Las cigarreras de Tabacalera: cuerpo y género en el espacio de trabajo

La exposición “Ese algo que está a medio camino entre el color de mi atmósfera típica y la punta de mi realidad”, que se puede visitar hasta el 26 de marzo en Tabacalera, reflexiona, a través de las obras de tres artistas, sobre la labor de las cigarreras y la relación de sus cuerpos como trabajadoras y mujeres con el espacio de la fábrica. Por Ruth Patiño.


03 Marzo 2017

Cuando visitamos la exposición “Ese algo que está a medio camino entre el color de mi atmósfera típica y la punta de mi realidad“,caemos en la cuenta de lo apropiado del título de este trabajo dedicado a Las Cigarreras, antiguas habitantes de La Tabacalera, comisariado por Juan Canela y Steffi Hessler dentro del programa Opening ARCOmadrid 2017. Se percibe cómo, en este caso, el trabajo curatorial y artístico funciona como una herramienta para aprehender algo que ha estado siempre ahí aunque no hayamos prestado atención, una punta de realidad que nos llega desde principios del siglo XIX.

 

Hablamos con Yolanda, del colectivo La Liminal, el cual, dentro de su labor de mediación cultural, ha organizado recorridos que muestran el impacto de Las Cigarreras en el barrio y generan un espacio de debate entre los que acuden a ellos. Yolanda nos cuenta que Tabacalera contaba con 3500 empleados, el mayor número de la ciudad, solo seguida de Ferrocarril, con 2000 y Gas Natural con 1500. Si tenemos en cuenta que Madrid tenía en la época unos 500.000 habitantes, sería el equivalente en la actualidad a una fábrica con unas 21.000 mujeres, con todo lo que ello supuso en el impacto para el barrio, pero también con un uso feminizado de los espacios en un momento incipiente de la incorporación de la mujer al mercado laboral. Las formas de organización eran otras, ya que “las obreras tenían que combinar las labores productivas con las reproductivas” y las de cuidado, asociadas exclusivamente a ellas por una cuestión de género. Nos surgen un montón de cuestiones en torno a cómo influye la incorporación de este numeroso colectivo de mujeres al mundo laboral.

 

Cigarreras de Lavapiés (fuente: La Liminal).


 

Vemos a través del recorrido de La Liminal un gran número de espacios destinados a guarderías, salas de lactancia, pero también un asilo destinado al cuidado de las cigarreras demasiado mayores para poder trabajar; existía un sistema que apoyaba económicamente a las que caían enfermas, a modo de una seguridad social creada por y para ellas, mucho antes de que este concepto existiese. Cuando preguntamos a Yolanda cómo es posible que una parte tan esencial de la historia de la configuración del barrio de Lavapiés pase desapercibida, nos habla de las inercias que nunca son gratuitas, “el espacio público no es neutro, la historia que se transmite desde las instituciones, también el diseño físico del espacio, influye en cómo nos llega la información y cómo percibimos este espacio”, por eso la intención de La Liminal es “revisar los discursos, lo esencial es la ciudad y la forma en que nuestros cuerpos se inscriben en ella y cómo se configura nuestra identidad a partir de los relatos establecidos, trabajar en el paseo para hacer recorridos críticos a partir del debate desde la perspectiva de género y recuperar la memoria femenina de los espacios”.

 

Jazmín López. “Si esto es un hombre [Veronica]”.


 

Parece que este es el objetivo también de los comisarios y las artistas involucradas en esta exposición que reflexiona sobre la presencia de las cigarreras y las relaciones entre el cuerpo y el espacio que nos rodea, basándose en la cita de Antonin Artaud, “el cuerpo bajo la piel es una fábrica recalentada”. Juan Canela nos habla del trabajo curatorial que realizó junto con Stefanie Hessler: “Al conocer el espacio de Tabacalera entendimos que debíamos hacer un proyecto que dialogara con su contexto, su historia y la arquitectura del edificio. Caracterizado por una alternancia de espacios iluminados y en penumbra, y por mantener los baños de la antigua fábrica, con todos sus elementos y su estructura presente: los lavabos uno tras otro en fila contra los azulejos, las duchas y letrinas. Esta arquitectura nos lleva a pensar inevitablemente en cuestiones que tienen que ver con el espacio de trabajo fabril, con la disciplina de los cuerpos que lo habitan, con su higiene, su cuidado y sus ritmos de trabajo. No hay elementos más adaptados al cuerpo humano que los mobiliarios de baño; y a la vez los sistemas de control, de comportamiento y representación de éstos comienzan en este tipo de espacios íntimos y personales. Tomando este lugar tan singular como punto de partida para desarrollar el proyecto, proponemos una instalación con tres artistas cuyo trabajo responde a estas cuestiones en un diálogo muy directo con la arquitectura, su historia y contexto, tratando de incidir en la relación entre los cuerpos, los sistemas de control y comportamiento que los rodean y la representación de los mismos”.

