Lucía Casani: “La Casa Encendida es un centro privado con vocación pública”

Hace dos meses La Casa Encendida celebraba su 15 aniversario. Lucía Casani, directora del centro, explica los orígenes y el funcionamiento de La Casa, la forma de programar sus contenidos y sus líneas de trabajo, entre las que se encuentran la visibilización de las mujeres  y  el medio ambiente, entre otros temas. Por Sergi Álvarez Riosalido. Fotografía de portada por Laura Carrascosa Vela.


13 marzo 2018

Lucía Casani dirige La Casa Encendida desde 2014, pero empezó a trabajar en el centro en 2002, justo después de graduarse en Comunicación Audiovisual. De forma dilatada y precisa, Casani nos explica cómo afronta la dirección y cómo funciona tan preciado centro cultural de Madrid.

 

Has estado vinculada a La Casa Encendida desde sus inicios, a finales de 2002, y has pasado por distintas funciones en el centro desde entonces hasta ahora, que se cumple el 15 aniversario; ¿cómo has abordado personalmente las distintas etapas y cómo afrontaste la dirección del centro? ¿Cuáles han sido las particularidades del proceso de trabajo y qué es lo que destacarías de él?

 

La Casa Encendida surge como un nuevo centro en Madrid: en ese momento Obra Social Caja Madrid encarga un centro cultural, ya que querían aunar sus líneas de trabajo. Para ello, ponen al frente a José Guirao. José Guirao había estado seis años dirigiendo el Museo Reina Sofía, tenía todo el conocimiento del entorno de la gestión y tomó una decisión que ahora, mirándola hacia atrás, me parece realmente interesante y arriesgada –quizá no me di cuenta en aquel momento hasta qué punto-. En lugar de contratar a gente que conocía y con quien ya había formado equipo, o que tuviera una cierta trayectoria en el sector, José Guirao pensó que para un centro nuevo y para conectar con unas nuevas generaciones, había que apostar verdaderamente por gente nueva. Todos los que empezamos en ese equipo éramos muy jóvenes. Yo entonces tenía 25 años, acababa de terminar la universidad, había trabajado en cine y mi idea era trabajar en la dirección de cine, pero José Guirao, a quien conocía por otras circunstancias, me llamó para este proyecto. Y me pareció buena idea, aunque nunca había programado. Esto me parece algo interesante a destacar de La Casa: que siempre se ha trabajado de una manera muy experimental. Es decir, nos dieron las herramientas, el presupuesto –que hay que decir que era un lujo–, y desde la juventud, que te hace adentrarte a todo sin miedo, nos lanzamos a la piscina con toda la alegría pero con el respaldo del gran maestro, que era José Guirao. Y nos dejó volar.

 

Fotografías: Laura Carrascosa Vela.

 

Me acuerdo del primer día que me senté delante de la mesa y pensé: “¿Por dónde empiezo?”. Comenzamos con una ilusión absoluta, preguntándonos qué faltaba entonces en Madrid. Éramos jóvenes y cuando viajábamos a otras ciudades veíamos cosas que nos llamaban la atención –Madrid ha cambiado mucho en estos 15 años y en aquel momento había un montón de carencias-. Viajabas a Londres y estaba el Barbican, o miles de sitios más pequeños e independientes; ibas a Berlín y descubrías otros espacios que en aquel momento no existían aquí… En esa época, por ejemplo, viajé a Ámsterdam y me adentré bastante en la escena de la música experimental. Aquello me pareció todo un mundo porque estaba acostumbrada a escuchar música electrónica en otro contexto, como discotecas. Aluciné porque eran sitios muy serios en los que se escuchaba todo aquello con mucha devoción.

 

Esos primeros años los recuerdo con bastante ilusión, aunque durante los cuatro primeros años de La Casa Encendida vivíamos prácticamente aquí: entrábamos a las diez de la mañana y salíamos a las doce de la noche, eso sí, con una sonrisa en la boca. Nos apetecía todo lo que hacíamos y teníamos una actividad loquísima. Cada día había cinco o seis actividades diferentes, abrimos muchísimas vías, dimos espacio a mucha gente de Madrid que no lo tenía como, por ejemplo, las artes escénicas, y trabajamos también con gente de nuestra edad que estaban en la misma línea de experimentación.

