La revolución de la zapatilla urbana

Muro.exe acaba de cumplir un año de vida y, durante este tiempo, ya pueden presumir de haberse situado a la cabeza del diseño de calzado urbano en nuestro país. Hablamos con Esme, una de las fundadoras de la marca, para que nos cuente cómo han sido estos 365 días y cuál es el secreto de su éxito. Por María Arranz


09 octubre 2014

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¿Quiénes formáis parte de muro.exe y qué papel desempeña cada uno?

Muro.exe está formado por dos socios fundadores y un pequeño equipo de gente involucrada al 100% (perdón: 120%) en el proyecto. Entre los dos fundadores nos repartimos la gestión del día a día de la marca y las principales tareas en torno a producción, distribución y comunicación. El resto del equipo se encarga de diferentes áreas (la logística y la atención al cliente, diseño visual, diseño de producto, comunicación local en diferentes países de Europa)… y creciendo. En pocas semanas esperamos incorporar dos o tres perfiles más y situarnos en un equipo de unas 10 personas, aparte de colaboradores, agentes y distribuidores diseminados por Europa.

 

¿De qué ámbitos provenís?

Venimos principalmente de experiencias profesionales varias en comunicación, Internet, marketing e investigación de mercados. Ésta es nuestra primera experiencia en el mundo del calzado y de la moda, pero precisamente el venir de otros ámbitos en los que ya teníamos mucha experiencia es lo que nos ha permitido hacer crecer el proyecto en términos de comunicación y de ventas a un nivel que pocas marcas pueden afrontar en un solo año de vida.

 

¿Cómo os decidisteis a lanzar vuestra propia marca de zapatillas?

Principalmente influyó mucho el hecho de que nosotros éramos grandes consumidores de zapatillas. Llevar años comprándolas y usándolas nos permitió darnos cuenta de que se trataba de un sector muy interesante en términos económicos, de crecimiento, pero para el que todavía faltaba un repertorio de producto más específico: en concreto, un producto un poco más versátil y elegante para el público adulto que ha crecido con las zapatillas pero que, llegados a cierto momento de su vida y sobre todo debido al contexto laboral, necesita unas zapatillas majas sin tiras fluorescentes por todos los lados.

 

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¿Por qué decidisteis centraros en el sector de las zapatillas de calle y como os habéis planteado (o re-planteado) este concepto?

Básicamente nos centramos en las zapatillas de calle porque son las que nosotros consumimos a diario y precisamente vemos que es una “rama” de las zapatillas en general muy descuidada: ya hay marcas haciendo grandísimos productos en lo que a calzado deportivo se refiere, pero los modelos o marcas tradicionalmente conocidos como “urbanos” suelen: a) no tener ningún tipo de reflexión sobre la biomecánica de la pisada aplicada a su diseño, b) tener unos materiales y unos acabados que se rompen a los dos o tres meses de uso, c) ser o muy deportivos o muy formales, pero no jugar en la liga intermedia que nosotros tratamos de alcanzar, y d) carecen de prestaciones específicas para ciudad. Nuestro replanteamiento implica precisamente hacer un producto de mucha calidad, inspirado por la tecnología de las deportivas y dándole al concepto de “urbano” el valor que tiene: un calzado que usamos a menudo más de 8 ó 10 horas al día, que necesitamos que funcione bien en diferentes contextos, se limpie bien, no cale ni resbale los días lluviosos, respete la biomecánica del pie y la forma en la que pisamos, y que sea lo más cómodo posible.

 

¿Cómo definiríais vuestros diseños?

Nuestros diseños siguen con precisión dos máximas. Por un lado, buscamos una línea muy funcional, pura y minimalista: solo utilizamos los elementos imprescindibles y necesarios, evitando cosas barrocas, elementos decorativos innecesarios, costuras por todas partes, detalles reflectantes, etc. Por otro lado, buscamos una línea visual muy contemporánea: un diseño que no recuerde a nada anterior, que no naufrague en el mundo de lo “retro”; nos encanta que hoy la gente lo vea y no le recuerde a nada ni de los 60, ni de los 70, los 80… y esperamos que el día de mañana la gente las vea y piense que era un diseño muy siglo XXI. Nuestra perspectiva de diseño no tiene como punto de partida hacer un producto de moda, si no que trabaja la zapatilla como si fuera un objeto, desde un punto de vista industrial, estético en términos de líneas equilibradas y bien conjugadas. Este punto de partida condiciona sin duda nuestros procesos de diseño y se deja ver en el resultado final.

 

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¿Qué es lo que hace vuestras zapatillas diferentes a todas las demás?

Pensamos que lo que las hace diferentes precisamente es la mezcla de muchos factores que hemos intentado conjugar en el producto: un diseño visual con detalles y características que las alejan de otros productos del mercado, un packaging al que prestamos mucha atención, el halo del que rodeamos cada colección, los nombres de cada modelo, la funcionalidad y la sobriedad que desprende nuestra silueta….

 

Vuestras colecciones han bebido de temas como la extinción, el invierno nuclear o la tecnología futurista, ¿en qué os inspiráis a la hora de crear los conceptos de cada una de ellas?