 

Jazmín Lopez. “Canción cantada durante la ejecución de un trabajo físico difícil”.

 

En este contexto, Jazmín López (Buenos Aires, 1984) nos cuenta respecto a su obra, Si esto es un hombre [Veronica], que lo primero que le llamó la atención al documentarse sobre el espacio es que Tabacalera fue “la primera fábrica con sala de parto y guardería. Me sorprendió el nivel de sometimiento que tenían esas mujeres. Cuando vi el lugar, observé que había una simetría en la ordenación del espacio casi militar. En cuanto a los baños, en las filas de lavamanos corridos, daba la sensación de que cuando te estás lavando la manos (donde lo más común es que te veas en un espejo) estás viendo al otro. En ese sentido hay una despersonalización, una entrega a la función total. La persona dejaba de ser un individuo para ser una función. Por eso quise trabajar con espejos, intentando devolverles esa identidad. Tomé la medida del muro y la reproduje exactamente tratando de provocar una asimetría en ese ordenamiento ya que el espejo de un lado copia la forma de una de las piletas y del otro lado está recta”. Así el espejo devuelve la mirada a quien mira, rompiendo a través de ellas la simetría del espacio, la estandarización y la función de control de los ritmos repetitivos fabriles, acentuando la atención en el elemento arquitectónico que falta, pero situándolo en un lugar incómodo en el que el espectador tiene que hacer un esfuerzo personal y postural para reconfigurar el relato. Jazmín nos habla también del sentido del título de su intervención, Canción cantada durante la ejecución de un trabajo físico difícil, nos cuenta que hay un sentido irónico en ello ya que “la imagen de trabajo proletario suele perder potencia cuando se piensa que Las Cigarreras no ejercían un trabajo físicamente difícil, la intención del título contradice esa idea. En su caso, el sometimiento físico viene precisamente del hecho de tener una sala de partos en la misma fábrica, es la ordenación del cuerpo hasta tal punto”. La artista interviene el espacio con unas cortinas fabricadas con un último rollo de tela del uniforme de trabajo, a modo de telón de teatro, devolviendo el relato de estas mujeres a un espacio de representación desde el que repensar una historia que ha estado ausente. Un rastro que también podemos seguir desde un blog que recoge las huellas de las cigarreras que fueron encontradas en la parte autogestionada de Tabacalera o en esta cuenta de Flickr.

 

Obra de Joanna Piotrowska.


 

Joanna Piotrowska (Varsovia, Polonia, 1985) se instala en los vestuarios de la fábrica, cuestionando el concepto de identidad como una categoría inestable relacionada con y a través del cuerpo. Sus fotografías y videos muestran sujetos en posturas ambiguas que reflejan cuestiones sociales y nuestras enredadas conexiones con los demás.

 

Adélaïde Feriot. “On the tip of the tongue”.


 

Por su parte Adélaïde Feriot (Libourne, Francia, 1985) con el trabajo On the tip of the tongue, convierte el suelo en un espacio de terciopelo y formas de cera esbozan prótesis de pies humanos. En determinados momentos, dos personajes se posan sobre la punta de los pies, tratando de fijar lo que no está destinado a ser fijado. De nuevo la temporalidad, el ritmo y las tareas repetitivas del trabajo fabril y el sometimiento de los cuerpos a estas disciplinas se materializan en estas formas de cerca apersonales. Ante ellos es inevitable pensar en dos imágenes que nos enseñaba Yolanda, de La Liminal, en nuestra conversación en respuesta a la pregunta de porqué se revelaban las cigarreras contra de los procedimientos asociados a la revolución industrial. Esta fotografía es anterior a la introducción de maquinaria en la fábrica:

 

 

Esta es posterior:

 

03 Agosto 2017 by JAVIER YOHN PLANELLS

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Fotógrafo y “photobooktuber”.


02 Agosto 2017 by IRENE CALVO

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Pintura, fotografía, vídeo, libros… Las cinco expos que no te puedes perder este verano.


27 Julio 2017 by NEREA UBIETO

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