La pantalla de Madrid: El corazón del guerrero

Daniel Monzón estrenó hace unas semanas “El Niño”. Revisamos su debut cinematográfico, una historia de fantasía con referencias a los relatos de espada y brujería, las aventuras de Indiana Jones y el costumbrismo madrileño. Por Grace Morales


30 septiembre 2014

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La primera película de Daniel Monzón fue una superproducción de Filmax en la que se echó el resto. Animados por el éxito de “El Día de la Bestia”, el cine español apostó por otra historia de fantasía ambientada en Madrid. Sin embargo, el público no recibió con igual entusiasmo este debut de Monzón, director y guionista que ha ofrecido en los últimos años propuestas más arriesgadas que el resto de sus compañeros. Quizá por mezclar demasiados estilos y no ser muy indulgente con ninguno, como suele ser la tendencia. Por ejemplo, el thriller con toques fantastique de ”La Caja Kovak”,  la contundente “Celda 211”, y ahora “El Niño”, en las que aborda asuntos muy alejados de la charlotada habitual,  como por ejemplo la denuncia política.

 

 

En “El Corazón del Guerrero” ya existían algunos de esos rasgos. Los trapicheos políticos,  la visión romántica de perdedores que se refugian en la locura para escapar de un mundo enloquecido, son elementos que han perdurado en esta película entretenida y tierna. Bajo una historia de mundos paralelos, entre una Cimeria digital (aquí, Zaphiria) en la que se desarrollan las aventuras de un clon de Conan, el guerrero Beldar, y un Madrid en el que vive un grupo de chavales aficionados a los juegos de rol, se establece el guion que remite a los relatos de espada y brujería, las aventuras de Indiana Jones y el costumbrismo madrileño. El protagonista, un adolescente apocado, Ramón Belda (Fernando Ramallo), se desdobla en el valeroso Beldar (Joel Joan).  Mientras que el guerrero debe deshacer la maldición que una secta de brujos le ha infringido, el chico, convertido en Beldar,  es arrastrado en el complot  que unos poderes ocultos está realizando con un nuevo partido político (geniales los spots de esa “Democracia Joven”. Podrían pasar por auténticos).

 

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“La realidad es mentira”.

En este juego de mundos y avatares, se mezclan los escenarios de fantasía épica con el Madrid del momento: la mítica piscina y la azotea del hotel Emperador, el intercambiador de Nuevos Ministerios, una secuencia de acción en el Congreso de los Diputados (y los parlamentarios revelados como Iluminatti/reptilianos). La secuencia del final en el Parque de Atracciones, con Ramallo disfrazado a lo Norman Bates, tiene el encanto de ver el fabuloso platillo volante, entonces convertido en árbol cafetería.

 

En el reparto, al lado de Neus Asensi como Sonja guerrera/ Sonia prostituta, están casi todos los actores que son ahora primera línea de la interpretación o el espectáculo en la tele: buenas apariciones de Luis Tosar, Antonio de la Torre, Alfonso Lara, Enrique Arce, Adriá Collado, Adolfo Fernández, los entonces reporteros de CQC Tonino y Arturo Valls, los siempre perfectos Jimmy Barnatán y Javier Aller… No, El Gran Wyoming no sale. Santiago Segura, sí.

 

 

Conviene revisar “El corazón del guerrero”. Los efectos especiales y la banda sonora de Roque Baños son brillantes, y esa feísima manía de atronar en el cine español con la música, en este caso, sí está justificada.  Véanla y estén atentos a la última imagen… ¡Por Crom!

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