Las huellas de la Inquisición en Madrid

Repasamos la parte más oscura de la historia religiosa de nuestra ciudad. Por Diego Parrado


30 marzo 2015

inquisicion madrid 1

Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid (Francisco Rizi, 1683).

 

Ayer, en la Venda Negra, mientras las procesiones del Domingo de Ramos cruzaban Madrid y un sol de justicia pregonaba el sofocante verano, nos entretuvimos recordando aquellos otros desfiles que, portando idénticas cruces y capuchas en punta, atemorizaron a nuestros vecinos de los siglos XVII y XVIII: me refiero a las procesiones de la Santa Inquisición.

 

Si se sabe escuchar bien, los penosos pasos aún suenan en la calle Torija, de donde los condenados partían sufriendo toda clase de humillaciones; pues tan terribles acontecimientos quedaron grabados en la memoria de la ciudad, que de vez en cuando, en medio de alguna de sus pesadillas, se revuelve y reproduce esos horrores en los mismos lugares de antaño.

 

Por aquel entonces se celebraban en Madrid dos procesiones: la de la Cruz Verde, que portaba una cruz de ese color hasta el sitio donde iba a celebrarse el auto, y la de la Cruz Blanca, que se dirigía hacia los quemaderos de la ciudad en donde iba a ejecutarse a los condenados a la hoguera.

 

Los autos de fe más famosos se celebraron en la Plaza Mayor, engalanada con ocasión de esos juicios infames como un gran teatro, tal y como puede contemplarse en la pintura de Francisco Rizi que cuelga en el Museo del Prado. Sin embargo no parece caprichoso  que la condena al fuego purificador se pronunciara en esta plaza, pues, por esas cabriolas del Destino, la Plaza Mayor sufrió durante esa época tres grandes incendios en los que perecieron numerosas personas, pasto de las llamas. Siglos después, fue aquí donde se vendieron toneladas de bengalas y petardos para festejar la llegada del año nuevo, y si uno se fija bien, verá que en una de las farolas en donde hoy los herejes protestantes de Alemania o Inglaterra apoyan sus espaldas, hay un grabado que representa la muerte de un condenado a garrote vil (quienes se arrepentían de sus pecados gozaban del dudoso privilegio de morir de esa manera en la propia plaza). Por otra parte, uno de los arcos de entrada a la Plaza Mayor (hoy Arco de Triunfo) se conocía por aquel entonces como Callejón del Infierno, y es posible que alguno de los inquisidores de mayor fantasía imaginara que los condenados a la hoguera abandonaban la Plaza precisamente de camino al Infierno.

 

Foto: Wikimedia.

Foto: Wikimedia.

 

También en la Plaza de la Cruz Verde sigue reverberando el eco de la Inquisición. Aquí, clavada en la tapia del huerto del convento del Santísimo Sacramento, una cruz pintada de verde señalaba otro de los escenarios de los temibles autos de fe, hasta que en 1850 la cruz fue sustituida por una encantadora fuente. Sin embargo la fuente está dedicada a Diana, la diosa de la caza, y tal vez porque ésta fue poca amiga de la compañía de los hombres, o por los sacrificios que se le hicieron en tiempos antiguos, la sed de violencia que aleteó en esta plaza siglos atrás, siguió viva y en 1992 fue saciada: la mañana del 6 de febrero explotó un coche bomba cobrándose la vida de tres capitanes, un soldado y un radiotelegrafista (¿les susurró la diosa a los terroristas de ETA dónde debían colocar la bomba?).

 

En cuanto a los quemaderos, existieron dos: uno situado a unos metros de la Puerta de Alcalá (entre la calles de Claudio Coello y del Conde de Aranda) y otro junto a la antigua Puerta de Fuencarral (hoy Glorieta de San Bernardo o de Ruiz Jiménez). El primero fue demolido a mediados del siglo XVIII para construir una plaza de toros, la antigua Plaza de Toros de la Puerta de Alcalá, por cuya arena siguió por supuesto corriendo la sangre. Ni del quemadero ni de la plaza queda ya ningún vestigio, aunque el azar (¿o es una fuerza mucho más poderosa que esa la responsable de estas reminiscencias?) ha querido que en la intersección entre Claudio Coello y Conde de Aranda haya una farmacia, y en la fachada de la farmacia… Sí, en la fachada de la farmacia cuelga una Cruz Verde.

 

Auto de fe de la Inquisición (Francisco de Goya, 1812-1819).

Auto de fe de la Inquisición (Francisco de Goya, 1812-1819).

 

El segundo quemadero, que se construyó para sustituir el anterior, dio lugar en tiempos de Isabel II al Hospital de la Princesa, escenario por tanto de muchas muertes y de la primera trasfusión sanguínea que se logró llevar a cabo en España. Posteriormente, el hospital fue derribado y en su lugar se construyó la que se conoce popularmente como “casa de las acelgas” o Edificio Princesa. El inmueble, destinado a viviendas militares, fue diseñado por el genial Fernando Higueras inspirado en las ruinas de los templos aztecas, lugares donde por todos es sabido que se practicaron multitud de sacrificios humanos. De los balcones del imponente edificio cuelgan además numerosas cascadas de hiedra, símbolo de la inmortalidad y del renacimiento, pues el dios Dionisio llevaba la cabeza cubierta de hojas de esa planta.

 

Cruzando la calle San Bernardo, encontramos que al otro lado de la glorieta hay también una farmacia dotada de su correspondiente Cruz Verde, símbolo de la Santa Inquisición, que, como vemos, sigue aún presente en Madrid, igual que esas tragedias en las que nos vemos envueltos de niños y que nos acompañan hasta el final de nuestros días.

11 diciembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 11 al 17 de diciembre


Arte, mesas redondas, música, mercadillos… Los planes que no te puedes perder esta semana.


04 diciembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 4 al 10 de diciembre


Cine, música, arte… Los mejores planes para disfrutar de esta semana.


27 noviembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 27 de noviembre al 3 de diciembre


Noviembre se va por todo lo alto: los mejores planes para disfrutar de la semana.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *