La pantalla de Madrid: Día de los Muertos

En este impresionante documental, Joaquim Jordà narra un 1 de Noviembre en Madrid, desde que amanece hasta que dan las doce de la noche. Por Grace Morales


29 octubre 2014

dia muertos

 

El cine español no tiene historias ambientadas en Halloween. Al margen de los clásicos de muertos vivientes y espantos que surgen de la tumba, obra de los maestros de los años setenta,  y algunas tímidas adaptaciones de la vida y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, lo único que hay en torno a fecha tan señalada son las puestas en escena de la historia de amor, aventuras y ultratumba Don Juan Tenorio de Zorrilla, costumbre del Día de Difuntos católico, cuando la Autoridad enterró la fiesta pagana y ancestral de Todos los Santos.

 

(Esta es la adaptación para Estudio 1 de Televisión Española, realizada por Gustavo Pérez Puig, inmejorable):

 

 

No hay nada más escalofriante, sin embargo, que el culto que se realiza en la fiesta del 1 de noviembre y que, a pesar del intento desesperado por ocultar este acto final, resurge cada año con la visita multitudinaria a los cementerios.  Por unos pocos días, muertos y vivos conviven entre coronas de flores, meriendas con mantel en la lápida, carreras de niños y abrillantamiento de cruces, conexión mundana con el Más Allá.

 

Por eso, ya que carecemos de una filmografía como la mexicana, traigo este impresionante documental de Joaquim Jordá, “Día de los muertos”, su primer trabajo, realizado en 1960 en Madrid con la UNINCI, la productora antifranquista que pudo estrenar, entre otros, “Bienvenido, Mr. Marshall” o “Viridiana”. Jordá, gerundense fallecido en 2006, fue, además de profesor y traductor,  guionista de películas taquilleras (con Vicente Aranda) y realizador de documentales y largos muy comprometidos (“El encargo del cazador”, “Monos como Becky”, “De nens”), siendo uno de los representantes de lo que se conoció como “La Escuela de Barcelona”, aquel grupo de artistas que se desmarcaron de los presupuestos del cine “mesetario” y apostaron por un compromiso social más moderno y europeo. La carrera de Jordá es mucho más que esto, desde luego.

 

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En “Día de los muertos” se narra un 1 de Noviembre en Madrid, desde que amanece hasta que dan las doce de la noche. La intención de Jordá era presentar los negocios que surgen alrededor de la muerte en un día festivo, cómo los habitantes de la ciudad pasan un tiempo con sus parientes fallecidos y después aprovechan lo que queda del día en el cine o el teatro. Además de mostrarnos cómo es el cementerio más grande de Madrid, La Almudena, en el que vivos y muertos se confunden en esa fecha,  el director quería retratar el Cementerio Civil anejo a este, donde descansan algunas de las figuras más importantes de la historia reciente, como homenaje a los que no quisieron ser enterrados en suelo católico. Esta parte no se puede ver puesto que la policía estaba esperando al equipo a la salida del cementerio, en una escena de auténtico terror hispano, y les requisaron todo el material. Antes de eso, el operador, J. Baena, pudo velar parte de la cinta, para que no identificaran a quienes aparecían en ella. De todas formas, la censura prohibió el documental y solo pudo verse en esta versión mutilada hace pocos años. Las autoridades eclesiásticas lo consideraron un atentado contra el sentimiento religioso.

 

La pieza –de apenas doce minutos– comienza en la oscuridad antes del amanecer desde el suburbano que termina en la estación de Plaza de España. Después nos muestra la plaza de las Ventas, donde se descargan los camiones de flores para abastecer a los puestos, antes de ser compradas por los que acuden al cementerio. Las voces en off, Fernando Rey y Laly Soldevilla, leen con voz neutra estadísticas acerca del número de vivos y muertos en Madrid, el espacio que ocupan los unos y los otros, así como datos curiosos sobre la penosa consideración que tenían los madrileños de este cementerio (imitando la poesía del desarraigo de Dámaso Alonso en Hijos de la Ira*),  mientras suena la música de Luis de Pablo y vemos las colas interminables de gente esperando los autobuses para ir a la Almudena, entre charcos de lluvia, vendedores de flores, niños del arroyo y marmolistas en el descampado. La parte central es desoladora: Jordá nos muestra una ciudad dentro de otra y no sabríamos decir quién está más muerta, si la que está alineada en tumbas y nichos o la que se afana en limpiarlos.

 

Terminada la visita, los madrileños vuelven a sus vidas moribundas. Una voz marcial les da instrucciones para que se agrupen en torno a los autobuses y algunos pisan las flores. Jordá enlaza esta imagen con el centro de Madrid y sus espectáculos de cine y music hall, incluido un Don Juan Tenorio en el Teatro Español con las localidades agotadas. Cafeterías y luminosos. Dan las doce, que suenan a campanas de muerto, en el Unión Relojera Suiza, en Gran Vía.

 

*  ”Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres, (según las últimas  estadísticas”.

Dámaso Alonso, Insomnio, 1944.

 

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