 

En La Casa Encendida empezaste en el Área de Audiovisuales y luego pasaste a dirigir la programación cultural.

 

Empecé llevando la programación audiovisual y fue increíble poder seguir trabajando e investigando. Por el camino, a nivel personal, he tenido hijos, es un detalle que es interesante conocer, que dentro de este trabajo se me ha dado la oportunidad. Tuve primero uno, después tuve unos mellizos y, encima, vuelvo de la baja maternal de los mellizos y me ascienden. Normalmente pasa lo contrario, te ponen a hacer fotocopias porque consideran que no vas a llegar y aquí pasé a dirigir el Área de Cultura.

 

Dentro del Área de Cultura existen una serie de responsables de cada una de las áreas, así que también es un trabajo muy vinculado a la gestión, a saber coordinar los diferentes equipos (de exposiciones, de escénicas, de audiovisuales, de literatura, pensamiento y talleres…). Es otra fase en la que estoy más pendiente de la gestión de los contenidos y del equipo, pero ya no paso tanto tiempo en La Casa Encendida como antes, que podía estar hasta las tantas. De todos modos, sigue siendo una etapa muy rica en la que amplío conocimientos y sigo aprendiendo un poquito más de otras disciplinas. Lo bueno que tiene La Casa es que somos un equipo pequeño y aunque yo estuviera llevando la parte de cine siempre hemos trabajado en conjunto y ha sido muy dinámico a la hora de programar. Los cajones ya no existen. Jonas Mekas, por poner un ejemplo de alguien que ha pasado por aquí, puede estar en un ciclo de cine, en una exposición, en una conferencia…

 

En el caso de Audiovisuales yo estaba sola en el departamento, con lo cual aprendí a hacer el trabajo desde el principio hasta el final, desde pensar el ciclo que se va a llevar a cabo, llamar a otras personas como programadores externos, a hacer la comunicación, el presupuesto, el contrato, a que venga la película, a desempaquetarla y, hasta en alguna ocasión, a cortar el ticket de la persona que está entrando en el cine. Eso te da una visión muy global de cuál es el trabajo de gestión en toda su extensión y obtienes un conocimiento de principio a fin.

 

Fotografías: Laura Carrascosa Vela.

 

¿Cómo vives el salto a la dirección? Parece que pasar a dirigir un centro implica una distancia con respecto a todo esto que comentas.

 

En este camino hicieron director a José Guirao de la Fundación Montemadrid, que es nuestra fundación madre, y él me propuso llevar la dirección de La Casa Encendida. Evidentemente hay un momento de vértigo pero, por otro lado, a nivel interno del centro no lo he notado tanto. Para mí, lo que quizá ha sido más duro de la dirección es esa cara hacia afuera porque siempre me ha gustado trabajar en la sombra. Con la dirección pierdes una parte bonita, que tiene que ver con estar más en lo pequeño y tienes que ser capaz de poner en marcha las cosas contando con los equipos que lo hacen y tienes que tener una visión más general.

 

Al enfrentarte a la dirección de La Casa Encendida, ¿cuáles eran tus objetivos personales y profesionales y cómo se han ido concretando en el centro? Desde el comienzo las cuatro áreas de Solidaridad, Medio ambiente, Cultura y Educación han estado muy presentes en La Casa, ¿cómo planteaste tu aportación en estas líneas?

 

Hay una parte que inevitablemente es continuista porque he estado en el equipo desde el principio, que es el equipo que ha creado La Casa. Tengo las líneas muy incorporadas y, además, creo que estas líneas funcionan, por eso hay aspectos de La Casa que no tengo ningún interés en cambiar. Es más, creo que hay que seguir trabajando en ellas, como puede ser seguir hablando de estas cuatro áreas que tiene La Casa, que son un éxito y nos permiten pensar lo contemporáneo de una manera transversal.

