La pantalla de Madrid: Las pioneras. Directoras de cine adelantadas a su tiempo (II)

No aparecen en los ciclos de cine. Apenas unas líneas en los diccionarios especializados, estas mujeres que dirigieron películas entre los años veinte y cincuenta merecen un espacio que les sigue siendo negado. Por Grace Morales


26 abril 2016

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Rosario Pi. Memoria y sonido

El caso de Rosario Pi Brujas (1899 -1967) corre paralelo al de Helena Cortesina. Como ella, huyó de España cuando comenzó la guerra civil y se estableció en Argentina. Ella no comenzó como bailarina, sino como productora y guionista, y su reputación fue doblemente despreciada: por alguna razón, los intelectuales de la II República la acusaban de fascista y en la Dictadura fue considerada una peligrosa antisistema. Después su historia cayó en el olvido.

 

Nacida en Barcelona en una familia burguesa, quedó a cargo del negocio de importación de lencería al morir sus padres. Uno de sus tíos distribuía películas extranjeras y eso le dio la idea de crear, a finales de los años veinte, la productora Star Films con dos socios, el mexicano Emilio Gutiérrez Bringas y Pedro Ladrón de Guevara. Rosario produjo las siguientes películas: la sátira del cine americano ¡Yo quiero que me lleven a Hollywood! (Edgar Neville, 1932); el corto musical Besos en la nieve (José María Beltrán, 1933, desparecido), las dos películas El hombre que se reía del amor (Benito Perojo, 1933) y Doce hombres y una mujer (Fernando Delgado de Lara, 1934, con guion de la propia Rosario). Es increíble, pero en cualquiera de las biografías y estudios sobre el cine de Neville no existe la mínima mención a Pi, sólo las palabras del propio Neville en una extensa entrevista/hagiografía para el libro Doce hombres de letras, por Marino Gómez Santos (Ed. Nacional, 1969):

 

“… Al poco tiempo (de volver de Hollywood) me llamó una curiosa y pintoresca señora, doña Rosario Pi, y me preguntó si tenía inconveniente unas pruebas cinematográficas… Doña Rosario, a pesar de una ligera enfermedad que le hacía andar con un bastón, tenía alma de productora, pero carecía, desgraciadamente, de cuenta corriente. Ni yo ni los artistas cobrábamos un céntimo, y lo hacíamos todo por afición, por ayudar a esta atrevida señora…”.

 

pioneras rosario pi el gato montes

 

Sí, doña Rosario había padecido la polio de pequeña. En 1935 dirigió su primera película, la sonora El gato montés y en 1938 Molinos de viento, película perdida, protagonizada por un jovencísima actriz, María Mercader. Las dos huyeron de Madrid en plena guerra hacia París, estableciéndose en Roma. Allí encontraron trabajó en Cinecittá, Mercader como actriz y Pi como traductora de diálogos. Mercader se casó con Vittorio de Sica y Rosario abrió una discoteca. Sobre El gato montés, adaptación de la zarzuela de Penella, se trata de una versión bastante diferente de la original. Es una historia de amor gótico con final especialmente violento. Los personajes femeninos desempeñan roles activos, se defienden de la violencia del hombre y lo que es más novedoso, se atreven a expresar deseo sexual. La película tuvo una buena acogida entre el público y eso le permitió rodar Molinos de viento con CIFESA, pero se realizó en condiciones muy duras, porque estaban en Barcelona durante los bombardeos y las copias han desaparecido. En los años cincuenta volvió a Madrid y la Dictadura no la permitió trabajar en el cine. No por demasiado republicana, sino por demasiado masculina.

 

Margarita Alexandre. Arte libre

Si la historia de Rosario Pi es novelesca, esta otra no le va a la zaga. Alexandre, que falleció en diciembre de 2015, nació en 1923 en la localidad leonesa de Matallana de Torio, lugar de veraneo de sus padres, una puertorriqueña y un francés que trabajaba para la empresa de minas Anglo-Hispana. Gracias a su físico de rubia estilizada, participó en diversas películas, Porque te vi llorar, (Juan de Orduña 1941); Correo de Indias (Edgar Neville, 1942); El negro que tenía el alma blanca (H. del Carril, 1950) o Quema el suelo (Luis Marquina, 1951). En los años cuarenta, Alexandre se casó con Juan José Melgar y Rojas, conde de Villamonte, con el que mantuvo una relación abierta. Su verdadera pareja fue el crítico de cine Rafael Torrecilla, a quien conoció en 1952 durante el rodaje de Puebla de mujeres, de Antonio del Amo. Con él fundó su productora de cine, Nervión Films, acompañados del fotógrafo Juan Mariné.

