La vida en el mercado

Un recorrido por los nuevos usos y estéticas de los mercados de Madrid. Por Marina Sanmartín


17 junio 2015

¿Qué se pesa en una balanza tradicional, de esas que cuelgan del techo detrás de los mostradores de las carnicerías? ¿Pollo, ternera, vísceras? Nada de eso si es domingo y estás en el corazón de Lavapiés, concretamente en el Mercado de San Fernando, donde nos espera Silvia, y te cuelas dentro de uno de sus puestos más sorprendentes: La Casquería. Aquí no vas a encontrar ningún producto perecedero del que pedir un kilo o dos… vas a encontrar libros de segunda mano. La Casquería, para muchos bibliófilos convertida ya en un lugar de referencia dentro de este Madrid que en silencio se reinventa, no sólo es una idea brillante en sí misma, es también un síntoma: refleja cómo los mercados de esta ciudad cambiante están mutando al ritmo de los seres que la habitan.

 

casqueria

 

Silvia, nuestra primera guía, es librera en una gran superficie y tiene un vicio: empieza muchos libros pero apenas consigue terminar ninguno, así que, como sólo las obras maestras logran arrastrarla hasta la última página, se sabe un número infinito de historias a medias. Es madrileña, de Villaverde, adoptada ya desde hace varios años por Tirso de Molina y Lavapiés, donde es frecuente encontrarla rodeada de buena gente, disfrutando de un vinito en el Mercado de San Fernando. Allí se olvida del tiempo escogiendo en La Casquería un título que no terminará o charlando en Bendito, delante de una buena ración de queso de cabra.

 

Otra de sus combinaciones favoritas resulta de elegir una cerveza artesana en La buena Pinta y acompañarla de alguna de las increíbles tapas “de toda la vida” del puesto vecino, el del bar El Mochuelo: patatas con chistorra, pollo al ajillo, bravas… La tradición no está reñida con los nuevos usos de los mercados, que ya no son sólo sitios de paso, sino lugares de encuentro, para quedarse y disfrutar de una experiencia única; una experiencia que, por supuesto, podemos prolongar en casa.

 

Eso es lo que nos proponen, en el caso de San Fernando, paradas como La Huerta del Sol, especializada en alimentación ecológica, o La Antojá, con su extensísima lista de cafés para consumir en el momento o llevarnos con nosotros.

 

Y también hay baile: habitualmente los domingos, la música suena en el centro de la nave, que no tarda en llenarse de bailarines. Nadie quiere quedarse fuera del espectáculo, Silvia tampoco. Así que nos despedimos de ella y nos disponemos a cruzar la Gran Vía, porque hay vida al otro lado del centro. Nos dirigimos, acompañados de Borja y Vitu, al Mercado de San Antón.

 

fachada

 

Acaba de cumplir setenta años y, por su estética, nadie lo diría. El Mercado de San Antón, muy cerca de la plaza de Chueca, se presenta a los visitantes más moderno que nunca. Su oferta es amplia, tanto que un panel enorme preside la entrada al recinto, con indicaciones para acceder a los diferentes servicios que ofrece, repartidos en sus tres plantas: la primera con el comercio más tradicional; la segunda con restaurantes, barras y tiendas; y la tercera con una espectacular terraza en la que resulta dificilísimo dar con un hueco desde el que contemplar los atardeceres veraniegos de la capital.

 

Vitu es de La Palma, aunque lleva más de diez años en Madrid, y nos lo cuenta delante de su lugar favorito en San Antón, el palco de 7 Delicatessen, la firma especializada en gastronomía canaria, que incluye en su carta papas arrugadas con mojo picón, queso con miel y ropa vieja. Nos apetece todo, sin embargo nos contenemos para no hacer un feo a la recomendación de Borja, que nació en Chamberí y ha crecido con las transformaciones del mercado, sin dejar de visitarlo a menudo. Fan del marisco, capaz de ensimismarse delante del mostrador de Sabores del mar, en el que no faltan unas ostras enormes, como las de las películas, Borja nos habla también de Hamburguesa nostra y las tapas de La Trastienda.

 

marisco

 

A lo que os acabamos de contar podéis sumar peluquerías, tiendas de ropa, puestos de sushi (quizás el que concentra ahora toda la atención sea el YokaLoka, en el Mercado de Antón Martín)… En definitiva, los mercados se amoldan a un público nuevo que, como el antiguo, busca la compra fresca del día y, a la vez, la posibilidad de un ocio diferente, artesano y alternativo, con la virtud de hacer olvidar por un momento que, al otro lado de los muros del recinto, Madrid es grande y a menudo vaga a la deriva.

 

San Miguel, Barceló, San Antón… Cada uno de estos nombres se adapta a su barrio y ofrece un tipo distinto de respuestas, sugiere un tipo de perfil diferente de urbanita.

 

Porque la ciudad la hacemos nosotros.

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