Los restos de un incendio

Desde el pasado 26 de marzo y hasta el 4 de octubre, se puede visitar en el CA2M de Móstoles la exposición “Punk. Sus rastros en el arte contemporáneo”. Nosotros estuvimos allí el día de la inauguración y ahora os lo contamos. Por Jorge Navarro


02 abril 2015

No Future (Jordi Colomer, 2006).

No Future (Jordi Colomer, 2006).

 

A eso de las nueve la entrada ya estaba muy ambientada, como recibimiento un enorme y brillante “No? Future!” (protagonista de una de las piezas de la colección) con el que muchos se hacían fotos. La gente charlaba animadamente alrededor de la barra donde se regalaba cerveza y el punk, una vez más, servía de excusa.

 

Además de la exposición propiamente dicha, el acto contó con las actuaciones de Supergrupo 2 y El Pardo; la cara de pasmo de los camareros de la cafetería era notable durante el concierto de las primeras, que jaleadas por un nutrido grupo de acólitos/as, fueron soltando, con cierta timidez, todos sus destartalados hits: “Orden de alejamiento”, “Excursión”, “Crisis”… El Pardo subió al escenario poco después e hizo lo propio. Sus inflamadas proclamas encendieron al personal que, de vez en cuando, iniciaba pogos intermitentes y daba color al asunto por momentos.

 

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A lo largo de las dos plantas que ocupa la exposición puedes encontrar desde cómics desviados a video arte, pasando por fanzines, portadas de discos, instalaciones conceptuales, lienzos y numerosos collages; obras de un puñado de artistas de distintas épocas y con el punk como nexo de unión, algunos de manera tangencial y sútil, y otros como Jamie Reid —máximo responsable del icónico grafismo de los Sex Pistols— o Raymond Pettibon —ligado al sello americano SST y autor de las portadas de trabajos míticos de Black Flag o Sonic Youth— de una manera mucho más directa.

 

Fanzine Black Flag (Eulàlia Grau, 1979).

Fanzine Black Flag (Eulàlia Grau, 1979).

 

Las piezas, agrupadas y divididas por áreas temáticas en las que algunos de los leitmotivs son la sexualidad, la violencia o el nihilismo, intentan confeccionar un recorrido por las catacumbas del siglo XX a través de la contracultura y la historia B del arte pop, haciendo hincapié en la hibridación de géneros y la energía y voluntad de iconoclastia que caracterizaron a la subcultura punk (y sus derivados) y que, desde su explosión en los 70, se ha extendido como un sarpullido hasta nuestros días. La intención primordial de la exposición es poner de manifiesto la herencia del punk en el arte contemporáneo y para ello rastrea su influjo, más allá de la música y la moda, y establece una genealogía que va desde sus antecedentes hasta las diferentes obras de multitud de autores actuales de diferentes países.

 

Chiara Fumai reads Valerie Solanas (Chiara Fumai, 2012 – 2013).

Chiara Fumai reads Valerie Solanas (Chiara Fumai, 2012 – 2013).

 

No faltan las referencias a bandas como New York Dolls o Dead Kennedys y a otras menos evidentes como Killing Joke o Einstürzende Neubaten, pero también a las COUM transmissions, Valerie Solanas o al dadaísmo y al situacionismo, vanguardias con las que el punk guarda una relación estrecha y muy evidente. En las paredes de las galerías, introducciones explicativas encabezadas por palabras como”anti”, “confrontación” o “rabia” que, irónicamente, contrastaban bastante con el institucionalizado marco del acontecimiento.

 

ÉCANOMIE (Bill Balaskas, 2011).

ÉCANOMIE (Bill Balaskas, 2011).

 

En definitiva, todo muy al estilo Greil Marcus, intentando establecer conexiones a lo largo de las distintas épocas y disciplinas, aunque de forma más superficial y menos concienzuda. Así, a primera vista y sin haber visto el catálogo, en el que colaboran verdaderas autoridades en el estudio y análisis de la cultura pop como Eloy Fernández Porta, Servando Rocha o el propio Marcus, en mi opinión es una exposición curiosa pero, quizás, poco consistente, cuya premisa quiere apuntar demasiados conceptos deslavazados y lanzados al aire, en ocasiones, de manera gratuita, no terminando de armar un cuerpo convincente, generando confusión y quedándose en un nuevo apéndice introductorio a un tema demasiado trillado y cuya violenta energía de negación parece domesticada, asimilada y reducida al espectáculo de muecas y garabatos de un niño envejecido que ya no inquieta a casi nadie.

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