, trabajo doméstico y luchas feministasen Traficantes de Sueños a las 19:30h. Hacedme caso y no os lo perdáis.

 

silvia

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Comentarios:

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Leyre says:

Joder, me acabo de quedar medio en shock. Según iba leyendo lo que contabas sobre tu madre y las niñas del colegio, estaba pensando que me recordaba a alguien y estaba intentando recordar a quien. Después de un rato me he dado cuenta de era yo. Que yo también he mamado ese feminismo, que mi madre tampoco a cuidado excesivamente de mi hermana y de mi, ni ha cocinado como hacían todas las madres de mis amigas, no ha sido nunca la madre modélica de las películas. Quizás ha sido porque “quedó viuda” siendo nosotras pequeñas, pero sea como sea ha sido y ahora que lo entiendo, gracias.
Por otra parte, decirte que a pesar de mi nula formación en feminismo, ayer pude escuchar con mucho gusto a Silvia Federici en Bilbao, y como bien dices, hace pensar mucho y aun que si la hubiera escuchado más adelante y con más formación seguro que le habría entendido muchas más cosas y mucho mejor, gracias a oíros hablar a ti y a otra muchas feministas sobre ella no pude dejar pasar la ocasión.
Así que gracias de nuevo por lo que haces.

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