La Pantalla de Madrid: La primera noche de mi vida

Mientras la Pantalla se va entrenando para el cotillón, nos despedimos de 2016 con una película de anticipación, en Navidad y muy, muy madrileña. Por Grace Morales.


20 diciembre 2016

El guionista y director Miguel Albaladejo, actual responsable de la comedia de televisión “La que se avecina”, debutó en 1998 con este medio-metraje (apenas una hora y cuarto de duración) que fue muy bien recibido por la crítica y el público. La espectadora puede entender la película desde diferentes puntos de vista. Es una comedia de gags sobre la última noche del siglo XX, bien escritos y puestos en escena, donde los múltiples protagonistas se van enredando en peripecias cada vez más absurdas y divertidas. También es un drama sobre la brecha entre pobres y ricos, que el nuevo siglo va a acentuar todavía más si cabe, con los nuevos problemas que se presentarán a partir del 2000. Por qué no, la película es una road movie en la noche de fin de año, justo sobre el asfalto de la recién creada M-50, esta vez milagrosamente vacía, donde los coches no hacen sino lo mismo que los personajes, trazar círculos, hasta que convergen en un punto final, que es el mismo donde empieza la película.

 

 

Una chabola corona un descampado invernal donde pastan las ovejas. Allí un niño busca cables para robar la luz de la farola, cerca de un bloque de pisos de nueva construcción. Esas son las primeras imágenes que vemos. Nos recuerdan, por fuerza, a Ferreri y a Berlanga. Y ellos son los referentes de Albaladejo en esta película, escrita a medias por el director y la escritora Elvira Lindo. Como las hacía el neorrealismo italiano y el maestro español, una película coral, llena de situaciones hilarantes, pero dramáticas al mismo tiempo. Los personajes quieren llegar a un sitio esa nochevieja, esperan a alguien, aspiran a cambiar su vida, pero no lo consiguen por una u otra razón. “La primera noche de mi vida” no alcanza la ferocidad de estos directores en su crítica social ni escarba en la tragedia de las situaciones y la vida de los personajes, pero Albaladejo, sobre el paisaje del sur de Madrid, en la carretera, nos cuenta una serie de historias deliciosas y sí, con un punto de mala leche, aunque con más sentimentalismo que dureza, sobre un grupo de gente sencilla, que trata de buscar un sentido dentro de la pobreza y la soledad. El cameo de Antonio Muñoz Molina, en una entrevista de programa de fin de año en colores chillones, conducida por Belinda Washington, es además de profético, muy divertido, con su respuesta sobre lo mal que nos va a ir a todos en los años siguientes: paro, pobreza, crisis, catástrofes ecológicas…

 

Está el matrimonio joven que va a pasar la Nochevieja con los padres de ella (debutante Leonor Watling), muy embarazada, en una furgoneta destartalada que, de nuevo, nos trae imágenes de “Plácido”, pero esta vez en el barrio de Los Cármenes, Carabanchel, esos pisos nuevos del principio que están en medio de un descampado. El marido es asistente social y de barrio, ella es niña bien. El padre de la chica (Emilio Gutiérrez Caba), es un hombre de orden y buena posición, quien, como dicta el tópico, odia al yerno, se impacienta y va a buscarlos en su Lancia.

 

La pareja de quinquis (uno de ellos interpretado por el entonces promesa del cine español, Carlos Fuentes), es aprovechada por los guionistas para desplegar un show paródico y un poquito anacrónico sobre el cine de pandilleros de los años ochenta, cinta de casete incluida y burlas al Zarzuela Mix, los Tres Tenores, el compas dis y los teléfonos móviles. Estos le roban el coche a Gutiérrez Caba y lo dejan tirado, con un paquete de diez clínex, en la carretera al lado del cementerio de Carabanchel (por supuesto, hay un gag con el conductor de barrio que para a comprarle un paquete y lo vuelve a dejar tirado).

 

 

Están las dependientas de la gasolinera 24 horas, que perfectamente podrían haberse escapado de un corto de Almodóvar, a las que dan vida Antonia San Juan y Adriana Ozores, hablando del amor y la cirugía estética. La pareja de amigos que intenta llegar a una fiesta de disfraces vestidos de conejo y gamba, respectivamente, nos recuerdan, esta vez, al concurso de Historias de la radio. El matrimonio que pasa la nochevieja en el taxi cenando y llevando a la gente para luego recoger a los hijos cuando termine la fiesta (espléndidos Manolo Zarzo y María José Alfonso, una de las protagonistas de La Gran Familia, otra película indispensable sobre el Madrid del desarrollismo y la navidad).

 

La otra pareja femenina, dos guardias civiles (Geli Albaladejo y la propia Lindo), que (re)vuelven con mucho acierto y gracia los roles de género. La pareja acude al 24 horas a comprar compresas porque a una de ellas le ha venido la regla; además de tener que llamarse la una a la otra por los comentarios sexistas que ha hecho a propósito de las dependientas, tiene lugar un diálogo hilarante e igual de incorrecto sobre el periodo: “Hija, es que no estás para nada… Para liarte a tiros con todos los chorizos que se te ponen por delante”. Las dos protagonizan una divertida trifulca con una pareja de municipales (masculina), uno de los mejores momentos de la película, no solo por presentar un conflicto que estamos viviendo y sufriendo en la actualidad (“la que nos espera con estas en el siglo que viene…” dice uno de los guardias), sino por el retrato satírico y fidelísimo que hace el director de los agentes del orden de la capital.

 

El personaje de Jasmina, (Mariola Fuentes), es la experta en depilación que espera junto a una cabina de teléfono la llamada de su novio. Estamos en la nochevieja de 1999 y los móviles son retratados como un objeto de lujo. La chica es una pobre ingenua que tiene un encontronazo con Gutiérrez Caba en esa espera interminable de su chico (que no es otro que Carlos Fuentes, el quinqui). Entre ellos se desarrolla una buena escena sobre las diferencias de clase, con diálogos muy bien planteados e interpretados. Ella le pregunta: “¿Cuánto dinero tienes?” Gutiérrez Caba, dubitativo, responde: “Eso… no se sabe. No se puede decir…”. Ella, a punto de llorar, exclama: “Pues yo sí que lo sé, qué remedio, siempre lo sé”.

 

 

A esta caravana deslavazada de coches intentando salir de la circunvalación, se une la furgoneta clásica Wolkswagen, en la que tres alemanes se han perdido mientras buscaban la Puerta del Sol, discuten y hacen chistes con el plano de Madrid. Como tres reyes magos, terminarán en la chabola del comienzo, donde una inmensa Anna Lizarán atenderá el parto de Watling y todos los protagonistas se reunirán por fin en torno al nacimiento del bebé, que es niña, y de un siglo lleno de malos presagios.

 

Desde las chabolas de la periferia de Madrid y a ritmo de rumba quinqui, feliz navidad y feliz año nuevo. O lo que sea.

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