La película madrileña de Woody Allen

SI EL DIRECTOR NEOYORQUINO CAMBIARA LA GRAN MANZANA POR LA ALMENDRA DE CHAMBERÍ, LE SALDRÍA UNA PELÍCULA MUY PARECIDA A ESTA. SIRVA DE HOMENAJE A “BLUE JASMINE”, SU ÚLTIMA CINTA.
POR DIEGO PARRADO.


14 noviembre 2013

Una vez, sentados en la plaza del Congreso tomando una Coca-Cola, vimos a una señora estupenda saliendo del Hotel Palace, atribulada por las prisas y hecha un lío entre el iPhone (alguien no contestaba sus llamadas) y sus maletones de Louis Vuitton. Sebastià comentó que parecía un personaje de Woody Allen, y entonces empezamos a imaginar que le saldría a éste si rodase en Madrid; si decidiera hacer una película sobre nuestra ciudad pero sin perder su característico toque neoyorquino. Enseguida se nos ocurrieron decenas de localizaciones, y unos días después, en un Hola! que descansaba abierto sobre la mesita de una tienda, descubrí al reparto suficiente para filmar por lo menos diez películas suyas. Uno de los personajes de esa revista, la inefable Nati Abascal, salió ya en una de sus primeras películas, “Bananas”. Pero si tuviera que quedarme con sólo algunos de esos sitios y personajes, escogería los siguientes:

 

 

LAS HISTORIAS

1. La baronesa Thyssen prepara un hechizo vudú. La primera historia sería la de Tita Cervera en su empeño por hacer las paces con su hijo Borja y alejarle de Blanca Cuesta, su archinuera. Para ello, la sin par Tita contaría con la inestimable ayuda de su fallecida madre, una magnífica mujer que la prensa ha olvidado pero que la magia del cine resucitaría para nuestro deleite. La señora no tenía desperdicio: ataviada siempre con un turbante y atraída por las ciencias ocultas, cuentan que aupó a su hija a las portadas de las revistas españolas y al corazón del barón Thyssen valiéndose de sus privilegiados conocimientos. Tita heredó las supersticiones de su madre y es sabido que era ella misma quien se encargaba de cortarle el pelo al barón, temerosa de que alguien se hiciera con algún cabello suyo y practicara vudú en contra de sus intereses; también por ese motivo Tita suele llevar el pelo recogido con unas pinzas.

 

 

En la película presenciaríamos la visita de Tita a un santero de la confianza de su madre, algo que nuevamente se correspondería con la realidad, pues hace un par de años conocimos la noticia de que la baronesa había contratado los servicios de Salma Nifuri, una vidente especialista en leer los posos del café. Sin duda Tita sería una heroína muy del gusto de Allen, en cuyas películas la magia es una constante: Mia Farrow visita a un curandero chino en “Alice”; Woody Allen y Helen Hunt son hipnotizados en “La maldición del escorpión de jade”; Scarlett Johansson contacta con el Más Allá en “Scoop” con la ayuda de un mago; “Conocerás al hombre de tus sueños” parte de la predicción de una tarotista; y un carruaje transporta a Owen Wilson al pasado dorado de la capital francesa en “Midnight in Paris”. Si a los ardides mágicos de Tita para recuperar a su hijo añadimos el hecho de que el padre de Borja no era el barón Thyssen sino Manuel Segura, y a ello el rumor de que Borja es el padre de las gemelas de Tita, tendremos un enredo típico de su filmografía. También Blanca Cuesta, esa mujer que parece salida de una pintura de Botticelli y que ahora pinta cuadros abstractos, parece salida de la imaginación de Allen y, ¿no es un poquitín Mia Farrow?

 


2. La señora de Bárcenas decide divorciarse. En otra de las historias de la película, nos encontraríamos con la esposa del ex-tesorero del PP. Presenciaríamos, seguramente, el asalto a su casa de la calle Príncipe de Vergara que acometió el mes pasado un hombre vestido de cura reclamando, pistola en mano, los archivos secretos del tesorero, quién sabe si en realidad una señal de advertencia de los servicios secretos del Gobierno. Imaginen a la criada escapando de la casa para alertar a los vecinos; al hijo encaramado al balcón pidiéndole socorro al portero; a las impertérritas perlas en las orejas y el cuello de la mujer de Bárcenas, harta ya de los líos del marido, con un mohín de fastidio en los labios porque ahora llegará tarde al café en Embassy; todo ello con un gracioso foxtrot de fondo. Al día siguiente, la señora se echaría encima un abrigo de visón e iría a visitar al esposo a la penitenciaría de Soto del Real; y este, con el pelo aún engominado (¿cómo ha conseguido hacerse con un bote de gomina en prisión?), trataría de apaciguarla diciendo algo así como “Nena, nena…”, o algún otro apelativo anticuado. Después le pediría un favor: ha de colarse en la sede de Génova y hacerse con los famosos papeles para poder presionar a su partido. Porque en fin, nena, si finalmente me enchironan dime tú quién te comprará esas pieles; quién te llevará a comer los domingos a Horcher ¿eh, nena?

 

Precisamente la última película de Woody Allen, “Blue Jasmine”, que se estrena este viernes, está inspirada en la vida de Ruth Madoff, la mujer del banquero estadounidense sentenciado a 150 años de prisión por fraude y que lo perdió todo; que perdió su lujoso apartamento en el Upper East Side y que tuvo que irse a vivir con su hermana a Florida. Para la señora de Bárcenas, Woody Allen idearía quizás un destino similar y le inventaría alguna hermana herbolaria vecina de Lavapiés. O, de querer ser más honesto con el personaje y el trasfondo político del asunto, escribiría que en su búsqueda de los famosos papeles, la mujer termina trabando amistad con un político de otro partido; con un diputado del PSOE, UpyD, IU o quien quiera que sea que vaya a heredar el poder. Entonces veríamos a la ex-señora de Bárcenas cambiando de ideas, de credo y de barrio. Aunque nunca de abrigo.