 

Mi aportación quizá tiene que ver con mi propia subjetividad e intereses, que puede ser diferente a la que tenía José Guirao, porque soy otra persona, soy de otra generación, y de repente una exposición como la de DIS, que se puede visitar ahora, quizá en otra etapa no hubiera encajado tanto. Al final se me ve un poco el plumero con los temas audiovisuales y las nuevas tecnologías, con lo de entender un poco más las nuevas generaciones. Y eso que siempre me he considerado como “la joven” y resulta que ya estoy en esa bisagra en la que empiezo a tener un gap con ciertas cosas de las nuevas generaciones. Me sorprende a mí misma porque es algo que no pensé que me ocurriría: nos creemos que estamos siempre en la contemporaneidad y de repente dices: “No entiendo el trap”. Me parece interesante, y es algo que trabajamos mucho aquí, pensar qué es lo que está pasando en el mundo e intentar ser un poco generosos y trabajar esa apertura, para dejar espacio a las cosas nuevas que a veces no entiendes del todo.

 

Imágenes de la exposición “Pulgares que escriben y se deslizan” de DIS en La Casa Encendia del 2 de
febrero al 13 de mayo.

 

Con respecto al trabajo en el centro y, en particular, desde la dirección es algo muy orgánico: son las reuniones de coordinación que tenemos, las conversaciones, los intereses, hacia donde van las temáticas, lo que va conformando La Casa. El trabajo en equipo es fundamental y de esa forma también van saliendo las temáticas sobre las cuales queremos trabajar. No sé qué me pasaría si llegara a un sitio nuevo. Quizá sí tendría una necesidad de generar una línea propia o diferenciarme de lo que había antes.

 

Otra de las cosas que no vamos a negar es que mi dirección coincide con una bajada importante de presupuesto, que también es muy contemporáneo. Esto implica otras dinámicas y quizá ahora no me puedo traer una exposición de Louise Bourgeois, como hubo en el año 2012. Pero no me importa, porque también es parte de nuestra generación, es otra manera de enfocar las cosas, y puede que la diferencia sea esa. A pesar de todo, en La Casa Encendida nos hemos adaptado bien. Al final creo que La Casa sigue igual de bien que otros años y no se ha notado tanto esa bajada de presupuesto porque de alguna forma el mundo va en esa línea.

 

Retomando lo que comentabas hace un rato con respecto a la experimentación, en alguna ocasión he escuchado que hacías referencia a La Casa Encendida como un laboratorio, precisamente. En efecto, en el centro confluyen una cantidad impresionante de colectivos, grupos y públicos muy diversos, y me imagino que eso no deja de producir tensiones, como tener exposiciones de nivel internacional y seguir siendo un centro de barrio. ¿Cuáles crees que son las posibilidades, pero también los riesgos, que puede comportar esto?

 

Me parece que esto es también uno de nuestros grandes éxitos, por así decirlo. Algo sobre lo que trabajamos, y está en nuestro ADN, es la accesibilidad. nos esforzamos mucho por ser verdaderamente accesibles y no solamente cuando queremos transmitir nuestro trabajo, sino que se trata de abrir la puerta y que se mezcle todo este tipo de gente. Creo que ahí es donde está una de las riquezas de La Casa Encendida y el hecho de trabajar en esa dualidad de lo que es un centro cultural de barrio con un centro de vanguardia también me parece muy interesante. De hecho, cuando vienen los artistas de fuera o gente de otros sitios, realmente se sorprenden muchísimo por esa mezcla.

 

No sé muy bien si hay una fórmula para conseguir esto pero hay cosas como puertas abiertas, precios simbólicos, espacios de uso y de trabajo, wifi gratis… Este tipo de cosas al final hace que entre la gente y una vez que entran por la puerta tenemos un equipo tanto en el punto de información como de seguridad maravilloso, hay un equipo humano detrás que es genial. Se cuida muchísimo a todo el mundo y al final, fíjate, no creo que haya mucha tensión. Me emociona bastante ver colectivos que se mezclan, que puedan encontrarse con una exposición gratuita, que les puede generar algo o no, o un taller de huerto que cuesta 10 euros… Al final es un centro privado pero con vocación pública y es la utopía en la que queremos seguir viviendo.