Fundamentalmente nos inspiran el futuro, la tecnología, la ciencia, el diseño industrial, las teorías de redes… Ahí es donde buceamos principalmente en busca de inspiración. Es un mundo por el que sentimos gran interés y afinidad y que siempre nos proporciona recursos e ideas que explorar.

 

¿Cómo fue el proceso de investigación para crear muro.exe?

Bastante profundo y en ocasiones difícil. Duro más de un año y pasó por muchas fases: en primer lugar, tuvimos que localizar a los diferentes perfiles que queríamos involucrar en el proceso de diseño (diseñadores industriales, un experto en biomecánica, un diseñador conceptual, un estudio visual, un centro de investigación de materiales…) y pedirles aproximaciones a todos ellos desde su punto de vista. Paralelamente, tuvimos que hacer una investigación muy profunda del mercado, viendo propuestas de calzado de todos los tipos y localizando marcas que aquí son completamente desconocidas para investigar bien sus productos y sus procesos. A partir de ahí, arrancamos la fase de diseño con un folio en blanco: empezamos sacando ideas generales que fuimos conservando o descartando en función de que se adecuasen a nuestros puntos clave (funcionalidad, minimalista, pureza de líneas, una línea estética contemporánea) y, una vez conseguimos la idea global, entramos en la fase de detalles (la suela, la lengüeta, las costuras, los ojales, etc). En este tiempo también investigamos muchísimos materiales y tejidos posibles. En la última fase ya intervino nuestra fábrica, retocando los diseños presentados desde un punto de vista técnico y haciendo decenas de prototipos hasta que el diseño final quedó como esperábamos.

 

¿Con quiénes trabajáis y dónde las fabricáis?

El calzado es un producto muy complejo compuesto por centenares de piezas: nosotros pedimos todas ellas a proveedores de España y nuestra fábrica, situada en Toledo, es la encargada de ensamblarlos. Para nosotros esta cercanía tanto de proveedores como de fábrica es esencial: es lo que nos permite tener un mano a mano con ellos y de verdad hacer estudios y propuestas de mejora en términos de calidades, materiales, ajustes, etc.

 

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¿Cómo sobrevive una empresa pequeña y joven como la vuestra en este país? ¿Cuáles son las mayores trabas que os encontráis y cuáles las ventajas (si hay alguna)?

Sobrevivimos gracias a dos factores: el primero, todo el esfuerzo que estamos poniendo en situar la marca en primera división en cuanto a calidad de producto y comunicación, lo cual se traduce en términos de ventas; en segundo lugar, por la apuesta que estamos haciendo por internacionalizar. Ya más de la mitad de nuestras ventas provienen de fuera de España (principalmente de Alemania, Austria, Holanda, Reino Unido y Estados Unidos): a pesar de que el mercado español es bastante grande, tiene un cierto techo y para una marca como la nuestra el principal propósito para crecer de verdad es establecerse en el mercado europeo, norteamericano y asiático principalmente. Respecto a ventajas y trabas: a nivel ventajas nos hemos aprovechado sin duda de la amplia cultura de fabricación de calzado que hay en España, y en cuanto a desventajas nos hemos encontrado con una evidente falta de ayudas al emprendimiento, un sector en el que se investiga e innova poco y muchos inconvenientes a la hora de manejar los tiempos y los pedidos mínimos con proveedores que aún no están acostumbrados a trabajar con empresas como la nuestra, con una filosofía de producción casi “bajo demanda”.

 

¿Cómo veis el panorama español a nivel diseño de calzado?

Bastante interesante (no hemos parado de ver marcas nuevas en los últimos años) pero demasiado recurrente en conceptos: más allá de basarse en la fabricación local, la artesanía y productos muy típicamente españoles (estilo alpargatas o similares), faltan apuestas más fuertes en cuando a innovación y, sobre todo, marcas con el ímpetu de colonizar los mercados internacionales.

 

Hace poco habéis cumplido vuestro primer año de vida, ¿qué balance hacéis de estos 365 días de vida?

El balance es fantástico: sinceramente, es difícil alcanzar en tiempo récord (tan solo un año) unas cifras y una solidez como la que tenemos ahora mismo entre manos. Hemos vendido más de 4.000 pares desde que lanzamos, nuestras colecciones han hecho sold out en tan solo dos meses, nos hemos enfrentado a tener que hacer reposiciones exprés de algunos productos porque se ha desbocado la venta, hemos mandado zapatillas a todos los continentes gracias a la venta online… Vamos, ¡encantados de la vida estamos!

 

¿Alguna anécdota destacable de este primer año?

Uh, han sido tantas que son imposibles de contabilizar. Nos han pasado cosas curiosísimas y muy bizarras, pero por compartir alguna cosa que nos haya hecho especial ilusión, nos entusiasmó que reconocieran nuestras zapatillas por la calle dos días antes de lanzar la primera colección y salir oficialmente al mercado.

 

¿Planes de futuro (cercano)?

Crecer en equipo, seguir poniendo el foco en Europa para expandir la venta a más países, cambiarnos a una oficina más grande y, sobre todo, trabajar no solo en nuevas colecciones, sino en más productos que verán la luz a lo largo del próximo año (¡sorpresa!).

 

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