Límites y fracturas

El artista madrileño Javier Chozas acaba de inaugurar su exposición “A Fountain that Seeks a River” en Londres. Por Nicola Mariani 


22 febrero 2019

Afincado en Londres, donde en 2018 obtuvo el Master en Bellas Artes en la Goldsmiths University, el artista madrileño Javier Chozas (1972) acaba de inaugurar su exposición “A Fountain that Seeks a River”. Coherentemente con su línea de trabajo habitual, en ella el artista explora los límites y las fracturas de la identidad del individuo. Su peculiar lenguaje escultórico se centra en la técnica del ensamblaje y combina libremente materiales de distinta naturaleza, explorando en profundidad sus posibilidades plásticas y expresivas. Sus instalaciones introspectivas, construidas a menudo como escenografías casi habitables, tienden a establecer una relación física y mental muy potente con el espacio circunstante y con la percepción del espectador.

 

 

La exposición “A Fountain that Seeks a River”, que presentas estos días en Londres, nace de una reflexión sobre el rechazo y el miedo que éste produce en el individuo. ¿Cómo surgió y cómo se desarrolló el proyecto?

Este proyecto surgió como una reflexión acerca de la ortodoxia en el contexto doméstico y del poder que tiene la costumbre para deformar nuestros pliegues, nuestras esquinas anómalas. Las obras están concebidas como un encuentro de fuerzas entre una estructura y un elemento orgánico con distintos resultados según la pieza. Ubicar la muestra en un contexto doméstico me ha permitido recrear de forma directa el espacio del hogar al planificar la distribución de las obras y explorar conceptos como el de paisaje.

 

 

Javier Chozas, Limónov, 2019. Cortesía Javier Chozas, 2019.

 

La comisaria de la exposición, Sofía Corrales Akerman, escribe que esa muestra persigue «la generación de un dispositivo casi escénico”, donde las energías emocionales “se pueden transitar, esquivar, y quizás tocar”. El interés por la habitabilidad de la obra y la relación de la escultura con la escenografía y el teatro es un elemento bastante recurrente en tu producción artística. ¿Me equivoco?

En efecto, hace ya años que el espacio es un elemento esencial en mi obra. Entiendo el espacio como el pintor entiende un cuadro y lo utilizo como centro neurálgico compuesto de recorridos y acentos, de ausencias y destellos, en definitiva como un lugar creado por la obra y perteneciente solo a la obra. Al igual que ocurre en un cuadro, en el espacio también puedes esconder guiños y referencias, algo que hago a menudo en mis obras. Mi obra gira en torno a la conformación de lo abyecto, de ese otro yo que contenemos y repudiamos pero que al mismo tiempo nos define. El espacio es un medio perfecto para articular narrativas sobre lo invisible ya que es tan intangible y tan dúctil como ese espacio íntimo inconfesable en torno al que gira mi obra. No hay nada con más potencial que aquello que es aún difuso o ambiguo y el espacio es algo que no está sujeto a una ortodoxia de uso en el espacio de arte, eso es una invitación a operar con él que no se puede rechazar.

 

Javier Chozas, The story of the Eye, 2018. Cortesía Javier Chozas, 2019.

 

 

La fragmentación de la identidad individual y la exploración de sus límites — ese enfrentarse a nuestro “otro yo”, como acabas de definirlo — es sin duda un tema central de tu trabajo. Pienso, por ejemplo, en tu otra exposición “Still Waters Run Deep”, que presentaste en la galería Tenderpixel. ¿Puedes contarnos algo más al respecto?

La exposición de Tenderpixel fue el resultado de un proceso muy interesante de trabajo con la comisaria Riet Timmerman, en el que una serie de conversaciones acerca de mi obra nos llevó a tomar la idea de piel como punto de partida de la exposición. Yo había leído hacía poco tiempo “La historia del ojo” de Bataille, que es una novela erótica de 1928 y estaba fascinado por algunos de los pasajes de la novela, especialmente uno en el que hay un armario y se produce una escena borrosa de sexo extremo entre los tres personajes principales de la novela que acaba de forma dramática para uno de ellos. A partir de ahí, las obras que produje para esta exposición sondeaban los límites de la autoconsciencia en situaciones de placer y sexo extremos y la necesidad de nuestro yo abyecto de aflorar en determinados contextos como el de las relaciones sexuales. De algún modo las obras se preguntaban qué ocurre cuando cruzas esos límites y si no sería necesario que eso se extendiera a otros campos.