 

Eres directora de La Casa Encendida desde septiembre de 2014 y en este tiempo se ha incidido en la visibilización del trabajo de las mujeres, como en el festival “She makes noise” de música electrónica, “Princesas y Darthvaders”, exposiciones como la de Anna Bella Geiger y Loïe Fuller, ciclos de cine como los de Birgit Hein y Lizzie Borden, conferencias como las de Regina José Galindo, Rigoberta Menchú, Jane Caputi, Rada Boric, Manjula Pradeep… ¿Cómo crees que es posible mantener un discurso que visibilice las situaciones múltiples y diversas de las mujeres desde un centro como La Casa Encendida?

 

No es casualidad que seamos un equipo en un 80% mujeres y resulta ser uno de los temas que están sobrevolando. Ahora es mucho más visible pero llevamos mucho tiempo trabajando en esto y era una obviedad como, por ejemplo, en el mundo de la música electrónica donde había mujeres que estaban haciendo música electrónica increíble, pero seguía siendo un mundo muy masculino y en los carteles de festivales de electrónica los nombres eran prácticamente todos de hombres. Internamente, nosotras quisimos empezar a combatir, a intentar visibilizar, mostrar… porque está ese discurso de “es que no hay tan buenas” y eso es mentira. Se ha trabajado mucho en esa línea con la intención y la esperanza de que en un par de años quizá no haga falta, que estén incorporadas de una manera natural en las programaciones.

 

Lidia Damunt en la edición de 2017 de “Princesas y Darthvaders” en La Casa Encendida.

 

A nivel de equipo trabajamos a través de reuniones de coordinación en las que nos juntamos las diferentes áreas y se trabajan temáticas que nos parecen importantes e interesantes abordar. Después, cada uno de los responsables de área lo trabaja a su manera o según las necesidades que considera cada área. Por ejemplo, dentro del Área de Cultura, el festival “Princesas y Darthvaders” ocurre en un momento en el que nos apetece experimentar con nuevos formatos, en el que también estamos con la idea de volver a innovar –es algo que estamos también continuamente intentando darle vueltas-. Coincidía también con una cierta crisis en el audiovisual, en la que el público iba menos al cine. En ese sentido, nos planteamos cómo hacer que la gente volviera a venir al espacio y muchas de las cosas que pensamos fueron en esa dirección de crear nuevos formatos, nuevos festivales, que ocurrieran cosas y que fueran únicas, que fueran más participativas y performativas. Lucía Lijtmaer nos habló de que en Estados Unidos se estaba haciendo mucho stand-up comedy enfocado a temas de feminismo. Nos pareció interesante abordar todo esto desde el humor, porque los temas de feminismo siempre se abordaban de forma muy teórica e intelectual, o muy seria, y nos pareció buena idea salirnos de lo habitual, riéndonos pero haciendo algo combativo y de guerrilla. Y así empezó, como una cosa muy pequeñita. De hecho “Princesas y Darthvaders” no arrancó como festival, sino como programa de vídeo en el que proyectábamos programas de stand-up comedy y luego se comentaban. En la siguiente edición pensamos en incorporar la stand-up comedy en vivo, además añadir conciertos, otras actividades…

 

Otra de las cosas que aquí abordamos mucho es el tema de la continuidad de la programación, que es algo que hemos aprendido de José Guirao. En el mundo de la cultura sucede a menudo que se apuesta por proyectos un año y si no funcionan se desechan, pero aquí se nos ha enseñado a tirarnos a la piscina y apoyar ese proyecto, pero no sólo por un año. Tenemos festivales que llevan 15 años en marcha, festivales que han durado 10… porque para que algo tenga un recorrido, para que se vea si funciona o no, se necesita tiempo. Tenemos mucha manía al usar y tirar, por eso desde aquí tenemos la idea de crecer, de ir viendo cómo funciona, de hacerlo un poquito más grande.

 

Pero volviendo a la cuestión de la visibilización de las mujeres, eso es algo que primero tienes que interiorizar. Ante todo, lo que intentamos es ser coherentes: si estás trabajando en la visibilización de la mujer, que tenga una coherencia con toda la programación y en todo lo que haces. No puede ser un objetivo simplemente para conseguir el titular, sino trabajar todo esto internamente. Ahora estamos en una fase en la que llevamos cinco años trabajando esta línea, así que nos podemos preguntar: “¿Qué es She makes noise?”, y ver que también tenemos que trabajar la masculinidad y otros temas de género. En la última edición de “Princesas y Darthvaders” vino Bruce LaBruce, por ejemplo. Desde esos otros lugares también se pueden introducir nuevas temáticas.

