Lucía Lijtmaer: “Los charnegos contemporáneos hemos venido de puntos muy diferentes”

Lucía Lijtmaer publica “Casi nada que ponerte”, su primera novela, editada por Los Libros del Lince. Por Leticia Sarnago


01 septiembre 2016

Foto: Inma Varandela.

Foto: Inma Varandela.

 

La escritora y periodista Lucía Lijtmaer publica su primera novela, “Casi nada que ponerte“, en la que comparte parte de una historia real, la de Roberto Gribodo y Mario Montaruli, dos diseñadores de moda que vistieron a la alta alcurnia argentina en la década de los 70 y los 80. El relato de la ascensión en el mundo de la moda y el lujo se entremezcla con la propia historia de la autora, que comparte anécdotas e intentos de adaptación en la Barcelona de los 80.

 

“Casi nada que ponerte” deja entrever una evolución clara personal de tu propia historia. Sin conocerte de nada, el lector se podría imaginar capítulos de tu vida. ¿Cuál era tu intención al comienzo y qué te llevo a ser parte implicada y principal de la obra?

 

Al comienzo empezó como un encargo. Yo tenía esta historia sobre esta pareja que siempre me contaban en casa, recordaba cuando era muy pequeña e iba al taller mientras me decían “Lucía, no toques nada”. Entonces, las particularidades de ellos, me hacían pensar que podía ser una buena historia periodística. En 2009 me fui a Buenos Aires a entrevistarles y documentarme. El  proceso del viaje es lo que yo cuento en primera persona. La primera versión tenía mucha más información de la moda argentina. Argentina era una potencia económica hasta los años 40 y ellos importaban los patrones, que en aquel entonces se hacían en Argentina. Al comienzo, la editorial quería una gran historia de un gran emporio, algo que ellos no eran. Me pidieron pensarlo, y yo decidí que era necesario reposarlo. Después me di cuenta de que había una parte del libro donde yo mentía como narradora si no me incluía, porque para mí no era una historia cualquiera, era gente que conocía y además había algo indisoluble para mí de la historia del exilio de mis padres. Ese viaje, para mí no había sido un viaje cualquiera. Así que no podía hacer otra cosa, es como cuando entrevistas a alguien que tú conoces. Estás omitiendo información al lector y dejas de ser honesta. Al final, para mí era una historia de fascinación. A mí lo que me fascinaba de ellos es que narraron una historia de amor, un emporio a través de una capacidad increíble de trabajo y de tirar para adelante.

 

¿Han leído el libro Mario y Roberto?

 

Sé que ellos lo tienen. Estoy esperando respuesta acongojadamente. Creo que es bonito lo que he hecho siendo honesta con la historia. Yo quería ser delicada y respetuosa.

 

¿Crees que ellos llegaron donde quisieron llegar? ¿Consiguieron realmente ser un emporio?

Elllos fueron muy inteligentes al mutar el tipo de negocio, cuando ya se agotó lo que hacían. Cuando ya en Argentina empieza a aparecer la moda del lujo mainstream, lo que ellos hacen no tienen tanto sentido y lo empiezan a orientar más a las antigüedades. Si hubieran querido ser mucho más eficientes y crear un emporio, podían haberlo hecho. Yo creo que, depende para qué negocios –no es que yo esté de acuerdo–, un tirano es muy útil, especialmente en la moda. En el mundo de la moda, siempre hay un creativo y el que gestiona los números y eso se da también en ellos. Hicieron mucho dinero, Mario invirtió después en propiedades, que ahora les permiten vivir sin trabajar.

 

El tema del exilio está muy presente en el libro. ¿Cómo afecta tener el pueblo a más de 14.000 km de distancia y ser la gallega en Argentina y la argentina en España?

 

Era indisoluble en esta historia. Para mí ellos no eran cualquiera y ese viaje no era casual. No es nostalgia, porque yo no he vivido eso, pero sí que es hablar como a veces las segundas generaciones tenemos nostalgias heredadas de lo que no hemos vivido. Creo que va a ser muy interesante lo que pase con la literatura de los hijos de inmigrantes, niños pakistaníes, ecuatorianos, marroquíes, colombianos, toda la inmigración de los 90 en España, cuando estos chicos narren su hibridez. Todo esto es lo que me apetecía contar.

 

Escribiendo este libro logras también entender más a tus padres y supongo que no guardarles rencor por vestirte de niña con poncho andino en plena Barcelona.