 

 

Javier Chozas, Not a nice view for a sexy single, 2017. Cortesía Javier Chozas, 2019.

 

 

En otro proyecto reciente, “Not a nice view for a sexy single” (2017), tu escultura establece una relación privilegiada con el movimiento. ¿Cómo abordaste en ese caso dicha relación?

En aquel momento estaba muy interesado en incorporar la narratividad a mi trabajo pero mediante elementos físicos, es decir, quería construir una obra que se comportase como un storyboard escultórico y así surgió esta instalación. Concebí una obra circular cuya configuración no permitía abarcarla de un vistazo como un todo. Para poder verla completa había que rodearla, y al rodearla iban apareciendo paulatinamente elementos que tenían continuidad por el interior de la estructura y que a su vez conectaban con otros que a su vez te dirigían a otros, etc. En definitiva, solo al rodear una y otra vez el tondo espacial emergían las conexiones entre los distintos elementos y sus relaciones colectivas. Lo que en el cine es una secuencia que se ve sentado en la butaca aparecía en esta obra al caminar alrededor de ella, un poco a modo de zoótropo invertido. Cada vez me interesa más crear obras que se vean incompletas en fotografía y que sea importante ver in situ, trabajar en el espacio lo facilita bastante.

 

Javier Chozas, Hrönir, 2017. Cortesía Javier Chozas, 2019.

 

Entre las diferentes fuentes de las que se nutre tu obra, se encuentran el cine, la literatura de ficción, los ensayos de historia, sociología, filosofía etc. ¿Qué importancia tiene, en tu planteamiento escultórico, el elemento de la narratividad? Pienso, por ejemplo, en obras como “Hrönir” (2017)…

La narratividad es un elemento muy presente en mi obra, si bien la forma en la que se despliega varía según el proyecto. Algunas obras, como “Hrönir”, inciden en el potencial escenográfico de la imagen literaria. En ese caso, la instalación hace referencia a un relato emblemático de Borges que habla de un mundo imaginario y recrea un conjunto de elementos que no forman parte del relato completándolo, ensanchándolo sin permiso en una dirección borrosa que podría ser parte del propio relato. Así, los elementos que construí para esta instalación estaban intencionadamente cargados de connotaciones y referencias a nuestro presente audiovisual, estableciendo una línea de comunicación entre un relato fantástico y un género cinematográfico como son las películas épico-históricas. Me parecía interesante el hecho de que los estampados victorianos o las telas con motivos africanos fueran todos elementos cotidianos que se compran baratos en las tiendas de bricolaje o los mercadillos y que sean réplicas de los originales pero vaciados de significado (un poco como pasa con los Hrönir en el relato de Borges o con las películas históricas), pero que sin embargo constituyan a la vez lo que sabemos de esos pasajes de la historia. Disfruto mucho imaginando posibles alternativas, finales paralelos, extensiones, segundas partes, finales inacabados etc. de todo aquello de lo que me nutro, sean novelas, películas, conversaciones, ensayos, etc. y es ese universo de posibles el que me gusta pensar que invito a los demás a visitar cuando se encuentran con mi obra.

 

¿Cuáles son tus referencias artísticas e intelectuales más inspiradoras?

Siempre he sido ecléctico y curioso, me gusta leer, ver y escuchar todo aquello que me hace pensar o me descoloca, especialmente aquello que cuestiona mis ideas, encuentro ahora más que nunca importante el escuchar a los que no piensan como nosotros. Si tuviera que nombrar artistas que me inspiran necesitaría darte mil nombres, pero si hay algo que define a todos los que me gustan es la honestidad de su obra. Como escritor tengo debilidad por Houllebecq y en el plano intelectual me interesan mucho los ensayos de Juliane Rebentisch o Peter Osborne.

