La Iglesia Patólica de Leo Bassi en Lavapiés

Como a casi todos ustedes, me educaron en la cultura católica, y un poco también en la fe. Me bautizaron, tomé la primera comunión y yo misma decidí confirmarme en un credo que sentía cada vez más ajeno. Si hubiera sabido antes que la Iglesia Patólica existía, mi vida habría transcurrido por sendas mucho más acogedoras ontológicamente hablando. Por Diana Aller.


27 agosto 2013

 

Las religiones y su idiosincrasia siempre me han fascinado, pero se me ha resistido eso de experimentar las gratitudes de la fe. Y todo ha cambiado al descubrir el Patolicismo de la mano de Leo Bassi; desde entonces mi forma de descodificar el mundo ha cambiado.

 

La Iglesia Patólica sacraliza el humor y la risa como símbolo y expresión del máximo intelecto humano. Se trata de una religión, con todas las de la ley, que recibe su nombre del Dios Pato, un pato de goma de bañera, que transmite los más altos valores a los que un ser humano puede aspirar, ¿acaso existe una imagen más inspiradora que un pato de goma amarillo flotando en una bañera? No, no existe nada más puro, inocuo, casto e inocente.

 

El patolicismo huye de los males de la ignorancia, representada como la superstición, el totalitarismo o la idolatría; errores en los que a menudo han caído todas las religiones. Además supone una vuelta a los orígenes de las doctrinas religiosas europeas, que adoraban y sacralizaban la naturaleza, a la que tanto debemos y tan poco recompensamos. Estoy segura de que ustedes, que crecieron en la cultura católica, hoy también son mucho más felices y perciben mayor crecimiento interior al adorar a una piedra cubierta de musgo, que arrodillados ante una figura agonizante y ensangrentada.

 

En la Iglesia Patólica el dogma consiste precisamente en que no hay dogma, ya que toda visión de cualquier persona es bienvenida y agradecida, siempre y cuando aporte humor, risa y buen rollo al resto de fieles. Los patolicistas no tienen porqué mostrar ningún respeto ni omitir ninguna crítica al que oficia la ceremonia, incluso mientras el rito está teniendo lugar,  siempre que dicha crítica se haga desde el humor y con el único fin de hacer reír, ya que el derecho a la burla es considerado en esta disciplina como un acto trascendental.

 

Estoy planteándome casarme, no sé si con un amigo gay, con mi hermana, mi perro, mi novio o con un bolso marrón muy mono de Zara de estas últimas rebajas. Por supuesto oficiaría la ceremonia Leo Bassi, artífice de todo este precioso y ateo invento. Las paredes, decoradas con retratos de filósofos, cómicos y científicos, serán testigos del enlace.

 

La iglesia, funciona como Asociación Cultural, y su idea es “tener un espacio que llene de espiritualidad y donde se fomenten los valores de la Ilustración y la humanidad”. De hecho, organizan talleres de ateísmo para niños y ciclos de cine, se pueden observar verdaderos huesos de dinosaurio y abrazar de manera lúdica los ideales humanistas, olvidando por completo el temor al poder religioso y empleando la duda como escudo contra el miedo y la superstición; forjando de este modo un espíritu crítico, rebelde y creativo, para ser más libres y tolerantes.

 

Hay quienes se escandalizan por el hecho de que la Iglesia Patólica de Leo Bassi tenga en un Pato Amarillo de Goma a su dios, y en ocasiones se dirigen a él con incredulidad y desprecio. Leo, por su parte, se hace la misma pregunta acerca de las deidades a las que estas personas rinden culto, y les pregunta si en algún momento de la historia un patito amarillo había perpetrado, por ejemplo, un genocidio, (ver Antiguo Testamento) lo cual tiene algo de sentido. Estas personas de oscuras intenciones son denominadas por el Patolicismo como Anti-páticos.

 

Algunas festividades en esta nueva religión son el Solsticio de Invierno; el Día de las Burlas (día de los Santos Inocentes para los cristianos); el Carnaval o Halloween, entre otros.

 

En definitiva, la práctica de esta religión ofrece actividades amenas, saludables y muy necesarias en momentos de sequía intelectual programada desde los gobiernos.

 

Por todo lo anterior y mucho más, les invito a visitar el Santuario del Paticano de Lavapiés  y a convertirse en Patólico (Travesía de la Primavera, 3). Allí se celebran ritos de todo tipo como bodas, misas o conversiones. En el caso de las bodas, todas ellas son aceptadas si existe un verdadero pacto de amor, y como es lógico, reservando antes una fecha. Si lo desea, también puede bautizarse, eso sí, tiene usted que haber cumplido la mayoría de edad.

 

Me hallo en el convencimiento absoluto de que el Patolicismo cambiará el mundo.

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