La pantalla de Madrid en verano

Un aperitivo de películas españolas que se han filmado en el verano, pero sin turistas y sin vacaciones. Pero eso sí, con el mismo sofoco que todos los años. Disfruten. Por Grace Morales


08 agosto 2016

pantalla verano cerca de las estrellas teatro

 

El verano ha sido ampliamente reflejado por el cine español. De hecho, el propio cine nació en plena canícula. El pionero y adelantado técnico, don Fructuós Gelabert, rodó la primera película con argumento del cine español en agosto 1897, “Riña en un café“. Como no podía ser de otra manera, es una mini historia de amor, piropos y bofetadas en la terraza de un bar. Esta es la reconstrucción de una parte que llevó a cabo el propio director años después:

 

 

Aparte del género creado alrededor del motor de nuestra economía, el turismo y la lista interminable de comedias y esperpentos alrededor de españoles persiguiendo a muchachas en bikini, hay muchas e interesantes películas ambientadas en una época tan entrañable y que tanto gusta. En este artículo nos alejamos de los documentales sobre ferias, romerías, procesiones y verbenas, así como de las historias ambientadas en playas, islas y lugares de esparcimiento. Esta es una breve lista de cine filmado en la época de vacaciones pero sin vacaciones, en ciudades donde se derrite el asfalto, casas de salud y situaciones distintas a las del turismo convencional.

 

pantalla verano bicicletas teatro

 

Las bicicletas son para el verano (Jaime Chávarri, 1984)

 

El popular alzamiento militar de 1936 que desencadenó la guerra civil tocó a los españoles en el mes de julio (por algún motivo, los historiadores no imaginan esta situación en otra época del año). Esta coincidencia sorprendió a mucha gente fuera de su casa y a todos los estudiantes de vacaciones. Fernando Fernán Gómez escribió una obra de teatro acerca del drama de una familia madrileña que descubrirá en esos días de calor que la guerra no durará sólo unos días y que sus vidas ya no volverán a ser igual. La obra se estrenó en el año 82 en el Teatro Español, y dos años después, Chávarri la llevó al cine, con alguno de los actores originales, que son fotografiados en el barrio de La Latina. El gran Agustín González interpreta uno de los papeles más sinceros y conmovedores del cine español. Gabino Diego, el hijo mayor que se ha quedado sin bici por suspender en el instituto, sustituye al actor Gerardo Garrido de la versión teatral, que se haría inmensamente popular en la serie “Verano Azul”.

 

 

Últimas tardes con Teresa (Gonzalo Herralde, 1984)

 

Barcelona recreada en un verano de los años cincuenta. La ambición de un hombre pobre, ladrón de motos, que aspira a salir de la miseria casándose con una niña bien del barrio de Sarriá es el punto de partida de la novela de Juan Marsé, que se adaptó al cine en una fecha tardía a su publicación, en 1966. De la película siempre recordaremos a la pareja protagonista: además de Maribel Martín como Teresa Serrat, la formada por Patricia Adriani, en su trágico papel de la criada Maruja, y el inolvidable Ángel Alcázar, como el Pijoaparte, actor malogrado recientemente. El amor y la lucha de clases en una verbena.

 

 

Noche de verano (Jorge Grau, 1962)

 

Esta película, debut del director, es una de las obras más recomendables de la década de los sesenta, dentro de un cine que va mucho más allá de la comedia estereotipada que se hacía en Madrid en esos momentos. Utilizando como excusa dos noches de San Juan y el tiempo que pasa entre ellas, Grau compone un retrato sobre las relaciones amorosas de tres parejas, que todavía sorprende por lo adelantado de las ideas, el desarrollo de los personajes y las desoladoras conclusiones. Bellísima fotografía en blanco y negro y música del maestro Pérez Olea, la ciudad se revela en verbenas, boîtes, clubs y en el vagar de los personajes por las calles tras el fin de la fiesta, en el más puro estilo de la escuela italiana, desde Fellini a Antonioni.

 

 

Cerca de las estrellas (César Ardavin, 1962)

 

El prolífico documentalista madrileño rodó esta adaptación de la obra homónima de Ricardo López Aranda, que había tenido un gran éxito en teatro. A pesar de todos los premios que cosechó, ha sido injustamente valorada por los historiadores del cine. Relata la peripecia de una familia numerosa y pobre que vive en el ático de una casa, dentro de un arrabal barcelonés a través de un domingo de verano. Un reparto muy completo (Jorge Rigaud por primera vez vestido de andar por casa, Fernando Cebrián, Marisa de Leza…) Sin atreverse a hacer denuncia social, la historia se limita a mostrar las carencias y tensiones de los personajes a través del tipismo, pero la poderosísima puesta en escena y la fotografía (los detalles del barrio, la iglesia, el kiosco de tebeos, la feria…) es tan abrumadora, que no deja margen a la imaginación.

 

 

De tripas, corazón (Julio Sánchez Valdés, 1985)

 

Casi nunca aparece en los primeros puestos dentro de los estudios sobre el cine quinqui, esta primera película de Sánchez Valdés, producida y co-escrita por Fernando Trueba, a pesar de que es una de las más sobrias y ejemplares que se realizaron.

 

pantalla verano de tripas corazón cartel

 

Protagonista absoluto es Madrid en un asfixiante agosto de los ochenta (pocas veces tan bien retratado, desde los lugares más conocidos del centro de la capital – los bares, las terrazas de verano – a sitios como Carabanchel y la antigua cárcel), y José Luis Fernández, “Pirri”, el actor que hizo de su (muy breve) vida materia para las historias de desarraigados. Juan Diego es el abogado que consigue sacarle de la cárcel, y sin querer lo integra en su relación con Patricia Adriani. Final espectacular, y apariciones estelares de Sancho Gracia y Alicia Sánchez.

 

 

Oscuros sueños de agosto (Miguel Picazo, 1967)

 

A pesar de los problemas y cortes de la censura, sigue siendo una película sobresaliente y nada común dentro de la historia del cine español. Estamos en el Madrid del desarrollismo, en un gran chalet a las afueras con piscina y en pleno verano, y una de las protagonistas es Sonia Bruno… pero hasta aquí las coincidencias con una comedieta de Pedro Lazaga. El chalet es un psiquiátrico en el que ingresa una mujer (la sueca Viveca Lindfords) tras años de estancia en el extranjero. Allí se reunirá con su hija y conocerá, a través del drama de los pacientes, el estado de una sociedad desequilibrada, que sigue aislada del mundo. La actuación de Sonia Bruno es memorable, actriz que se apartó del cine tras casarse con un popular futbolista, por no mencionar al resto de reparto, desde Laly Soldevilla a José María Prada o Julián Mateos, que intercalan situaciones delirantes con desenlaces trágicos. Ese mes de agosto de enorme luz del exterior choca con el interior del sanatorio, cubierto por un velo gris, casi fantasmagórico, reflejado en cristales y espejos. El lado oscuro del verano.

 

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