 

Otro elemento típico de tu trabajo es la investigación sobre las cualidades intrínsecas de los materiales y sus posibilidades plásticas y expresivas. Materiales de distinta naturaleza; accesibles, baratos, de uso común… ¿Podrías hablarnos un poco de este aspecto?

Cuando era niño me regalaron un juego que se llamaba Quimicefa, que era una caja llena de componentes químicos con los que podías hacer todo tipo de inventos. Cada una de las sustancias de esos tubos de ensayo podía reaccionar de mil maneras distintas con los demás dependiendo de como los combinaras. A mí me fascinaba ese universo de posibilidades contenido en solo treinta tubos de ensayo y nunca me cansaba de probar mezclas nuevas. Supongo que eso es lo que hace que tenga esta pasión por explorar las posibilidades de los materiales, especialmente aquellos que tenemos cerca o que son de uso tradicional en el arte como la madera, el acero o la escayola. Encuentro fascinante el jugar a llevarlos a lugares en los que no los he visto, pulsar sus límites físicos, explorar su potencial para hacer lo que no es usual. La razón principal de que sean materiales comunes es que yo hablo sobre mi vecino, sobre ti, sobre mí, en definitiva sobre las personas que me rodean, con las que me cruzo, y que de un modo u otro me conmueven. Mi mundo creativo se compone de lo que considero auténtico en lo que me rodea, y creo que en ese sentido es lógico que los materiales con los que trabajo compartan esa mirada. En ese sentido últimamente me interesan más los materiales que son naturales como la gelatina, que usé en la exposición de Tenderpixel, o la escayola que está muy presente en mi última exposición, quizás sea una reminiscencia de mi infancia.

 

Javier Chozas, Any-Space-Whatever, 2018. Cortesía Javier Chozas, 2019.

 

El año pasado expusiste la instalación “Any-Space-Whatever”, como trabajo final del Master en Bellas Artes en la Goldsmiths University. La muestra fue acompañada por un ensayo en el que trataste la idea de “reenactment”, o recreación. ¿Podrías hablarnos de esta idea de fondo y de cómo abordas, en tu trabajo, la relación del arte actual con el del pasado?

Soy un apasionado del arte antiguo, desde que vivo en Londres voy con cierta frecuencia al British Museum a ver una obra, paso un rato con ella y me voy. Me emocionan esos retazos de belleza y de historia y busco con frecuencia la relación de lo que me gusta en el arte con ese pasado. En mi caso, mis obras se acercan a ese pasado con curiosidad y lo abrazan a través de distintas fórmulas. Una de ellas es el caso de “Any-Space-Whatever”, que es el resultado de una reflexión acerca del paralelismo entre el pasado y nuestro presente en los temas que tratamos en el arte y por ende una reflexión acerca de como lo hacemos. Esta instalación proponía una recreación de una obra maestra de la pintura que tiene hoy especial relevancia por el tema que trata. A mí no solo me interesaba esta conexión sino también el hecho de que esta obra haya sido recreada por otros artistas en el pasado, cada uno con un estilo diferente y enfatizando un elemento distinto de la obra original. Esta reactivación de una obra de hace doscientos años en distintos momentos desde entonces me parecía fascinante y quería formar parte de ella.

 

¿Cómo es la vida de un artista en Londres? ¿Y comparado con España?

La vida aquí es intensa, ésta es una ciudad que te da mucho y que te exige mucho. La gran ventaja es que estás en contacto con todo lo que pasa en el mundo del arte a nivel mundial, porque Londres es un centro neurálgico, pero a cambio pierdes la calidad de vida que te da Madrid y la cercanía con los artistas que tienes allí. ¡No se puede tener todo!

 

¿En qué estás trabajando en este momento? ¿Puedes adelantarnos algo?

Llevo trabajando desde hace meses en un proyecto fantástico con la comisaria Sofía Corrales que me hace mucha ilusión, pero no puedo decir mucho más por ahora. Aparte, tengo distintas exposiciones planificadas para después del verano aquí en Londres que me darán un poco de oxígeno para producir después de encadenar tres exposiciones individuales seguidas.

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