La Pantalla de Madrid: Después de… No se os puede dejar solos

La Pantalla dedica el mes de noviembre al trabajo de Cecilia Bartolomé y el documental, género siempre en contacto con las personas y el presente, y elige un trabajo que hoy es aún más necesario que cuando se realizó. “Después de” te cuenta todo lo que siempre quisiste saber sobre la Transición y nadie te ha contado. Contado bien, quiero decir. Por Grace Morales.


15 noviembre 2018

La alicantina Cecilia Bartolomé fue la primera mujer, junto a Josefina Molina (y después, Pilar Miró), que entró en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid para formarse como directora. En sus cortos de los años sesenta ya quedaron patentes sus intenciones: utilizar el lenguaje cinematográfico para mostrar una realidad incómoda y nada complaciente, muy poco frecuentada en las pantallas del cine español, sustentada en un fuerte compromiso social y feminista. Este es un ejemplo, el costumbrismo ácido de “Carmen de Carabanchel”, que en 1965 abordaba los problemas de las familias sin acceso a métodos de control de natalidad, el absoluto desconocimiento de estos temas, aparte del machismo, y como siempre, la alargada y siniestra sombra de la iglesia:

 

 

En 1969 firma su trabajo de fin de carrera: “Margarita y el lobo”, inspirada en la novela de 1963 de Christiane Rochefort, “Celine y el matrimonio”, sobre los conflictos de pareja y clase. Es un mediometraje tremendamente arriesgado, a causa del enfoque que le da su autora, y muy divertido, porque se trata de un musical e incluye canciones satíricas sobre el amor, la crisis del franquismo y la sociedad. Bartolomé señala y denuncia, no solo la situación de las mujeres en la Dictadura, sino también dentro de los grupos de izquierdas y en aquella élite de tecnócratas que entonces se estaba preparando para gobernar el país. El personaje protagonista, interpretado por la actriz Julia Peña (símbolo del cine más combativo en aquellos años) es una mujer que experimenta un proceso de liberación en un gesto inaudito: separándose del marido antes de ser despenalizado el divorcio. A partir de ahí, comenzará a prescindir de todo aquello que le ha sido impuesto para vivir de manera independiente. La película tiene trazos de Nouvelle Vague (los actores bailan y escenifican canciones por la Gran Vía, tras salir de la boda, en la que la novia se ha vestido de negro, por no ser virgen), ejercicios de meta ficción, humor a raudales, música pop sobre canciones tradicionales (mezclando catolicismo y aggiornamiento liberal, cantan el “Credo Celtíbero”, y presenta tal desenfado en los rasgos y decisiones del personaje femenino (aparece bebiendo, revelando una relación lésbica, diciendo tacos y cuestionando el rendimiento sexual de su amante), que la censura prohibió la cinta de manera inmediata. Sólo se pudo ver en proyecciones más o menos caseras hasta 2004, cuando fue presentada en el Festival de San Sebastián, como una rareza perdida, lo que dice muy poco de la consideración de la industria, la crítica y el cine español, en general. La carrera de Bartolomé se vio muy seriamente afectada: su nombre pasó a engrosar las listas negras y ella decidió dejar el cine “comercial”, para trabajar en documentales y publicidad.

 

 

En 1979 comenzó un nuevo proyecto. Esta vez solo la cámara al hombro y el micrófono en mano. Cecilia y su hermano José Juan, también componente del Colectivo de Cine de Madrid, decidieron salir a la calle y filmar la imagen y la voz de la gente acerca de los asuntos de la actualidad; es decir, realizar un ejercicio de verdadera y paradójica información sobre qué es lo que les pasaba por la cabeza a los españoles tras la muerte de Franco y el comienzo de la famosa Transición (frente a la “contra-información” que ofrecían los medios oficiales). Durante un año frecuentaron calles, plazas y lugares de reunión en distintas ciudades. El resultado son tres horas de gestos, rostros y paisajes, intercalados con filmaciones del NO-DO y TVE, que titularon “Después de”, y dividieron en dos películas: “No se os puede dejar solos” y “Atado y bien atado”. La primera tenía fecha de estreno en febrero del año 1981. Pero el 23 de ese mes sucedió la intentona golpista del General Tejero, y esta película, que terminaba con las declaraciones de un simpatizante de la extrema derecha, sugiriendo que todos los problemas de España se solucionarían con una asonada, fue a parar a los estantes de las obras molestas, enterrándola en un lío de burocracia y censura (¿pre?) democrática. En 1983 fue exhibida por vez primera en Madrid, pero de tapadillo.

 

 

Desde entonces, pasó por festivales, congresos y kermeses, nos la pasamos en VHS y con el Internet llegó a las plataformas de descarga. Luego se ha podido ver íntegra y algunos fragmentos –siempre, siempre, los mismos–, en programas de televisión, de esos como de investigación de algo, en plan anécdota humorística, que es un poco como se suelen abordar los procesos políticos, sociales y culturales en este país: como de cosas raras y de cachondeo. Gusta mucho al comunicador moderno sacar a las señoras falangistas que retrata el documental, pero nunca salen las feministas ni los jornaleros.