 

De hecho, en uno de los vídeos de la exposición de DIS se hace referencia directamente a algunas de las reflexiones de Paul B. Preciado sobre género.

 

Claro. O en el “She makes noise” de este año, por ejemplo, también estaba Elysia Crampton, que es trans. Es lo que te digo, que de repente podemos empezar a plantearnos nuevas posibilidades a partir de las experiencias de estos años.

 

Elysia Crampton en la edición de 2017 de “she makes noise” en La Casa Encendida.


 

En el centro está muy presente el carácter social y la integración de colectivos desfavorecidos o en riesgo de exclusión. A la vez, no sólo hay una preocupación por lo que sucede en el barrio, sino en los conflictos mundiales y los derechos humanos. ¿Me podrías explicar cómo combináis este trabajo local con una divulgación o alcance más allá de cualquier frontera?

 

Esto pertenece al Área de Solidaridad y se desarrolla desde dos lugares. Por un lado, se trabaja mucho con el tercer sector, con ONG locales. Desde el principio de La Casa, la forma de trabajo fue darles espacios, que pudieran presentar aquí, que pudieran generar programación y se pudieran hacer cosas para los diferentes colectivos. Por otro lado, está la idea de pensamiento y reflexión en la que consideramos que es importante mirar hacia afuera, entender qué es lo que está pasando en el mundo, cuáles son los conflictos políticos e internacionales, intentar analizar las sociedades. Hay una visión de lo “micro” en la que tratamos de ayudar y dar espacio y escuchar cuáles son las problemáticas de nuestro alrededor, pero sin dejar de mirar lo que pasa en lo “macro”, que también es muy importante. Hay todo un tema de educación, de formación, de entender que para nosotros es importante y por eso, junto con las demás áreas, nos porporciona una visión del mundo contemporáneo. De esta manera, una persona puede estar más próxima al arte contemporáneo pero así puede saber qué está pasando en el mar de China, las implicaciones de las políticas de Trump…

 

Foto de Daniele Volpe para el curso “Feminicidio: de la “racialización” del cuerpo de las mujeres al exterminio” en La Casa Encendida del 13 al 15 de marzo de 2018.

 

Se trabaja mucho la idea de dar visibilidad a lo que no lo tiene. Igual que en la programación cultural se buscan esas periferias, o esos espacios que quizá no tienen tanta salida, en el ámbito de solidaridad se tratan cosas que no están en las primeras páginas o los titulares de periódicos, pero son situaciones, crisis, problemáticas que están ahí y, al final, como no prestemos atención, a la larga afectan nuestras vidas.

 

Tienes que entender el mundo, pero para no dejarlo en el “yo no puedo hacer nada” también trabajamos con las herramientas que hay aquí. Por ejemplo, tenemos un punto de atención al voluntariado en la primera planta en colaboración con la Comunidad de Madrid al que se puede acudir y recibir orientación sobre las diferentes formas en que se puede colaborar en La Casa. Trabajamos así: lo local, lo global, las herramientas y los espacios de uso.

 

Siguiendo con algo que afecta tanto en Madrid como en todo el mundo, querría que me hablaras del ámbito medioambiental. En el último año parece que ha habido una alarma especial en la ciudad de Madrid –más que justificada, considerando los niveles de contaminación–, pero desde La Casa Encendida hace mucho tiempo que se trabaja en estas cuestiones. ¿Qué modelo se ha planteado desde La Casa Encendida en el marco urbanístico de Madrid y a qué retos se ha enfrentado este tiempo para la toma de conciencia medioambiental?

