La Gatoteca, el café de los gatos en Lavapiés

Hace ya dos años que La Gatoteca abrió sus puertas en Madrid, un local inspirado en los cafés de gatos japoneses instalado en pleno Lavapiés y que cumple, además, una función social. Por María Arranz


16 diciembre 2015

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Poca gente pasa por delante de la puerta de La Gatoteca sin detenerse a mirar qué hay detrás de ese escaparate lleno de gatos pintados. De primeras, algunos lo confunden con una clínica veterinaria y otros con una tienda de artículos para animales, y lo cierto es que una pequeña parte de La Gatoteca es todo eso, pero hay mucho más.

 

Alex, una ilustradora e interiorista de Zaragoza, creó La Gatoteca como un proyecto de fin de carrera. Ella, apasionada de los gatos y de Japón, ideó este café de gatos sin pensar que finalmente acabaría haciéndolo realidad y convirtiéndolo en su forma de vida. Cuando se dio cuenta de que podía ser viable y de que además no existía algo así en nuestro país, se puso a investigar la mejor manera de llevarlo a cabo, hasta que La Gatoteca abrió por fin sus puertas en 2013.

 

En Japón, estos cafés fueron creados principalmente para cubrir la necesidad de toda esa gente que no puede tener animales en casa, pero que disfruta pasando tiempo con ellos. El concepto de los cafés de gatos nació en Taiwan en 1998. En poco tiempo se volvió muy popular y, unos años después, apareció el primero de ellos en Tokio, convirtiéndose rápidamente en todo un fenómeno y llegando a haber más de 200 en todo el país. Triunfó tanto porque en Japón los pisos suelen ser bastante pequeños y, en la mayoría de edificios, te prohíben tener animales, así que, para toda la gente a la que le gustan, estos espacios son una manera de tener contacto con ellos sin necesidad de tenerlos en casa. Además, hay cafés de animales de todo tipo: de gatos, de perros, de conejos… ¡e incluso de búhos! Y aunque todas estas cafeterías tienen mucho respeto por los animales, están más centradas en la experiencia del humano que en la del animal.

 

Sin embargo, Alex decidió darle una vuelta a este concepto para que, al mismo tiempo que los humanos disfrutaban de los gatos, pudieran ayudarles. Por eso, los gatos que habitan en La Gatoteca son gatos sin hogar, y la labor más importante que hacen allí es tratar de encontrarles uno definitivo. Mientras eso ocurre, los mininos llevan una vida feliz, con espacio para correr, jugar y descansar, comida, atención veterinaria y cariño humano, tanto por parte del equipo de La Gatoteca como de las muchas personas que acuden allí a tomarse algo y pasar un rato con ellos –una estancia de 30 minutos cuesta 4€ y una hora 6€; los niños hasta 14 años pagan sólo 3€ y, en todos los casos, la primera consumición es gratuita–. También ofrecen cursos de formación tanto para aprender a cuidar un gato desde cero, como para tratar temas específicos de nutrición, comunicación o manejo, entre otras muchas cosas.

 

La norma básica es el respeto: si un gato duerme no le molestes, si te ignora o se cansa de estar contigo no le persigas… Reglas sencillas y razonables que evitan que los gatos se estresen o se pongan nerviosos. De hecho, nada más entrar ya dejan claro que esta es la casa de los gatos y que nosotros somos sus invitados, por tanto, tenemos que comportarnos como tal.

 

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En realidad, La Gatoteca es la sede física de ABRIGA, una asociación sin ánimo de lucro creada para ayudar a los gatos sin hogar en la que trabaja un equipo de seis personas y una serie de voluntarios. Lo que ellos hacen es echar una mano a otras asociaciones y a las perreras municipales con los gatos que llevan más tiempo esperando, que tienen un carácter un poco más complicado o que tienen algún tipo de “tara” o de enfermedad, es decir, gatos que, de primeras, son más difíciles de adoptar.

 

El secreto del éxito de La Gatoteca es justamente hacer que la gente conozca a los gatos, que pase un rato con ellos en un entorno en el que los felinos están a gusto para que surja ese “flechazo” entre humano y animal. Para ellos, la labor educativa es lo más importante, puesto que tienen la teoría de que si un gato no da problemas en casa, no lo abandonan y, por tanto, no tendrá que buscar un nuevo hogar. Por eso, tratan de darle a la gente todas las herramientas necesarias para resolver y atajar lo antes posible cualquier problema que pueda aparecer en el comportamiento gatuno.

 

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Llevan a cabo además una veterinaria natural y tratan a gatos con todo tipo de problemas, desde diabetes hasta alergias alimentarias, pasando por heridas o perforaciones. Cada gato que llega pasa primero por una sala de adaptación, donde está durante algún tiempo, hasta que se habitúa a su nuevo espacio. Algunos tardan 24 horas y otros 24 días, eso depende de cada gato.

 

La filosofía de La Gatoteca se basa en que, si tú decides compartir tu vida con un animal, tiene que ser con el animal adecuado. Cada uno tiene su personalidad y su ritmo de actividad; hay gatos muy sociables, hay gatos que son hijos únicos, gatos que toleran niños y otros que no, gatos que se pueden quedar solos todo el día y otros que no… Por eso, primero se preocupan de conocer bien al adoptante, para asegurarse así de que el gato va a estar bien en esa casa.

 

Una vez que un gato ha sido asignado a un adoptante, debe hacerse socio de La Gatoteca –la cuota mínima son 50€ al año– y realizar un curso. Los socios tienen acceso gratuito a La Gatoteca con un bono de horas, descuentos en las formaciones que se imparten allí y también descuentos con profesionales veterinarios con los que ellos trabajan. Antes de llevarte un gato a casa, también tienes que hacer el curso básico, que es una especie de “manual de instrucciones” para saber cómo cuidar al animal que quieres adoptar. Además, y como explica Alex, “gato que pisa su centro, gato que siempre será su hijo”, por lo que ofrecen asesoramiento gratuito durante toda la vida del animal, a través del mail o de visitas a La Gatoteca. También tienen horas de consulta los martes por la tarde, en las que puedes ir a que te resuelvan las dudas que tengas sobre comportamiento gatuno, tratamientos e incluso preguntas más tontas que ni internet ni tu veterinario logran resolverte.

 

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Otro aspecto interesante es la labor que hacen con niños, que son siempre muy bienvenidos en La Gatoteca, enseñándoles cómo deben tratar a los gatos y cómo interactuar con ellos. Creen que es básico que los niños aprendan a respetar a los animales desde bien pequeños. También hacen actividades de aprendizaje a la lectura o de inteligencia emocional –en las que los niños aprenden a reconocer sus emociones a través de cómo actúan los gatos– y trabajan con personas con diversidad funcional, tanto física como intelectual, preparando actividades específicas para cada grupo.

 

Además de todo esto, tienen una tienda gatuna y un mercadillo permanente en la entrada con todo tipo de objetos para los locos de los gatos. Así que, si eres uno de ellos, La Gatoteca será tu paraíso.

 

 

* La Gatoteca está en la calle Argumosa, 28 y abre de martes a domingo de 11 a 21:30h. Cierra los lunes por la mañana y los lunes por la tarde abre de forma gratuita para socios y voluntarios.

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