La pantalla de Madrid: Siete días de enero

Se cumplen treinta y siete años de La Matanza de Atocha. Juan Antonio Bardem dirigió “Siete días de enero”, en la que recomponía los acontecimientos de aquella semana negra en Madrid. Por Grace Morales


21 enero 2015

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Aprovecho los días gélidos y oscuros, no solo por el invierno, para traer a la pantalla un ejemplo de cine político rodado en la ciudad. El director madrileño Juan Antonio Bardem, sobradamente conocido por su trayectoria artística y su implicación ideológica, militancia que le llevó a la cárcel, volvió a su cine de denuncia a finales de los setenta. Tras la magnífica “El Puente”, reconstruyó en “Siete días de enero” los acontecimientos de ese mes del año 77, una sucesión de manifestaciones, crímenes y atentados que culminaron la Transición de la dictadura franquista a la democracia actual. Ese periodo que hemos conocido desde las interpretaciones institucionales como una época  de tolerancia, y que ha tenido un revisionismo cultural abrumador en los últimos tiempos, quizá un tanto oportunista, pero muy contundente en cuanto a los hechos. La Transición no fue, efectivamente, ese pacto modélico que los medios nos quisieron vender, y tuvo episodios terribles. En especial, estos “Siete días de enero”.

 

 

La película disecciona la planificación de la “Matanza de Atocha”: el asesinato de cinco personas (más cuatro heridos), todos del despacho de abogados laboralistas en el nº 55 de dicha calle, realizado por cuatro pistoleros de extrema derecha, quienes estaban vinculados al sindicato vertical de transporte y a Falange. Bardem realiza un duro retrato de los asesinos, pero no se queda ahí, sino que profundiza en los responsables que nunca comparecieron en un tribunal: la clase alta empresarial, la iglesia, los militares…, empeñados en crear un ambiente de pesadilla para provocar un golpe de estado. Incluso, subraya la presencia de agentes internacionales (argentinos, italianos), vinculados a otras redes ultras que operaban en Europa. Alrededor, la huelga de transporte mantenida por los sindicatos de izquierda (objetivo real de los terroristas), y las manifestaciones por la amnistía de presos políticos donde murieron dos personas, además de los secuestros y atentados del GRAPO. El director mezcla en la película metraje real de estos sucesos, las imágenes de los policías con sus antiguos uniformes grises persiguiendo a la gente por la Gran Vía y alrededores, con las escenas donde aparecen algunos de los militantes de ultraderecha que se sumaban a los antidisturbios para alborotar la manifestación, incluso disparando.

 

Inspirado por el realismo italiano, nos muestra al comienzo de la película un brillante cuadro de la clase dirigente, reunida en una boda, que observa con desconfianza el futuro tras la muerte del dictador. Continúa con las negociaciones sindicales – la célebre escena en la escalera del despacho – , los encontronazos de los abogados con la Brigada Político Social, y termina con el asesinato de Atocha y la manifestación popular en el entierro.

 

Los actores son lo mejor de la película, el director reúne a un grupo de veteranos (los grandes Fernando Sánchez Polack, como el excombatiente que entrena a los ultras, y José Manuel Cervino, en uno de sus trabajos más recordados, como el cabecilla de los asesinos, acompañados de Eduardo Calvo, Manuel de Benito o José Riesgo), con un reparto de debutantes, entre los que destacan José Pedro Carrión, Virginia Mataix  y Manuel Ángel Egea. Hay sorpresas, como la aparición de la actriz francesa Madeleine Robinson (era una coproducción), la del propio dirigente de Comisiones, Joaquín Navarro,  y la del periodista Gregorio Morán, quien escribió el guion junto a Bardem, y que ahora está de plena actualidad, con “El cura y los mandarines”, libro censurado por Planeta.

 

La película tuvo bastante repercusión y una buena taquilla, a pesar de los intentos de boicot en los cines por los Guerrilleros de Cristo Rey. Vista ahora, “Siete días de enero” conserva, por un lado, una aspereza a la que ya no estamos acostumbrados en el cine español (la democracia casi desactivó estas historias, como si ya no sucediesen más estas u otras parecidas.  Fue la última película de Bardem, que se centró en la televisión, hasta el estreno de “Resultado Final”, en 1997, aquella incomprensible producción, con Mar Flores de protagonista). Por otro lado, refuerza algunas certidumbres sobre las manifestaciones pacíficas y el poder de la gente en la calle, como el impresionante documento del entierro de los abogados.

 

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