 

Sí, es que no tenían ni idea, imagínate, no había internet. Yo recuerdo a mi padre ir a comprar el periódico Clarín a plaza Cataluña en Barcelona. Las llamadas allí eran cada dos semanas, para decir que estás bien. El intento de adaptación, en mi caso, lo hemos trasformado en algo cómico. Al final, aprendes que la tragedia estaba más al otro lado. Y por eso creo que es mucho más difícil para la generación de mis padres la cosa de la distancia, esa especie de cortes que vas haciendo: voy, vengo, no sé cuándo volveré…

 

¿Cómo haces para imprimir cierto humor en una historia de lujo, pretensiones, y amor?

 

Es curioso, porque yo siempre que despego o aterrizo en Buenos Aires, recuerdo los vuelos de la muerte, los desaparecidos, y yo al principio pensaba que podría ser macabro, pero cuando desde arriba ves el delta del río, no puedo dejar de ver las huellas de la historia reciente. Supongo que me pasa porque yo no vivo allí. Entones quería contrarrestar esta gravedad, incluyendo estas pequeñas historias de humor familiares, de crónicas de viaje y de descubrimiento. Intenté también que no fuera grave, que fuera una historia de lujo y diversión añadiendo incluso algo de frivolidad.

 

casi nada que ponerte

 

¿Cómo han sido esos testimonios de clientas, de empleadas de Mario y Roberto? ¿Coincidían con tu retrato?

 

Ellas les conocen, y cuando entrevistas en profundidad la gente te da su mejor cara, yo lo entiendo. Ellas te descubrían a personajes que eran sus jefes, y de repente había momentos en los que te decían “esto no era un juego, era un trabajo muy duro”. Coincidían en la visión de Mario, como la cara amable.

 

¿Cómo colaboraron los dos protagonistas en tu trabajo organizando las piezas del puzzle para comenzar a crear la historia?

 

Fue un viaje muy planeado, mantuve muchas cartas y conversaciones. Es un libro que tiene mucho trabajo, de economía, de moda, de sus propias infancias incluso. Trabajaron mucho conmigo antes de que nos viéramos. Y creo que esta es la historia que yo quería contar. En el fondo, no quería contar la historia de la economía argentina, porque distrae, quería tener un aire Tennessee Williams, un poco de obra de teatro, muy decadente, muy destilado.

 

¿Qué es lo que más te ha gustado de lo que han dicho del libro?

 

Me hizo mucha ilusión que Marcos Ordóñez lo elogiara, porque me inspiré en un libro suyo, “Beberse la vida Ava Gardner en España”. En realidad, la historia de ellos, es la importante, que en el fondo es una gran historia de amor.

 

¿Te lo pasaste bien escribiéndolo? ¿Lo disfrutaste? ¿Volverás a Argentina para presentarlo?

 

Escribir siempre es aterrador. He disfrutado mucho ciertas partes, por ejemplo la entrevista con Jesús Franco y lo de construir la parte teatral. Tengo mucho respecto a la narrativa. Ahora, sí estoy muy contenta, es como si cada día fuera tu cumpleaños. De todas formas, hay mucho mito con los escritores. Escribir no deja de ser una tarea. En mi caso el libro ha ido cambiando, mientras yo leía y conocía más cosas, si lo hubiera publicado con 25 años, sería un libro muy diferente. Me gustaría volver cuando el libro se presente en Argentina para ver qué pasa. Es un libro que tiene que estar allí. Hay mucha narrativa del exilio, pero hay poco desde el otro lado, desde fuera y de segundas generaciones. Es necesario contar esa veta. Por ejemplo, en Barcelona se habla de la literatura de Juan Marsé, charnego, hijo de inmigrantes. Los charnegos contemporáneos hemos venido de puntos muy diferentes. Me parece súper importante, pensar que la literatura española sea híbrida, como pasó en Inglaterra, con toda la inmigración de los 70. Ellos cuentan la historia de sus familias, como eso influye. Yo tengo más esperanza y creo que va a haber una literatura más aireada, menos homogénea. Creo que hay mucha literatura nueva muy chula, y está guay que tenga diferentes perspectivas. Nos hemos criado en ciudades más mezcladas, mucho menos homogéneas, con más información y desigualdades. Cómo narramos las ciudades depende mucho de nuestro contexto y pienso en los escritores que salgan de otros ámbitos que no tienen voz ahora. Esto es súper importante, porque tenemos tantos estereotipos sobre cada cultura y cada emigración…

 

¿Consideras que has innovado en este género literario?

 

No he hecho nada que no hayan hecho los autores del nuevo periodismo de los 70. Lo que sí es diferente es la parte de la obra de teatro, es como cuando en un musical rompen la narración y se ponen a cantar, eso sí que es un nuevo género. Es un riesgo, claro, aunque no me interesa la experimentación formal. Al final tienes un compromiso con lo que estás haciendo y con lo que quieres contar.

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