La respuesta está en los libros

Sol Salama es la fundadora de Tránsito, una editorial que publica libros con carácter que han sacudido el panorama editorial español. Por Javier Yohn Planells.


30 noviembre 2018

Los pitonisos se equivocan: la vida no cabe en una línea tallada en la palma de la mano. Cómo va a caber si a veces la vida es una espiral por la que te dejas llevar, o un pozo profundo, o un camino que recorres para acabar volviendo sobre tus pasos, o un grito que sale de las tripas. Esa es la materia que da forma a la vida y también a la editorial Tránsito. Años de búsqueda condensados en una pregunta: ¿qué te gusta más en la vida?

 

Sol Salama (Madrid, 1986) tardó un tiempo en encontrar la respuesta. Estudió Traducción e Interpretación porque le gustan los idiomas pero al acabar ya sabía que no era lo suyo. Luego hizo un máster en Periodismo y trabajó como redactora. También estudió fotografía y, durante un tiempo, “un corto tiempo”, se dedicó a ella profesionalmente. La espiral. “Eran muchas cosas pero yo no terminaba de sentirme satisfecha ni realizada”, dice.

 

Hacemos la entrevista en El Rincón, un café de Malasaña, y Sol Salama se explica con voz cálida y con una cadencia que permite tomar notas a pesar de que la grabadora está en marcha. Piensa mucho lo que dice y por eso a veces duda, vuelve sobre sus palabras, se apoya en Donna Salama, que es su hermana pequeña y también la diseñadora y maquetadora de Tránsito. Nos acompaña muy pendiente de la cachorra Brönte, que corretea nerviosa por debajo de la mesa, pero sin perder una palabra de lo que dice Sol Salama.

 

Sol Salama con su perra Brönte. Fotografía: Javier Yohn Planells.

 

La respuesta, claro, eran los libros: “He tenido la suerte de que muy pronto en mi vida los libros se convirtieron en un refugio. Decidí estudiar un máster en Edición y me di cuenta de que me gustaba todo lo relacionado con el mundo editorial”. Empezó desde “lo más bajo” como correctora en una empresa de servicios editoriales pero le llegó la oportunidad de entrar en Penguin Random House, en el equipo de David Trías, como asistente editorial. “Aprendí muchísimo pero me di cuenta de lo fuerte que era mi deseo de montar algo que fuera mío”, dice.

 

Y aquí estás ahora, con Tránsito.

 

Empezamos hace diez meses, la Navidad pasada, y todavía estoy con mucho vértigo. Yo creo que lo extraño sería lo contrario. Soy muy consciente de lo complejo que es el mundo en el que me he metido, de lo jodido que está esto de vender libros. Lo que pasa es que también me sentía más formada después de Penguin. Y se dio la circunstancia de que por primera vez tenía el capital necesario. La inversión necesaria para comenzar una editorial con ciertas ambiciones no es una tontería. Me he lanzado un poco porque también fue un momento supercatártico en el que o me metía en algo que fuera mi sueño de verdad o… ¿O qué?

 

El pozo profundo. Sol Salama mira a su hermana.

 

– O nada. Era el momento -dice Donna Salama.
– Sí.

 

La azotea, de Fernanda Trías, ha sido el primer libro de Tránsito. “Alguna persona cercana, del mundillo me dijo: no contrates ese libro… A mí misma me parecía arriesgado. Yo sabía que era bastante arriesgado empezar con un libro latinoamericano… ¡de 2001, además! Pero es que hay que seguir un poco las entrañas y a mí la primera lectura me dejó KO, fue como una gran bofetada. Me dije: ¿es arriesgado? Vale. Pero también es un carta de presentación de lo que quiero así que fue el primer librero que contraté”.

 

Lo cierto es que la apuesta ha salido redonda porque la primera impresión de la novela, 1.000 ejemplares, está agotada y ya han sacado una primera reimpresión. La segunda novela ha sido La memoria del aire, de la escritora belga Caroline Lamarche, que se presentó a principios de mes en la librería Cervantes y Compañía. En la web de la editorial lo describen como un “relato autobiográfico, tan rotundo y estremecedor como onírico y poético”.


Cuando se menciona la etiqueta “autoficción” Sol Salama deja escapar una sonrisa defensiva. “Parece una etiqueta que se crea para criticarlo”, dice, pero es un género que “conecta conmigo de un modo muy especial, me hacen entender mis propias emociones, ponerle nombre a cosas que sentía y no sabía, que no es poco. Para mí eso es lo que es la literatura: una herramienta para estar en el mundo, un arma, ¿no? Cuando los libros son así, te hablan, te ponen delante de un espejo, y creo que son los más útiles”.

 

Son esos libros “de un carácter muy fuerte, que te producen de alguna forma un cambio”, con los que quiere dar coherencia al catálogo de Tránsito, una coherencia que viene dada sobre todo “por un filtro que es mi gusto y mi mirada”. Ese grito que sale de la tripa. Su intención es publicar seis libros en el primer año de vida de Tránsito. Ya tiene prácticamente cerrados los cuatro restantes pero le emociona especialmente hablar de El nenúfar y la araña, de la escritora francesa Claire Legendre. Se trata de un ensayo autobiográfico sobre el miedo que espera publicar antes de Sant Jordi.

