Las 10.000 noches de Andrés Gertrudix

El actor madrileño estrena este viernes “10.000 noches en ninguna parte”, el último proyecto de Ramón Salazar en el que deambula por Madrid, Berlín y París en compañía de Lola Dueñas, Najwa Nimri y Susi Sánchez. Por María Aller.


07 mayo 2014

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Es un joven anónimo: un hijo, un amigo, un hermano, un amante, etc. Ramón Salazar dibuja a un hombre que transita por tres ciudades europeas, reconstruyéndose a sí mismo. El caos más delicado, el riesgo más dulce, o la aspereza más franca… Todo un viaje de sensaciones que tiene como pasajero a Andrés Gertrudix, que se sube al tren con los ojos cerrados para experimentar. El celuloide español continúa sorprendiendo con sus nuevas propuestas, austeras de presupuesto, pero exuberantes en originalidad.

 

Con una película así, la primera pregunta es casi obligada, ¿Madrid, Berlín o Paris?

Pues siendo madrileño, creo que me quedo con Berlín. Sobre todo en este momento, por lo que está pasando allí. Ahora se intenta que en Madrid suceda lo mismo, pero tenemos un claro lastre; estamos esperando a que esta ciudad reviva a nivel cultural, así que de momento me quedo con Berlín, pero con ganas de volver a Madrid.

 

Aunque no has parado de trabajar, en tus últimos trabajos estabas de secundario en cintas como La herida, Purgatorio, y ahora eres el protagonista total en esta y en la que tienes por estrenar, El árbol magnético. ¿Llevas bien el cambio?

Yo lo llevo muy bien. A mí me interesan los proyectos y sus personajes independientemente de lo largo que sea su texto; mientras pueda trabajar y hacer algo interesante que me pueda aportar algo, perfecto. No hay personaje pequeño, se puede contar mucho con muy poco. De alguna manera siempre lo he compaginado bien.

 

¿Es duro ser el eje central de una historia, como los eres aquí tú?

Lo veo una responsabilidad y produce cierto respeto. Pero con este proyecto sabía que íbamos a explorar y a bucear con lo que le pasaba a este personaje. Era una condición de hecho, el trabajar sin un guion o una estructura clara: estudiar lo que le pasaba, lo que le sucedía y cómo lo podíamos contar. No me produjo ningún miedo especial, respeto en todo caso. Es un chico que transita en tres ciudades diferentes, y como decía David Bowie “cada elección te marca y te cambia”. Aquí esa idea se lleva al extremo, y cada decisión que tome en cada lugar y lo que haga en él le va a cambiar; pero tiene que mantener ese hilo conductor, que es el personaje en sí mismo, entre las tres historias. Yo lo viví como un reto apasionante.

 

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¿Cómo ves a este chico que parece que se está ahogando, y literalmente, con esos planos luchando dentro del agua?

Es alguien con un trauma infantil, que en la película nunca se dice, pero sí que se apunta; algo así te puede marcar el resto de tu vida. Uno puede estar ahogándose sin saberlo, porque lo que le sucede es que está intentando sobrevivir en vez de vivir, y uno no entiende por qué hasta que no es capaz de enfrentarse a esto. Habla también sobre la memoria, porque hay partes que decidimos olvidar voluntariamente y que al final nos marcan por estar dentro de nosotros, y que debemos superar para pasar a la siguiente fase.

 

Ahora que lo comentas, es muy similar al personaje de Marián Álvarez en La herida,

El de Marian no es consciente del trauma que tiene, pero sí lo es de que vive dentro de ese TLP (Trastorno Límite de Personalidad). Este tío es alguien que tampoco es consciente pero no vive la enfermedad, lleva una existencia anodina, está muerto ya en vida. La Ana de Marian lucha por salir, mientras que el mío en ningún momento tiene tal intención.

 

El personaje vive una evolución: es casi un niño en París, un chico que descubre todo un mundo de sensaciones en Berlín y es un adulto con problemas serios en Madrid. ¿Crees que cada ciudad tiene que ver con estas edades del protagonista?

Bueno, no es casualidad que las ciudades de alguna manera se vean representadas. Yo creo que Ramón (Salazar) ha ido a buscar la esencia del Madrid plano y gris que por desgracia existe estos días, y también ese Berlín donde los ciudadanos son los que tienen la capacidad de cambiarlo y vivirlo de otra manera. París está entre medias de las dos y en la película quizá funcione a modo de fábula. Es esa idea de urbe de sueño que podemos tener muchos de ella, aunque luego sea un sitio muy duro para vivir, hay que tener mucho dinero para disfrutarla de verdad. Pero Madrid y Berlín sí que se pueden asemejar a los momentos que están padeciendo cada una de las ciudades.

 

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La narrativa es muy arriesgada. A ti como actor ¿Te gusta enfrentarte a este tipo de guiones?

A mí la narrativa de las películas como actor me da igual, la verdad. En cambio como espectador no: son un tipo de  historias que me interesan porque obligan a hacerse preguntas y a ponerse en lugares diferentes que nunca son cómodos. Gustarán más o menos, se llegará a una conclusión o creer que es puro artificio, pero es lo que a mí me gusta. En este caso, todo el planteamiento es como un puzzle, y cada uno tiene que recomponer una serie de piezas, y cada espectador tendrá una película en su cabeza. Según la circunstancia de cada uno, es posible que se tenga distintas visiones, y todas sean válidas.

 

¿Tú qué echarías de menos de Madrid viviendo en París o en Berlín, como hace el protagonista?

Me gusta Madrid, pero como todo madrileño, la amo y la odio a partes iguales. Porque es dura, uno tiene la sensación de dar mucho y recibir poco, al menos ahora. Pero por otra parte hay algo de no juzgar que me encanta: aquí nadie te pregunta de dónde eres, ya eres madrileño una vez que llegas. Te acoge y es muy abierta. Es uno de los rasgos característicos de la gente de la capital. Berlín es impresionante, pero los alemanes te aceptan con una cierta reserva. Aquí eso no sucede.

 

El cine está en crisis, pero hay proyectos españoles pequeñitos que han triunfado, como Stockholm, Gente en Sitios, La herida. ¿Tú estás de acuerdo también en eso de que en época de vacas flacas, la creatividad se desarrolla más?

Sí que es cierto que la comodidad hace que surjan menos preguntas, y que uno sea menos inquieto. Pasa igual en otras profesiones; en la nuestra los que tienen el impulso creador, que son los directores, son ahora mismo la gente que más preparados están: han estudiado fuera, han tenido el acceso gracias a Internet a todo tipo de películas, su formación es más completa y eso hace que sus ideas sean mucho más personales. Personas como Luis López Carrasco o Albert Serra están arrasando en festivales con trabajos auto producidos muy pequeños y con mucho que contar. Yo creo que en un mundo tan globalizado, el ser partícula del mismo, hace que tengas alguna trascendencia hacia otros sitios donde no te hubieras imaginado. Las formas son diferentes, pero en el fondo, un granjero de China y uno de Cantabria son el mismo. Si consigues ir hacia esa persona y captar tal esencia, tu trabajo se podrá entender en todos los lados. Yo creo que es muy buen momento a nivel de creatividad, pero luego tiene que tener algún alcance en el público para que se sostenga, si no, quedará como un tiro al aire.

 

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