 

Margarita Alexandre miliciana en Cuba

 

El primer proyecto de la pareja como productores y directores fue el documental Cristo, un recorrido por la figura del profeta a través de sus cuadros, narrados por varios actores y actrices. Era una película experimental y poco entretenida, pero el tema entusiasmó a las autoridades culturales y políticas (que venían a ser las mismas), así que fue estrenada a bombo y platillo en los festivales de cine religioso. El éxito les permitió emprender un nuevo rodaje con dinero italiano, y aquí comenzaron los problemas. Alexandre dirigió la adaptación de la novela de Mercedes Fórmica La ciudad perdida en 1954. Otra gran olvidada de la literatura y de la historia social, esta vez por estar adscrita al falangismo joseantoniano, despreciada por las instituciones y el movimiento feminista, tras una carrera de defensa de las mujeres desde su trabajo como abogada. Mujer adelantada en sus estudios (no pudo acceder a la carrera diplomática simplemente porque “no era varón”), fue la primera persona en escribir un artículo en ABC denunciando la violencia conyugal (era 1953). Provocó tal polémica en España que propiciaría la primera reforma del Código Civil sobre la situación jurídica de la mujer en 1958. En La ciudad perdida, contaba la historia de un grupo de maquis que al atravesar la frontera son tiroteados por la policía. Solo uno sobrevive, y desobedeciendo las órdenes, viaja a Madrid para recordar sus días de juventud, sabiendo que no va a poder escapar. La versión de Alexandre se volvía turbia, el recorrido que hace el fugitivo es una pesadilla de cine negro. En el Retiro toma a una mujer como rehén, la pareja se enamora y ella lo dispara al final. En la versión de Alexandre había un suicidio pactado, pero la censura lo prohibió y a pesar de las protestas, los sacerdotes escribieron la escena final: la policía mataba al protagonista.

 

La siguiente película tuvo bastante más éxito. La gata (1955) fue una superproducción de la Fox, con Jorge Mistral y Aurora Bautista en los papeles protagonistas, un dramón andaluz que se rodó en cinemascope y con sonido estereofónico, por primera vez en España. La censura se santiguaba con la pareja en mangas de camisa a lo largo de la enorme pantalla. Poco después, Nervión Films producirá Un hecho violento, de José Mª Forqué (1958), una sorprendente película de cárceles, con protagonista encarcelado injustamente en un penal dirigido por un alcaide sádico interpretado por Adolfo Marsillach.

 

En esas fechas de 1959, la pareja decide instalarse en México. Mientras obtienen el visado en Estados Unidos, aprovechan para visitar a unos amigos en Cuba y conseguir dinero. Querían producir El cochecito, de Marco Ferreri. Les sorprende la caída de Batista y deciden quedarse once años. Margarita fue miliciana, viajó a España para llevar a sus dos hijos con ella a la isla y trabajó en el Instituto de Cine y después en el Teatro musical de La Habana. Pero las discrepancias con el régimen se hacen insalvables. En 1971 la pareja abandona el país y se establece en Italia. Ese mismo año, Alexandre viaja a España para sacar los rollos de la película Canciones para después de una guerra, de Basilio Martín Patino, que había sido prohibida, pero es detenida en el aeropuerto y la película es confiscada. Ya en la Toscana, Margarita Alexandre colaborará en su último proyecto: la producción y el montaje de Operación Ogro, de Gillo Pontecorvo (1979). Volvió a Madrid en los ochenta y muchas aprendimos de su vida extraordinaria.

 

Margarita Alexandre miliciana en Cuba

 

 

* Si quieres leer la primera parte de este repaso por  las primeras directoras del cine español, haz click aquí.

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