 

En este aspecto hemos sido un referente; cuando nació La Casa Encendida, en general, no existían de una forma tan clara estas líneas de trabajo. Ahora se han abierto muchísimo y se está trabajando en lo social y en lo medioambiental. Es cierto que son temáticas que se han convertido en recurrentes, y eso es fenomenal, aunque en La Casa, desde sus inicios, el área social y medioambiental ya estaban presentes. Y desde los comienzos, el Área de Medio ambiente se ha dedicado al medio ambiente en la ciudad y se trabajan temas de urbanismo, sostenibilidad, movilidad.

 

La Casa Encendida lo que pretende ser es, simplemente, un espacio de reflexión y en el que, al mismo tiempo, se abra la posibilidad a hacer cosas, de que se genere debate, etc. Encontrar soluciones ya me parece más complicado porque es muy difícil. Ha habido cosas en las que hemos sido pioneros, como los huertos urbanos.  Se ha ayudado en temas de barrio como, por ejemplo, con Esta es una plaza, en la calle Doctor Fourquet, que surge de un taller en el que se buscaban espacios de la ciudad que estuvieran sin uso. No pretendemos llevarnos ninguna medalla pero desde un terreno muy próximo, lo que se pretende es, a través de talleres, debates, etc., establecer esa base para que la sociedad piense en este tipo de cosas. Y también se trata de acercarlo, porque a veces parecen cosas a las que no tienes acceso. Esto, por suerte, está cambiando, la gente tiene más claro que la participación ciudadana es importante y, desde aquí, se ha hecho lo posible para que la gente se sintiera muy cómoda en el debate, en aprender más; tenemos un público muy fiel que sigue todo este tipo de propuestas.

 

Interior del invernadero de Torre Arias durante el ciclo de La Casa Encendida “Viejos jardines, nuevos parques” en 2016.

 

Con todo esto que comentas queda bastante claro que hay en La Casa Encendida una voluntad por ser un espacio cercano y abierto. Sin embargo, ¿qué es lo que ha de tener una institución que sea acogedora, pero al mismo tiempo facilite una emancipación al que acude a ella? Desde la enseñanza de idiomas hasta los artistas que exponen en Generaciones, ¿cómo se puede dotar desde un centro cultural como La Casa Encendida de herramientas a los que acuden a ella para generar un verdadero cambio social?

 

Se trata de trabajar en este campo tan amplio de temáticas, no ser demasiado específico o elitista. Nosotros abordamos todo de una manera muy abierta y, sobre todo, trabajando con diferentes intereses, con lo cual hay mucha gente que se acerca a La Casa y no es sólo por las exposiciones, sino por muchas otras cosas. Abarcando este espectro amplio de temáticas, podemos hablar de las aulas de español para inmigrantes, como mencionabas, destinadas a esa persona que acaba de llegar, no sabemos en qué condiciones, pero no sabe nada de español. Eso es una forma de integración social: viene aquí, se genera un grupo, puede participar en otras actividades de La Casa. Otros se pueden acercar por el wifi, otros porque los cursos son accesibles… Desde La Casa trabajamos en cuáles pueden ser las demandas de la sociedad y mientras, por el camino, desarrollamos una programación clara y unas líneas de trabajo que, de alguna manera, vayan contagiando a esa persona que ha entrado de forma muy casual.

 

Muchas veces no hace falta explicar demasiado las cosas porque, muy a menudo, se trata al otro como si no supiera nada. Por lo menos, como te comentaba, proporcionamos las herramientas. No creo que tengamos que ser paternalistas y hacer una programación con esas características. Nuestra experiencia aquí es que todo el mundo está preparado, aunque no te sepas completamente la teoría. Eso no impide que puedas acercarte a las acividades desde otros lugares –quizá después te interesas por la teoría-. Hay muchas formas de acercarse a las cosas y tienes que poner facilidades y hacer que entrar sea cómodo. En La Casa Encendida no vamos a decirte hasta dónde tienes que llegar. Puedes quedarte en la actividad, como puede ser venir al cine, o si quieres saber un poco más te puedes apuntar a un taller de edición de vídeo. Lo siguiente tendría que ver con los recursos, que son los laboratorios en los que tú puedes desarrollar un trabajo creativo o incluso presentarte a una convocatoria. Una vez estás dentro de La Casa puedes tomar tu propio camino, pero los caminos están.

 

Fotografía: Laura Carrascosa Vela.

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