La Quinta del Sordo, sinergias creativas

Nos adentramos en la Quinta del Sordo, un espacio de coworking, que presta especial atención a las artes, donde se desarrollan proyectos creativos y mucho, mucho más. Por Jara Blanco.


22 Diciembre 2016

Cuando Goya pintaba en su finca llamada Quinta del Sordo, en el actual barrio de Carabanchel, habitaba y trabajaba en una misma atmósfera, allí se inspiró para plasmar sus pinturas negras. Pero si cruzamos el Manzanares y nos acercamos a la calle Rosario, entre el parque de la Cornisa y la iglesia de San Francisco el Grande, nos encontramos con otra Quinta del Sordo: esta ya no es una finca, sino un espacio de trabajo compartido. Aquí habitan ideas y nuevos proyectos culturales. Y se trabaja en torno al arte en sociedad, estableciéndose como lugar de encuentro, de convivencia y de creación.

 

La Quinta es un espacio de coworking, pero no uno cualquiera. Su singularidad se manifiesta en la dinámica de trabajo que se ha ido generando con el paso de los años y en su fuerte apuesta por centrarse en las artes. Vamos a conocer un poco su trayectoria.

 

 

Javier Guerra, artista plástico y uno de sus fundadores, nos cuenta que la idea surgió como consecuencia de dos buenas experiencias personales previas. Una en Madrid, cuando unos amigos del espacio Santa Clara se reunían para elaborar proyectos culturales ligados al cine. Y la otra en Londres, a través de una estancia artística en un workhouse. La unión hace la fuerza y, poco a poco, empezaron a creer que todas las ideas que brotaban desde la colectividad en la ciudad podían conjugarse en un espacio de trabajo colectivo desde y para la cultura. Y el plan se fue haciendo cada vez más serio. Hace cinco años, Armando y Javier Guerra, padre e hijo, encontraron este local.

 

Hoy en día, más de 30 coworkers desarrollan líneas de trabajo muy diferentes, aunque la principal es la artística. Basándose en la interdisciplinariedad, el espacio acoge a profesionales que, en palabras de Javier, “no habrían convivido de otra forma” y esto, en su opinión, “es de lo más bonito”. Esta variedad de profesiones favorece la gestación de encuentros en colectivo donde “ocurren cosas”. La calidez y la cercanía son sin duda dos valores que se apropian con orgullo, enmarcados además en un lugar físico de gran importancia. Así lo decidieron cuando buscaban un local para alojarse, cuyo interior pretendía ser tan importante como el exterior.

 

 

Tal como dicta su web, encontramos artistas plásticos, cineastas, dramaturgos, arquitectos, músicos, artesanos y diseñadores, ONG´s, proyectos de innovación, marketing o diseñadores gráficos. Entre ellos, está Adriana Berges, artista plástica y responsable de comunicación y eventos. Para ella, la Quinta es un “contenedor creativo, con gente muy activa, dinámica e interesante donde se aprende a gran velocidad, de forma súper nutritiva y colaborativa”. Ella conoció el espacio gracias al colectivo Revuelta, integrado por artistas y gestores culturales, desde donde propuso realizar Sobredosis, una exposición que llevó a cabo como comisaria. Tras el éxito, se unió al equipo actual de gestión. Para Adriana, aun ejerciendo su trabajo artístico en su estudio, su labor en la Quinta también le enriquece profesionalmente aunque sea “de forma indirecta, ya que estar rodeada de creativos inspira siempre mucho y todos los días se aprenden cosas nuevas”.

 

Otro de los integrantes del equipo es José Luis Sanz, también artista plástico, conocido como Crispis. Él comenzó siendo coworker y ha vuelto a llevar su estudio de creación a casa para integrarse en el equipo de gestión de la Quinta. Desde la faceta de artista considera que la experiencia en un coworking enriqueció su propia vertiente artística al obtener una visión exterior sobre su trabajo, aunque lo considera un desafío, puesto que es necesario cambiar el concepto: “Uno no suele estar acostumbrado a trabajar con gente alrededor y con ruido” pero, al final, espacios como estos, “son generadores de uniones muy enriquecedoras ya que en su opinión, el mundo del arte tiende a separar a los propios artistas”.

 

El espacio, autofinanciado desde sus orígenes, ha conseguido colocarse en una posición destacada en la esfera cultural de la ciudad: Todas las conexiones van situando a la cultura local donde, según Javier, debe estar, de tal forma que el valor de cercanía se inyecta en los proyectos emergentes. En su opinión, la ciudad vive una etapa de cambios, de mucho trabajo e ilusión, en el que hay muchos profesionales trabajando en una misma línea, y en la que los nuevos espacios independientes y de coworking están empezando a denominarse creadores, al mismo tiempo que se está configurando un nuevo estilo de entablar contactos con las instituciones. Es el fin de la competencia y el emerger de una nueva fase de colaboración, la cual no solamente es diferente, sino que además, funciona.

 

 

En esta línea, la Quinta ha apoyado recientemente interesantes iniciativas locales. Aquí se inauguró la última y novena edición del festival de videoarte Proyector; y también colaboró como sede expositiva en la primera edición del festival urbano Hybrid. Dentro de su ámbito más personal, el curso Tándem de profesionalización para artistas y gestores representa un claro ejemplo del éxito de todas estas conexiones, demostrando que el talento y las sinergias pasan por un momento muy creativo. Ya han logrado la colaboración con 32 proyectos que están dando lugar a una “multiconexión” como punto de encuentro entre instituciones, espacios y artistas nuevos y/o consolidados.

 

De forma similar, hace apenas un par de meses, este coworking creció, anexionándose el local contiguo, lo que ha posibilitado colocar más puestos de trabajo y desde donde se irá aumentando la programación progresivamente. Aquí, además, se va a abrir una cafetería y se va a colocar una tienda-librería en el garaje original, donde se venderán los productos elaborados por los coworkers, y ejemplares bibliográficos de referencia. Estos nuevos espacios serán sin duda un nuevo engarce entre profesionales culturales también esperan establecer una relación más activa con el barrio.

 

 

Entre los programas innovadores se encuentra la reciente concesión de 15 becas de coworking, que están inaugurando estos nuevos puestos de trabajo. Durante cuatro meses, varios artistas y proyectos de emprendimiento cultural están desarrollando su actividad, con la certeza de que este tipo de ayudas sirven de apoyo y de conexión real entre los mismos. Entre ellos esta Chalo Moca , un artista zaragozano recién llegado a la ciudad, que ocupa uno de estos puestos y que pretende que esta oportunidad se convierta no solo en una plataforma para visibilizar su trabajo, sino en un facilitador de sinergias, esencial en este momento de aterrizaje en la ciudad; por su parte, los integrantes de LetArt, plataforma destinada al coleccionismo y la compra de arte contemporáneo, conocieron la Quinta gracias a su colaboración directa con el programa Tándem. Para Virginia Lallana, directora artística de LetArt, esta beca va a favorecer sin duda el networking y va a acelerar el proyecto gracias a la formación específica que ofrece como complemento esta beca y a la posibilidad de reunir al equipo en un mismo puesto de trabajo, lo que aportará profesionalidad a la plataforma.

 

No cabe duda de que la existencia de lugares como la Quinta no hace más que enriquecer el tejido artístico y cultural de la ciudad. La creación y las conexiones profesionales están favoreciendo una filosofía asentada en la sinergias emergentes y este encuentro se está llevando a cabo desde la colectividad y desde la cercanía, convirtiéndose ambos, en elementos necesarios para el desarrollo de una sociedad culturalmente activa e implicada.

 

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