La Iglesia de Sán José

En el punto exacto donde la Gran Vía y Alcalá se encuentran, se yergue una Iglesia de fachada rojiza con mucho encanto y notables curiosidades. Se trata de la Iglesia de San José, un punto estratégico por el que cada uno de nosotros hemos pasado tropecientasmil veces. Por Diana Aller


29 enero 2013

 

En la entrada reza una placa algo así como “Aquí se casó Simón Bolívar”. Sepan ustedes que es mentira y fruto de una confusión geográfica. En efecto Simón Bolívar contrajo matrimonio en la Iglesia de San José, pero estaba situada en otro lugar (muy cercano, en la calle Libertad) y dejó de existir hace ya bastante.

 

Si se equivoca la historia del propio edificio, ¿cómo comprobar si la rumorología del lugar es cierta? Porque sepan ustedes que existen varios mitos terroríficos, leyendas urbanas y cotilleos del Madrid antiguo relativos al edificio de la calle Alcalá 43.

 

El más extendido cuenta como una noche de carnaval en una fiesta cercana, se celebraba regado de alcohol y paganismo, un sarao para los nobles. Corría el año 1838, y en un lugar inconcreto del centro de Madrid, se bailaba y bebía sin control. Un joven británico, según la leyenda recién llegado a la capital española, se quedó prendado de una muchacha de tez pálida y cabellos oscuros que danzaba alegre y risueña con un precioso disfraz blanco. Como él no hablaba bien nuestra romance lengua, tardaban en hacerse entender en lo que se hablaban; sin embargo, como diría Mecano “El flechazo fue instantáneo”.

 

Cuando más embelesados estaban el uno con el otro, la joven, como poseída, pidió a su nuevo amigo que le acompañara hasta la cercana Iglesia de San José. El pobre sin entender, y aun con el antifaz de la fiesta en su rostro, accedió y caminó junto a ella hasta la parroquia. Por el camino charlaban adornando con gestos sus interpretaciones para superar la barrera idiomática, parecían felices. Algo hermoso se gestaba en sus jóvenes corazones. Al entrar en la iglesia, el semblante de la joven trasmutó a algo bien distinto. Palideció, parecía nerviosa y el habla le florecía entrecortada. “Déjame aquí” le espetó al inglesito. “Por favor, vete y déjame”. Confundido, el chico trató de convencerla para llevarla a casa, pero no hubo manera.

 

El pobre hubo de marcharse solo a casa, con esa sensación que seguro ustedes conocen bien: entre la ilusión y la desesperanza. Entre la alegría y el miedo. ¿Se volverían a ver? ¿Era aquello un rechazo? ¿Una aceptación? Al día siguiente, superando la consabida resaca, el muchacho decidió buscar a la hermosa joven. Se decidió a ir a la Iglesia de San José a preguntar. Tal vez fuera sobrina de algún párroco o tuviera algo que ver con el lugar.

 

Había una misa, y el joven se quitó el sombrero por inercia, sin prestar demasiada atención, mirando a quién podría preguntar por su amada. Se acercó a una joven y preguntó por ella, diciendo el nombre y apellido que le dio la noche anterior. La interlocutora se le quedó mirando extrañada. “Es mi prima” dijo, a lo que el chico preguntó con su torpe castellano: “¿Está aquí? ¿Dónde la puedo encontrar?”. Se quedó a cuadros cuando le respondió: “En aquel féretro. Este es su sepelio, ayer al medio día murió”.  Esta historia, que se cuenta con diversos personajes y diferentes matices, es un mito, y como tal no lo he podido contrastar. Sin embargo, la base histórica, según atestiguan algunos, parece fidedigna y bien construida, por lo que es probable que tenga una base de realidad.

 

Por el número 43 de la calle Alcalá, habrán pasado mil veces. Les conmino a que entren en la Iglesia y se admiren de sus pinturas murales, la cabecera dorada, el estilo barroco y la escultura de Nuestra Señora del Carmen de la fachada… Y también les invito a que imaginen a la muchacha pálida que no quiere sentirse sola al llegar a la muerte, caminando vaporosa por el maximalista edificio.

 

Allí también se casó “Papuchi” con su primera mujer, e incluso yo, hoy alegre divorciada. Sin duda se cuentan por miles las historias y secretos que guardan los lóbregos muros de la Iglesia de San José.

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