LA PANTALLA DE MADRID: LOS PEORES AÑOS DE NUESTRA VIDA

Autocine que programa cine escrito y filmado en Madrid, ciudad que sin ser Roma ni Londres, a veces produce espejismos europeos. Otras veces traslada el sainete al visor y las más de las ocasiones, pone frente a la cámara nuestro carnaval diario.
Por Grace Morales


21 octubre 2013

 

(Para Jorge Sanz y El Barrio de las Letras).

 

Tenía preparada otra película para comenzar esta serie, una más rotunda en su relación con la ciudad, pero me enteré de que Jorge Sanz estaba ingresado y quise desearle lo mejor. Él ha sido durante más de veinte años un actor como podría ser ahora Mario Casas, perseguido por miles de fans y requerido por la mayoría de los directores (trabajó con casi todos, obviando sus problemas con Almodóvar, con quien no llegó a protagonizar Carne Trémula, dejando el papel al hoy polifacético creador Liberto Rabal).

 

Madrileño en el porte y el acento (inconfundible), estrella infantil (¿recuerdan su aparición como Conan niño?), participó en dramas de época, guerracivilismo, adaptaciones literarias, y por supuesto las comedietas de los 80/90 y series de televisión, algunas dignas de la antología del disparate, como El Inquilino. Su estilo, característico galán chuleta, fue pasando del romántico al vodevil y ha terminado siendo más caricatura que otra cosa, conforme la edad y la demanda le transformaban. En los últimos tiempos le hemos podido ver en papeles de teatro y personajes memorables, como el desdichado perdedor de Tiempo de tormenta. Cuando se le daba por desaparecido del mercado de la imagen, David Trueba escribió junto a él una miniserie de televisión al estilo de la de Larry David “Curb your enthusiasm”, y así nació la magnífica “¿Qué fue de Jorge Sanz?”.

 

Yo siempre he sido fan, por lo simpático y porque es un tipo sincero que no suele acudir al lugar común cuando abre la boca, y me alegré infinito por este éxito. La industria (o sus ruinas) y el público son implacables, no perdonan el tiempo ni la moda, pero no veo en Sanz a un juguete roto, como lo quiere vender la publicidad. A ver quién es el guapo de todos estos actores en alza que tiene una carrera de más de setenta películas y sin haber cumplido los cincuenta.

 

“Los peores años de nuestra vida” fue uno de los éxitos de 1994. Parodiando el título del clásico de Wyler, la dirigió Emilio Martínez Lázaro, también madrileño y de comienzos indies (autor en los años setenta de un cierto cine existencial, como Las palabras de Max, premiada con el Oso de Oro en Berlín y Sus años dorados, sobre las que me gustaría volver. Seguro que Jonás Trueba las ha visto mucho), y después tuvo varios taquillazos con la comedia joven: Amo tu cama rica, El juego más divertido, Los dos lados de la cama, El otro lado de la cama… y es responsable de películas notables como Carreteras secundarias o la reciente Las trece rosas.

 

Esta comedia escrita por David Trueba está realizada al estilo Woody Allen, en la que Gabino Diego (todavía más caído en desgracia), el protagonista, ha suplantado al artista neoyorquino, y con Jorge Sanz y Ariadna Gil dan vida al clásico triángulo y enredo amoroso, pero a la madrileña. Hasta la banda sonora, a cargo de Michel Camillo, evoca el gusto por el jazz del norteamericano, si exceptuamos el odioso saxofón tan caro a nuestro cine. Los protagonistas están rodeados por un grupo de secundarios muy reconocible, – desde unas jovencísimas Ayanta Barilli y María Adánez a Toni Cantó y Ana Álvarez, El Gran Wyoming, Álex Angulo o Jesús Bonilla, hasta veteranos como Maite Blasco y el inmenso Agustín González. Ambientada en el Barrio de las Letras, y en lugares típicos como El Café del Foro, bar de actuaciones muy conocido en Malasaña (ya cerrado) y la incombustible sala Yastá, tiene momentos divertidos, como los monólogos de Gabino, las conversaciones de Agustín González con sus hijos, las rupturas de la cuarta pared o la aparición surrealista de Torrebruno. Un Madrid en navidades, casi siempre nocturno o con la luz del invierno en la escena final de la estación de Atocha, acogedor, casi bohemio, sin más problemas que los sentimentales, resumen de un cine que salvo excepciones, poco tenía que decir en aquellos tiempos sobre otros asuntos. Como la mayor parte de la cultura de los noventa, la de los áticos, el suspense light y el indie disfrazado de destape o de comprometido desde el mismo ático.

 

Jorge, recupérate pronto.

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