Lo personal y lo político. La procesión de Pepe Espaliú por las calles de Madrid

En 1992 el artista Pepe Espaliú realizó una performance en la cual era transportado por varias personas por las calles de Madrid, a modo de procesión. Espaliú acababa de declarar públicamente que estaba enfermo de sida. Por Marta Sesé.


17 Marzo 2017

Pepe Espaliú, “Carrying”. Madrid, 1 de diciembre de 1992.

 

“El sida es ese pozo por donde hoy escalo ladrillo a ladrillo,
tiznando mi cuerpo al tocar sus negras paredes, ahogándome en su
aire denso y húmedo… Y sin embargo, es este sórdido túnel que
de forma súbita y violenta me ha hecho volver a la superficie”.

 

Pepe Espaliú en “Retrato de un artista desahuciado”
 

 

El 1 de diciembre de 1992 Pepe Espaliú (Córdoba 1955-1993) publicaba en El País un texto titulado Retrato del artista desahuciado. En dicho texto, Espaliú narra como para él, el arte, ha sido la manera de enajenarse del mundo, un mundo que no le interpelaba y que no le ofrecía un marco en el que vivir como homosexual. El mismo texto termina aludiendo al sida como la enfermedad que, justamente, devuelve al artista a la superficie, a la realidad.

 

Ese mismo día 1 de diciembre –coincidiendo con el día internacional de la Acción contra el Sida–, Espaliú repitió en Madrid su acción Carrying, en la que era transportado por voluntarios desde el Congreso de los Diputados hasta el Museo Reina Sofía –antiguamente, un hospital de tuberculosos–. A diferencia de unos meses antes, cuando llevó a cabo la acción en San Sebastián transportado por gente anónima y activistas del Sida aquí, en Madrid, fueron numerosos los personajes públicos que se sumaron a la procesión. Entre ellos, Carmen Romero, esposa del entonces presidente del gobierno Felipe González, el cineasta Pedro Almodóvar o la actriz Marisa Paredes.

 

Más allá del oportunismo político que implicaba estar presentes en dicha acción, Carrying fue una performance catártica, un ritual de curación, solidaridad y confianza a partir de un juego de niños jugado por adultos. El método remite al tradicional juego “la sillita de la reina”: dos personas cruzan los brazos para formar un asiento sobre el que Espaliú queda suspendido con los pies desnudos y abrazando a la pareja por los hombros. Pareja a pareja, como una cadena humana y, sin tocar el suelo, el artista avanza a lo largo del recorrido en lo que es un acto procesual. El mismo Espaliú escribió, citando a Joseph Beuys, que el arte era una forma de terapia: «la única manera de superarse y tal vez de sanar es estar alerta y mostrar las heridas».

 

La acción que tuvo lugar en Madrid consiguió poner sobre la mesa un problema político de salud pública al que, hasta el momento, no solo se le había dado la espalda si no que había conseguido estigmatizar a una serie de colectivos –maricones, yonquis y prostitutas– como únicos portadores y causantes. La performance de Pepe Espaliú en 1992 corresponde a un momento en el que el sida es todavía una enfermedad tabú y cargada de un gran estigma –no es hasta 1996 que pasa a ser una enfermedad crónica mediante el uso de medicación–. A pesar de los titánicos esfuerzos que hicieron los grupos activistas de disidencia sexual tanto en pedagogía de la enfermedad, como en métodos de prevención, es a través del cuerpo de Espaliú que la enfermedad adquiere rostro humano.

 

En la acción de Espaliú se reconocen, entonces, dos grandes vías de actuación. Por un lado la performance construida como procesión y que permite la congregación de toda una comunidad alrededor del cuerpo sidoso, por primera vez público y visible y, por otro lado, la carga mediática a través de la difusión en prensa que consigue desvincular a la performance de campo artístico para ensancharse a un espectro de audiencia mucho mayor.

 

Pepe Espaliú, “Carrying”.


 

Más allá de la acción, y bajo el mismo nombre, encontramos una serie de esculturas que utilizan la metáfora del palanquín tratándose, en este caso, de palanquines cerrados herméticamente. Espaliú ideó Carrying –las esculturas– mientras vivía en Nueva York, ciudad que conoció en 1990 cuando ya estaba enfermo de sida y donde entró en contacto con otros enfermos y grupos organizados que ofrecían ayuda y acompañamiento de manera voluntaria. A esta labor, la del cuidado, le llamaban carrying, un término al que dotaban de doble significado: to care (cuidar) y to carry (llevar). En esta ocasión, las esculturas quieren aludir a la idea de contagio, razón por la cual son opacas, están cerradas. Muchas veces, de hecho, se presentan partidas con una pared en medio haciendo referencia a la idea de aislamiento que sufre el enfermo.

 

Las temáticas en el trabajo de Espaliú, quien anteriormente se había dedicado tanto a la pintura como al dibujo y la escultura, estuvieron siempre marcadas por referencias personales en relación con la identidad homosexual o el sentido masoquista del placer. Fue a partir de 1990 como tanto en Carrying –acción y esculturas– como en otros trabajos, que la enfermedad del sida fue de vital importancia, cargando sus piezas de un gran simbolismo y compromiso sobretodo a partir de 1992, un año antes de morir, cuando hizo pública su enfermedad, hecho nada habitual en la España del momento. Carrying es una acción que, retomando una de las consignas más representativas del movimiento feminista de los años 70, “lo personal es político”, sitúa sobre la palestra pública y política una problemática de salud que, lejos de lo privado y lo propio, debía ser abordada desde lo común.

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