 

“No se os puede dejar solos” es el retrato de la sociedad española frente a un cambio muy importante, que para unos no tenía que haber sucedido, para otros hacía décadas que debía haberse realizado, y la sensación general de que ese proceso no está siendo tal y como lo han vendido. En él vemos a los que no tienen ninguna gana de ese cambio y hacen afirmaciones de adhesión inquebrantable al franquismo y al Régimen nacional católico (ese argumento de que los españoles somos como niños pequeños, y como no sabemos organizarnos por nosotros mismos, necesitamos a un líder fuerte que nos lleve derechos como una vela), y a aquellos que albergan esperanzas para que ese cambio se haga de verdad, que pueda ser un camino para salir del estado anterior, inmóvil, rancio y tremendamente atrasado, en el que muchos las han pasado canutas. Pero cuando la discusión se traslada al terreno de la práctica, comprueban que las cosas siguen más o menos igual y el poder se encuentra en las mismas manos que antes. Este documental, caso de no haberlo visto ya, lo deberíamos ver todos, porque hace un barrido en los cada uno de los ámbitos importantes: el estudiantil, el obrero, el empresario, el campo, la iglesia… y se fija en los principales puntos de tensión (por suerte, aquí no había politólogos ni periodistas culturales), que son: el paro, la reforma agraria y empresarial del suelo español, la evolución de la iglesia de organización obsoleta a organizaciones de ayuda directa en los lugares donde más se necesita, y las demandas del feminismo, que ocupan buena parte de esta primera película. Los realizadores se presentan en el juicio en Bilbao a diez mujeres por haber abortado, en medio de una protesta generalizada y recogen las impresiones de la gente allí reunida sobre el derecho o no al aborto. También aparecen las representantes del Colectivo de Abogadas Feministas, relatando casos espeluznantes de sentencias, y poniendo sobre la mesa la necesidad de renovar a la cúpula de jueces, por un lado, y el código penal, por otro, en los delitos de abusos deshonestos y violación (cosa que a día de hoy, no se ha realizado).

 

 

En estas entrevistas a pie de calle, sorprenden dos cosas: (aparte de la imagen y el aspecto de los españoles y las españolas de 1979, que parecen que han salido de una grieta espacio temporal, cuando no que son todos actores y actrices en una película de José Luis Cuerda): 1) la extraordinaria capacidad de expresión gestual y hablada de la gente –en el fragmento dedicado a los jornaleros, da la impresión que alguno se va a poner a recitar un endecasílabo-, cualquiera de ellas y ellos les daría mil vueltas a esos pedazo de políticos y gentes del mundo de la comunicación de 2018, y 2) En su vehemencia, aún son respetuosos en las formas y, sobre todo, demuestran un sentido del humor encomiable.

 

 

Los mismos problemas de hoy quedan expuestos en la película, que se produce antes de la reforma de las comunidades autónomas y la supresión de una serie de leyes del Régimen todavía en vigencia, pero que a pesar de todo, no parece que hayan llegado a cerrar las profundas brechas económicas y políticas, porque en esas seguimos: las luchas de los colectivos sociales, los cambios de nombre de las calles, las fosas de los muertos de la Guerra Civil, los desahucios, las deudas de la especulación inmobiliaria en los ayuntamientos, las crisis de las pequeñas empresas, esa presencia de la iglesia totalmente fuera de órbita, el desencanto con la justicia… La gente cree que hay mayor libertad, pero afirma que en el poder están “los mismos de antes”, y así, esa transición no es más que un truco y todo puede explotar en cualquier momento. La aparición de los defensores de Franco y Falange son un ejemplo de ese difícil equilibrio: aunque las declaraciones, exaltadas e histriónicas, de los participantes en los mítines de Fuerza Nueva o en esa conmemoración del 3º aniversario de la muerte del dictador en el Valle de los Caídos nos produzcan risa, porque son como plasmaciones del No-Do que han saltado la pantalla, ellos siguen ahí. Siguen ahí en el 79, pero aquí están, hoy, los que dan pábulo a estas ficciones de lo monstruoso, casi siempre con un claro interés comercial-electoral.

 

Mi parte preferida es el reportaje en el club juvenil de Vallecas, “Hijos del agobio”, grupo bien conocido en la época, fundadores del pub Hebe, donde los chavales y chavales, que, insisto, podrían haber salido de una película de Eloy de La Iglesia, hablan de sus cuitas en un entorno miserable y sobre la despenalización de las drogas.

 

 

En la segunda parte, “Atado y bien atado”, los directores reflejarán la Transición que los expertos en culturas del siglo XXI nunca mencionan: los muertos del terrorismo etarra y del de extrema derecha, la cantidad de incidentes sangrientos que padeció el país, en medio de un sinfín de huelgas, crisis y luchas generalizadas por el empleo, la subida de los salarios y la dignidad de la gente. Esa fue la verdadera cultura de ese tránsito incierto, como lo llama con gran sabiduría uno de los anónimos interpelados.

 

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Comentarios:

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Patricia says:

Oro puro. Gracias por la documentación y puesta en valor de estas joyas.

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