 

3. Lucía Etxebarría encuentra su sitio. Una de los temas principales de la obra de Allen es el de la ridiculización o puesta en tela de juicio de la clase intelectual, de quién en muchas ocasiones se pregunta si todos sus pedantes donaires, citas y verborrea no son más que una máscara para su desamparo existencial y sus miserias. Pues bien, para plasmar este tema Woody Allen podría servirse de la historia de Lucía Etxebarria, especialmente de sus últimos episodios: la participación y espantada de la escritora en el reality de Telecinco “Campamento de verano”, tras el que ha anunciado numerosas demandas a la cadena y el objetivo de acabar con la telebasura.

 

En la película de Allen, asistiríamos al triunfo judicial de la vasca y, en consecuencia, al fin de los realities y de los programas de corazón. La Etxebarría se erigiría entonces en adalid de una Nueva Televisión y presentaría un programa de debate político y literario. Pero el programa acabaría por convertirse en una especie de réplica de “Sálvame” cuando, poco a poco, para gozo de la audiencia, fueran saliendo a relucir los líos y trapos sucios de los tertulianos, todos ellos respetables figuras de las letras españolas, pero con unas vidas personales tan desastrosas como la de una Belén Esteban o un Víctor Sandoval. Al final Lucía Etxebarría aprendería que, antes de arreglar el mundo, ha de arreglarse a sí misma; así que pondría en orden su vida y encontraría el amor (tal vez en algún productor de la televisión que antes criticaba, en un Paolo Vasile).

 

LOS LUGARES

1. Parque del Retiro y Triángulo de Oro. De las ciudades que sirven de escenario a las historias de Allen, vemos solamente el lado que más brilla: de la Gran Manzana hemos visto siempre la cara más amable, nunca el gusano. En el caso de Madrid, veríamos entonces el Paseo del Prado, el Parque del Retiro, los fabulosos cuadros del Prado, el Thyssen y el Reina Sofía; y con total seguridad una de las escenas de la película sería a bordo de las barquitas del estanque del Retiro, un homenaje a aquella otra de “Manhattan” en la que Woody Allen y Diane Keaton remaban en Central Park.

 


2. Santerías de Sol y Tienda del Espía. Cualquier de las numerosas santerías y tiendas esotéricas de Sol podrían servirle a Tita para sus propósitos. En cuanto a la esposa de Bárcenas, la Tienda del Espía de la calle Alcalá le sería muy útil para llevar a cabo la misión encargada por su marido (la trama detectivesca es otro de los recurrentes de Allen).

 

3. Jockey. En la mayoría de películas de Allen, los protagonistas (en pareja, habitualmente) se dan cita en algún elegante restaurante: el Club 21 en “Misterioso asesinato en Manhattan” y el The Russian Tea Room en “Manhattan” son algunos ejemplos. Un restaurante madrileño similar sería el desaparecido Jockey, al que el cine, como a la madre de Tita, volvería a insuflar vida.

 

4. Pizzeria Vesubio. Pero además de los restaurantes de postín, los personajes de Allen frecuentan también los locales más populares y no hacen ascos a una buena pizza (son de Nueva York) ni a unas ricas empanadillas al vapor. En Madrid encontramos una pizzería con aires neoyorquinos en la calle Hortaleza: la pizzería Vesubio. Por su parte, el chino del parking de Plaza España (el Chino del Submundo) o el de la calle Silva (Ni Hao) podrían hacer las veces del Nom Wah, el primer dim sum que abrió en Nueva York y que salía en “Radio Days”.

 

5. Filmoteca Española. Lucía Etxebarría, vecina de la zona, se citaría con algún intelectual en el Cine Doré para ver alguna vieja película y luego ambos discutirían sobre sentimientos en el Café Barbieri, la secuencia Allen por antonomasia (queda por decidir quién sería su psiquiatra).

 

6. El Toni 2. No podría faltar un piano-bar en el que culminen todas las tramas y corra el alcohol tras algún sarao en, no sé, la galería de Juana de Aizpuru. En el mítico Toni 2, en la calle Almirante, sonaría alguna de las siguientes canciones.

 

 

 

LA BANDA SONORA

 

La música juega un papel fundamental en la filmografía de Allen, que no se entiende sin el jazz. Para su película madrileña he encontrado algunas canciones en castellano (a excepción de la última) con los mismos ritmos que tanto ama el director judío. Le irían como un guante las doce siguientes:

 

“Pregunta” de Elsie Bayron.

“Un día de esos” de Rina Celi.

“Patos mareados” de Raúl Abril.

“Espiritual Boogie” de Lolita Garrido

“Mi estrella favorita” de Raúl Abril.

“El tiempo pasa” de Bonet de San Pedro.

“Mirando al mar” de Jorge de Sepúlveda.

“Volverá la primavera” de Bonet de San Pedro.

“Un sueño fue” de Luis Rovira y su orquesta.

“En Pasapoga” de Lolita Garrido.

“¡Vaya calor! (Calypso)” de Celia Gámez.

“Lady of Spain” de Eddie Fisher.

 

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Comentarios:

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Pablo Gabaldón says:

Pues a ver si la rodáis ¡Será por actores y técnicos en Madrid!
Por cierto, no estaría mal alguna foto más de locales que los de fuera de Madrid no conocemos.
Salud y cine.

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