 

Antes, publicará Primera persona, de la escritora colombiana Margarita García Robayo. Cuatro libros, cuatro autoras. Una decisión consciente. “Hubo un momento en el que me di cuenta de que mi panorama cultural estaba formado por hombres y eso me dolió, y mi manera de arreglarlo fue buscar mis propios referentes, y muy poco tiempo después casi estaba leyendo solo mujeres, pero es que hay tanto, tanto… Esto no es una marca editorial de Tránsito pero si yo soy así esto se va a ver reflejado en el catálogo.” Por ahora no da pistas de los otros dos libros que publicará.

 

Fotografía: Javier Yohn Planells.

 

¿Cómo eliges los libros que quieres editar?

 

Hay una labor mía de dejarme los ojos con mil pestañas abiertas, buceando por la noche en catálogos de editoriales extranjeras, portuguesas, francesas, australianas, canadienses, etc., y estoy dando con pequeñas joyitas y esto me gusta. Puede ser una marca de la editorial, también.

 

¿Crees que todos los editores publican libros que les gustan?

 

Bueno, yo creo que la mayoría de editoriales estará muy enamorada y creerá en un porcentaje de su catálogo. Y luego un porcentaje de su catálogo lo hacen para tener esos dos o tres libros al año que les dan más dinero.

 

¿Te has planteado si alguna vez tendrás que editar algo así?

 

Claro, para mí un gran reto como editora es establecer un equilibrio en el catálogo de forma que yo pueda publicar esos libros que me han conmovido y que quiero publicar a toda costa, como La memoria del aire, pero que yo sé que no van a vender tanto como otros. Tengo que encontrar títulos que, sin salirse de la literatura por la que yo estoy apostando, pues sí que tengan como target un público un poco más amplio. Ahí está mi reto.

 

Da la impresión de que es raro hablar de dinero cuando hablamos de cultura. ¿Qué tal llevas los números?

 

Aunque Tránsito es un proyecto editorial que nace de la tripa, hay veces que hay que dejar la emoción aparte y no me puedo olvidar de que estoy haciendo una apuesta, de que se trata de vender. Todos los días tengo que recordármelo porque yo soy muy romántica y la idea es preciosa, pero es un negocio.

 

Fotografía: Javier Yohn Planells.

 

Sol Salama se preocupa de que la grabadora siga funcionando igual que, antes de la entrevista, se preocupó de encontrar un sitio en el que hubiera luz suficiente para la sesión de fotos. Durante estos diez meses de vida de la editorial, Sol Salama ha sido editora, correctora, responsable de prensa (con algo de ayuda), contable… No ha parado de trabajar. “Yo soy consciente de que he malvivido los últimos meses y que ahora tengo que hacer ciertos cambios para trabajar igual de bien pero dándome también respiros”, dice.

 

También ha sido directora de arte, trabajando codo con codo con Donna Salama para conseguir un diseño editorial con el que sentirse satisfechas. Lo más difícil fue encontrar con un logo que reflejara el nombre de la editorial. “Transitar, del latín transitare, es ir de un lugar a otro”, explica Sol Salama como quien recita un mantra. “Leer es, pues, transformación, Tránsito”, reza la descripción de la página web. Donna Salama “trabajó mucho hasta dar con un logo que… no podíamos estar más contentas de cómo funciona”, explica su hermana mayor.

 

Con el diseño de la colección lo tuvieron más claro. “Elegante, limpio y que está llamando muchísimo la atención en librerías”. Colores planos pero vivos para cada libro y un collage en la portada realizado por la propia Donna Salama, que concluye: “Hemos dado con algo bastante reconocible, que se identifica rápidamente”.

 

En los últimos años ve un boom de editoriales, “aprendo un nombre cada día”. Algo raro en un país en el que no hay tantos lectores. “Hay una contradicción en mí. Se lo estamos poniendo muy difícil a las librerías. Es muy difícil tener un fondo editorial porque están todo el día haciendo y deshaciendo cajas. La vida del libro cada vez es más corta, es la vida de la novedad: un mes y lo devuelven. Y sin embargo, pienso que sí que podemos convivir todas. Claro, siempre que venga a enriquecer el panorama editorial”. De hecho, cuando le pedimos una recomendación madrileña se decide por una editorial, La Navaja Suiza, especialmente “su libro Papeles de Pandora, de la puertorriqueña Rosario Ferré”.

 

¿Cómo te ves en el futuro? ¿Tienes una idea clara de cómo quieres que sea la editorial? ¿Algún sueño loco?

 

No, tampoco es tan loco porque sé que no hay milagros en este tipo de negocios. Sé que no me voy a hacer rica. La imagen que tengo es la de llegar a lo que quiero que sería contratar a una persona, o incluso a dos personas, y tener un flujo de caja que me permita remunerarme bien, remunerarles bien, y tener mis vacaciones. Es algo muy sencillo a lo que aspiro.

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