Las negrísimas pinturas de Goya

En la alegre villa de Madrid, entre la calle Caramuel y la de Juan Tornero, cerca del Manzanares, se encontraba en su día La Quinta del Sordo, en cuyas paredes Goya pintó las famosas pinturas negras. Hoy, restauradas y en el museo del Prado, siguen callando su auténtico significado y misterio. Por Diana Aller.


25 abril 2014

Viejos_comiendo_sopa

 

En 1819 Francisco de Goya compró una finca por 60.000 reales de la época y aunque el pintor ya padecía de sordera –y pese a la creencia popular- el terreno y la casa se llamaba la Quinta del Sordo, por ser sordo también el anterior dueño.

 

Allí habitó con su ama de llaves y amancebada y la probablemente hija de ambos, hasta 1823, momento en el que se exilió en Burdeos para no volver jamás.

 

Como buen maño, Goya era tozudo, y con la edad se volvió más difícil y cerrado en sí mismo. Si observamos sus autorretratos por orden cronológico, es fácil reconocer cómo se le iba agriando el gesto, como se replegaba en sí mismo, e incluso se puede apreciar su sordera cuando se dibuja inclinando la oreja hacia el espectador, como acercándose para oír mejor.

 

Si a este carácter difícil, le sumamos el desánimo existencial de la situación política en España (con el convulso y cambiante reinado de Fernando VII), y que se sentía mayor por sus achaques, enfermedades y por estar con una mujer joven… Resulta más fácil comprender su evolución hacia una pintura cada vez más siniestra.

 

Ya en “Los desastres de la guerra” y la serie de los Caprichos, Goya muestra una feroz crítica hacia los horrores y supercherías populares, y “practica” claroscuros impactantes y dantescas imágenes de violencia y canibalismo.

 

Pero sus últimas pinturas, (recordemos que murales) en las paredes de su propia vivienda, no parecen señalar un infierno, sino que podría serlo en sí mismo. Los cuadros no tienen título (éstos se pusieron posteriormente) y la temática no termina de ser clara. Se sabe, eso sí, que fueron pintados sobre unos paisajes primigenios, y al parecer más alegres. Es como si Goya hubiera ido enloqueciendo (y ganando como artista), soltando toda su furia creativa en las dos plantas de la Quinta del Sordo. No hay unidad temática, las figuras aparecen suspendidas en el aire, entre oscuras brumas.

 

Las pinturas negras en ocasiones son pulsión en estado puro. Recomiendo su visionado (de las 17 que se cree que existían, 14 están en el Prado, muy bien dispuestas e iluminadas además). En el caso de “Aquelarre”, los ojos de las brujas que aparecen en primer término, parecen pintados con las yemas de los dedos directamente.

 

aquelarre

 

La composición de todos estos cuadros es desafiante y novedosa en la historia de la pintura. El centro de interés con frecuencia se encuentra cerca de las esquinas o desdibujado… Y el tenebrismo y la representación de escenas chungas sería la nota predominante.

 

Sin embargo, sigue siendo un misterio qué quería contar Goya… O si quería contar algo, o simplemente se dejó llevar por su torturada cabeza (Ya saben, “El sueño de la razón produce monstruos”)…

 

Se dice que era tildado como un vecino extraño, introvertido y de nula relación con los demás. La leyenda se fraguó a costa de numerosas murmuraciones: que el pintor estaba poseído por el diablo, que en la casa pasaban cosas raras y que había fantasmas… Los criados aseguraban que Goya se pasaba las noches pintando en las paredes “cosas horribles” a la luz de las velas.

 

Sobre la finca –que fue vendida por el nieto de Goya- pesó durante mucho tiempo la fama de maldita: En la casa se oían ruidos extraños e incluso gritos espeluznantes. Desconozco si hoy queda vestigio alguno de tan malrollero pasado, pero gracias a esta locura tenebrosa, Francisco de Goya ejecutó sus mejores creaciones y se adelantó más de un siglo en el arte pictórico.

 

Mi cuadro favoritísimo de las pinturas negras es “Perro semihundido”, misterioso (yo diría “angustiado”) antecedente del expresionismo y de las vanguardias del siglo XX. Dibujo, abstracción y dominio total del espacio.

 

En Madrid, la ciudad más alegre y vital del mundo, queridos lectores, se guardan oscurísimos secretos de incalculable valor.

 

perro

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Alvaro says:

Fernando VII no “Felipe VII”

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